Televerano
Que las cadenas de televisión privada nos llenen los fines de semana y los veranos con programas infectos, repeticiones sobadas y magazzines estúpidos puede explicarse seguramente porque la facturación de publicidad es la que manda y se piensa que en el verano la gente viaja o se va a la playa y no ve la televisión. Pero no es así para todo el mundo, pues hay un gran sector de la población que se queda en casa por distintas razones, o que no salen los fines de semana, y es ahí donde la televisión pública debe ser eso, un servicio público. En verano tendría que haber una programación hecha con el mismo cuidado que durante el resto del año, porque hay gente que está hasta la coronilla de los veranos azules de Mercero, de las reposiciones de películas y telefilms manoseados y de programas de recortes. La televisión pública no está para competir en el mercado sino para dar productos audiovisuales interesantes, divertidos y novedosos. Y las privadas deberían implicarse un poco más porque los ciudadanos merecen un poco más de respeto. Se puede decir que lo más higiénico es apagar la televisión, pero hay que tener en cuenta que para mucha gente es la única ventana al mundo, y en a veces la única compañía.