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Nadal puede haber acertado sin querer

Rafa Nadal, en un supuesto lapsus ante los periodistas y en presencia de Federer, dijo ayer que recordaba lo embobado que se quedaba al ver pasar la cabalgata de los ¡cuatro Reyes Magos! Sí dijo cuatro, y luego lo arregló con humor diciendo que había contado también a Santa Claus. Pero mira por dónde, puede que Rafa Nadal no haya dicho un disparate, o por lo menos no hay documentos para rebatir su afirmación. tumbareyesmagos.JPGLa única referencia que hay de los Reyes Magos en las Escrituras canónicas aparece en el Evangelio de San Mateo, donde solamente dice que unos magos fueron a ver al Niño Jesús y que le llevaron presentes. No dice que vinieran de Oriente, ni que fueran reyes. Y lo más importante con respecto a Nadal (que por cierto significa Navidad) es que tampoco menciona el número; así que bien podrían ser cuatro, o siete, o dos. Lo único claro por el número gramatical es que había más de uno. En algunos evangelios apócrifos se dice que eran tres y hasta le ponen los nombres por los que hoy los conocemos. Por lo tanto, es la tradición y no la documentación quien manda, y Nadal se ha saltado la tradición, pero a lo mejor mañana aparecen nuevos manuscritos en el Mar Muerto donde diga que los Reyes Magos eran cuatro. Tanta fuerza tiene esa tradición que incluso existe una tumba de los Reyes Magos -según eso hasta los enterraron juntos- en la catedral de Colonia (en la foto).

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He caído en la trampa

Siempre he procurado que el 22 de diciembre no me pille hablando del sorteo de la lotería de Navidad, porque ya es una obviedad ese sonsonete mañanero que siempre deja los millones en otro lugar (ojalá este año los deje aquí), y los telediarios abriendo con un grupo de personas enardecidas delante de una administración de loterías y brindando con cava, champán, sidra y lo que se tercie, mientras agentes bancarios tratan de que depositen los décimos a su caja fuerte.
a1806-944-540[1].JPGPero este año he caído, porque es un gran montaje en el que todos participamos. Cada año nos decimos que el siguiente vamos a jugar un solo número, porque el gordo siempre es uno, y si la suerte está a favor con uno basta. Pero luego vienen los intercambios, el número del trabajo, el de la parroquia, el sindicato y el amigo que vive en Cartagena, que te manda un décimo y tienes que corresponder. Al final, si empatas ya es un triunfo. Y a veces me da pena al ver la decepción de la mayoría, porque por cada premiado hay miles sin premio, a quienes el sorteo no les ha dado ni el reintegro. Y es que el Estado recauda mucho dinero cada día con todo tipo de sorteos, que finalmente son una leve esperanza de cambio que suele devanecerse cuando empiezan a caer la bolitas. Pero también es cierto que alguna vez la suerte puede mirarnos a los ojos; el azar no es científico pero tiene su ecuación matemática, con lo cual, por cálculo de probabilidades, pudiera ser que una vez en la vida sonara la flauta. Y, como dice Serrat, «uno de mi calle tiene un amigo que dice conocer a un tipo que un día fue feliz». Le habría tocado la lotería. No perdamos la esperanza,

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¿Realidad o leyenda urbana?

Como ayer escuché que era el aniversario del asesinato de Carrero Blanco, me he dado cuenta de que circula por debajo una especie de información adicional sobre cualquier hecho, y que nunca llegamos a saber si es verdad, si las versiones oficiales se ajustan a la realidad o si la imaginación y la desinformación nos hacen destinatarios de versiones que a veces resultan increíbles, lo que no quiere decir que no sean ciertas, porque a veces lo real parece menos verosímil que lo imaginado.
1205258704457carrero_mindn[1].jpgLo de Carrero Blanco es el ejemplo. Desde el minuto siguiente al atentado (20-12-1973) circula un versión en la que se afirma que los servicios de información del Estado sabían lo que preparaba ETA, pero que nada se hizo porque Carrero Blanco habría sido un obstáculo para la transición a la democracia. Vamos, que dejaron que sucediera. Puede que sea verdad, pero sí que resulta poco creíble que el entonces Presidente del Gobierno, que tenía en sus manos los hilos más finos de la información del Estado, ignorase algo que supuestamente sabían muchos de su entorno. Más bien creo que estaba tan seguro de su poder que nunca le pasó por la cabeza que pudieran matarlo, y por eso tenía siempre el mismo horario, idéntico itinerario y una escolta muy exigua. Seguramente fue víctima de un exceso de confianza… O tal vez sea real la primera versión, precisamente por increíble.
Y este es sólo un ejemplo, y se cuentan por ahí versiones muy rocambolescas sobre hechos y personajes que son difíciles de creer, aunque alguna sea cierta. Se dice que Rasputín se comió mezclada con dulces una dosis de veneno capaz de matar a una cuadra de caballos, y ni siquiera se atragantó, y que el príncipe Yusupof, su asesino, tuvo que descargar varias veces su revólver sobre él para que dejase de moverse. Y hay cientos de relatos sobre el asesinato de Kennedy, el ataque a Pearl Harbour, el tiro que Franco se dio cazando en El Pardo en los años sesenta, el doble de Franco… Puede que algo haya de verdad en esas historias que se cuentan, porque siempre se dijo que John Kennedy era amante de Marylin pero nada salía en los papeles. Con el tiempo se ha visto que fue verdad. Hay quien fuerza la realidad y manipula números, fotos o lo que sea, como ha sucedido recientemente con el 11-S, pues hemos visto coincidencias en los números (el 11 sale mucho), mensajes diabólicos en el humo y cosas por el estilo. Y otras informaciones cuya comprobación es posible pero que no está al alcance inmediato de la gente, y se dan por buenas, como que Kennedy tenía una secretaria apellidada Lincoln y que Lincoln tenía otra apellidada Kennedy. Hay mucho tongo en esto, y seguramente algo de verdad en algunas cosas, pero cuando escucho estas versiones siempre me pregunto si es una realidad o una leyenda urbana.