El dinero de Educación
El discurso de Obama es contundente: la educación es prioritaria si Estados Unidos quiere seguir siendo líder del mundo. Los países más avanzados tienen muy claro que cada céntimo que se invierta en educación es una garantía de futuro. Por ello, a pesar de la crisis, mantienen sus presupuestos educativos e incluso -como en Estados Unidos- los aumentan, precisamente para contrarrestar el efecto dañino de unos años malos. Y lo mismo sucede con la investigación. Por eso estos países van a la cabeza del mundo.
Queremos estar en ese pelotón de cabeza (hace un par de años presumíamos de haber adelantado a Italia), pero no se pedalea con la fuerza necesaria. Si antes los porcentajes del PIB destinados a educación e investigación eran pobres, ahora lo son más. Y esa es la apuesta que nuestros dirigentes hacen para el futuro. Ocurre en España y ocurre en Canarias, donde se congelan o empequeñecen partidas educativas, mientras los cabildos y ayuntamientos recortan sus servicios de apoyo a la educación (algunos incluso desaparecen). Para colmo, nuestros dirigentes -que no se distinguen en general por ser muy ilustrados- no pierden ocasión para desprestigiar al profesorado, piedra angular de cualquier sistema educativo. Y así estamos, pero en vista de cómo va el proceso estaremos peor. No se han enterado todavía que el dinero que va a educación no es gasto (se gasta en festejos inútiles y comilones innecesarias), el dinero que va a educación es una inversión de futuro. Ya, ya, sigan riéndose y volveremos a niveles impresentables.
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La foto es de Fernando Ojeda y se ha publicado en Canarias7
Como nuestra economía se basa en el consumo, es necesario aquilatar la duración de un aparato, para que en poco tiempo haya que comprar otro. Esto se entiende porque es el flujo económico en el que andamos metidos, pero significa un derroche de materias primas (el reciclado aún es un porcentaje muy pequeño) y la producción de basura tecnológica muy dañina. Y lo peor no es que los aparatos se estropeen después de un determinado tiempo de uso, es que también hay lo que se llama obsolescencia social, porque hay que cambiar de móvil por otro más moderno que finalmente hace lo mismo. A algunos aparatos les añaden en cada generación una cosita más, y esto significa que a los dos meses ya es antiguo, y como somos presa de la moda hay que comprar otro. Es aterrador, pero por otra parte vemos cómo se bloquea el sistema desde que la gente deja de comprar. Este es un debate que no se ha abierto a lo grande, porque significaría cambiar el sistema económico, y nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato.