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Las victorias del petróleo

La verdad es que cada día admiro más a los políticos por esa capacidad de disparatar sabiendo que los demás sabemos que disparatan. Paulino Rivero se lo apunta como una victoria, por lo que deduzco que los sacrificios que ha ofrecido a los dioses de Ucanca han hecho desaparecer los hidrocarburos. A ver, presidente, NO HABÍA PETRÓLEO. Las voces del Partido Popular, por su parte, desautorizan al Gobierno de Canarias y a los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, y los acusa de malgastar dinero público en campañas. Unos y otros tratan de venderse como ganadores de no se sabe qué, porque este año hay citas electorales y -es una opinión personal- están ahuyentando a los electores, que luego votarán -si es que votan- lo que mejor les parezca, con lo que tendremos otra función de rasgado de vestiduras.
DSCN4335667777.JPGPorque aquí la culpa siempre es de otros: el gobierno central es insensible con Canarias (véase lo que pasa en transportes, sanidad, educación o asuntos sociales), y el gobierno de Canarias se golpea el pecho a lo Tarzán porque en 2014 se ha batido el récord de turistas y de gasto por visitante, y no ha movido un dedo para que esa bonanza se refleje en puestos de trabajo y calidad del empleo y los salarios (¡que hay un 33% de paro, presidente!). Así que, el culebrón que ya ha empezado se lo regalo, voy a hacer zapping mental. Creer, lo que se dice creer, ya no creo a nadie, porque hasta el Papa Francisco ha perdido un oportunidad para callarse cuando habló en Filipinas de los atentados de París.

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La hipocresía y la desvergüenza

azxcFoto0104.JPGLa hipocresía es la conducta que trata de aparentar lo que no es. Supongo que nació en el mismo momento en que se manifestó el primer atisbo de inteligencia humana, y desde las culturas más antiguas fue criticada como contraria a la sinceridad. Al mismo tiempo, el mundo y los siglos de cultura se han construido también desde las apariencias, ocultando lo menos agradable y tratando de que lo que se viera fuese lo que la sociedad tenía como virtuoso en cada momento. Se decía, por ejemplo, que la mujer del César no solo debía ser honesta, también tenía que parecerlo. Las apariencias otra vez. Para convivir tratamos de combinar la sinceridad con una especie de hipocresía social, de otra forma estaríamos en conflicto permanente. Lo que ya no tengo claro es en qué punto estamos ahora mismo en este mundo, en el que se supone que hay que mantener unas posiciones lógicas y equilibradas, aunque solo sea con vista a los demás. Me da la impresión de que nos hemos quitado la careta, porque ya nuestra sociedad no oculta su clasismo, su racismo y la maniobras que antes no eran públicas. Hay 10.000 muertos por ébola en África y no pasa nada; se infecta una persona en España o en Estados Unidos y es noticia permanente en todos los informativos. Unos terroristas matan a docena y media de personas en Francia y el mundo se paraliza y se manifiesta en París con sus más altas personalidades a la cabeza; otros terroristas asesinan igualmente a 2.000 personas en Nigeria y no pasa nada, como tampoco pestañeamos con las docenas y docenas de muertos de cada día en atentados tremendos en Afganistán, Siria Irak o Paquistán. Los que mueren de hambre tampoco interesan. Es que ni siquiera se guardan las formas, y ya casi son recorrido turístico los sin techo que ha dejado la crisis en el Primer Mundo. Y los dirigentes (no solo los políticos, que también) siguen mintiendo, sabiendo que lo sabemos, con sus estómagos llenos y sus carísimos ropajes bien planchados. Si la hipocresía es mala, no sé qué decir de la desvergüenza y la insensibilidad.

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La voz lúcida de Albert Camus

imagencamus2.JPGPocas mentes tan lúcidas en el análisis de las culturas diferentes, sus fronteras y sus intersecciones como la de Albert Camus, que al ser argelino-francés (o francés-argelino) cobra autoridad en estos días, si es que ya no estaba sobradamente contrastada. Camus dijo muchas cosas, pero entre ellas hay varias que son determinantes para entender lo que está pasando en la vieja Europa y lo que tendría que pasar. Hablando en primera persona, el autor de El extranjero escribió: «No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo». Hablando de los que esperan que las cosas se solucionen solas, dijo que la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas; es decir, los que no hacen nada y a menudo está prestos a criticarlo todo en la barra de un bar ayudan con su inacción real a que se instalen los manipuladores e interesados. Albert Camus, aunque parezca a primera vista que era pesimista, creía en el ser humano, en el que decía encontrar más cosas positivas que negativas. Pero, tristemente, también sentenció que la estupidez insiste siempre, y por ello hay que digerir, no vomitar; reflexionar, no apuntarse a lo que otros quieren oír.