Nadal puede haber acertado sin querer
Rafa Nadal, en un supuesto lapsus ante los periodistas y en presencia de Federer, dijo ayer que recordaba lo embobado que se quedaba al ver pasar la cabalgata de los ¡cuatro Reyes Magos! Sí dijo cuatro, y luego lo arregló con humor diciendo que había contado también a Santa Claus. Pero mira por dónde, puede que Rafa Nadal no haya dicho un disparate, o por lo menos no hay documentos para rebatir su afirmación. La única referencia que hay de los Reyes Magos en las Escrituras canónicas aparece en el Evangelio de San Mateo, donde solamente dice que unos magos fueron a ver al Niño Jesús y que le llevaron presentes. No dice que vinieran de Oriente, ni que fueran reyes. Y lo más importante con respecto a Nadal (que por cierto significa Navidad) es que tampoco menciona el número; así que bien podrían ser cuatro, o siete, o dos. Lo único claro por el número gramatical es que había más de uno. En algunos evangelios apócrifos se dice que eran tres y hasta le ponen los nombres por los que hoy los conocemos. Por lo tanto, es la tradición y no la documentación quien manda, y Nadal se ha saltado la tradición, pero a lo mejor mañana aparecen nuevos manuscritos en el Mar Muerto donde diga que los Reyes Magos eran cuatro. Tanta fuerza tiene esa tradición que incluso existe una tumba de los Reyes Magos -según eso hasta los enterraron juntos- en la catedral de Colonia (en la foto).
Lo de Carrero Blanco es el ejemplo. Desde el minuto siguiente al atentado (20-12-1973) circula un versión en la que se afirma que los servicios de información del Estado sabían lo que preparaba ETA, pero que nada se hizo porque Carrero Blanco habría sido un obstáculo para la transición a la democracia. Vamos, que dejaron que sucediera. Puede que sea verdad, pero sí que resulta poco creíble que el entonces Presidente del Gobierno, que tenía en sus manos los hilos más finos de la información del Estado, ignorase algo que supuestamente sabían muchos de su entorno. Más bien creo que estaba tan seguro de su poder que nunca le pasó por la cabeza que pudieran matarlo, y por eso tenía siempre el mismo horario, idéntico itinerario y una escolta muy exigua. Seguramente fue víctima de un exceso de confianza… O tal vez sea real la primera versión, precisamente por increíble.