Efecto primacía
No sé si les pasa a ustedes, pero últimamente me tropiezo con demasiadas personas con las que hablo y es como si no hablara, porque tienen una idea que instantáneamente graban en su disco duro y luego da igual lo que les digas, se van y mis palabras es como si nunca se hubieran pronunciado. Un ejemplo básico:
-Te veo muy abrigado, con bufanda y guantes, ¿tienes gripe?
-No, tengo frío; por lo demás estoy muy bien.
-Te cuidado porque la gripe se complica a veces y puede ser grave.
-Te repito que no tengo gripe, es que soy friolero y me abrigo, nada más.
-Pues vale, me voy, y cuídate esa gripe…
Y esto me pasa con frecuencia y en asuntos mucho más importantes que la percepción de si tengo o no la gripe. Puede que le interese seguir manteniendo un prejuicio (juicio previo) sobre el otro, o le resulte muy agotador tratar de cambiar lo que le ha dictado esa primera impresión o idea, lo que los psicólogos llaman ahora efecto primacía. Y es terrible, porque casi no puedes abrir la boca. Y lo peor es que esa idea puede ser incluso anterior a la conversación pues el otro ya la trae de casa. Vean el ejemplo más alambicado:
-Ya sé que esa película no le gusta a los anti-Spielberg como tú.
-Oye, que yo no he dicho que la película no me guste. ¿De dónde diablos sacas esa idea?
-Si a ningún anti-Spielberg le gusta, ¿por qué iba a gustarte a ti?
-Pero es que a mí me gusta el cine de Spielberg, lo considero un clásico contemporáneo.
-Ya sabía yo que esta película no te gustaría, pero no te preocupes, tienes derecho a que no te guste Spielberg.
Encima te perdona la vida. Acabas siendo responsable no de lo que dices, sino de lo que el otro piensa que tú debes pensar. Me pregunto si siempre fue así, es un fenómeno inducido por la cultura del zaping o que la gente va tan estresada que no utiliza la capacidad de convertir las palabras que oye en un concepto nuevo que sustituya al anterior.
Su nombre quedó eclipsado durante décadas, a pesar de que alguna de sus obras fueron llevadas al cine. Por suerte, en los últimos años se ha recuperado para el gran público a un autor que cultivó el teatro y el ensayo a gran nivel y fue un novelista extraordinario (Carta de una desconocida, Veinticuatro horas de la vida de una mujer, Novela de ajedrez…) , pero sin duda su faceta más conocida es la de biógrafo, pues retrata a personajes cruciales de la historia con un gran precisión y compone sus vidas como si de una novela se tratase. Freud, Casnova, Tolstoi, Erasmo, Magallanes, Balzac, Dostoievski y muchos más personajes se hicieron reales al pasar por su privilegiada pluma, pero de entre todos ellos destacan sus trabajos deslumbrantes sobre María Estuardo, Fouché y María Antonieta. Algunos especialistas lo consideran el mejor biógrafo conocido, pues a su rigurosa pluma une un trabajo de documentación asombroso, que se desliza por sus libros sin agobiar al lector. Para mí es el supremo maestro del género, y con un poco de sorna suelo decir que Napoleón en realidad no fue tan importante puesto que Stefan Zweig nunca escribió su biografía. Ahora, setenta años después, su obra empieza a colocarse en el lugar en el que siempre debió estar.