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César Manrique y la literatura infantil y juvenil

Hace 23 años, la literatura infantil y juvenil escrita en Canarias era un desierto apenas interrumpido por un par de nombres pioneros. Los autores se retraían a la hora de entrar en el género, no sé si por las escasas posibilidades de publicación o porque en muchos casos tal vez pensaran que escribir para niños y jóvenes es hacer literatura menor, por mucho que les hablara de Andersen, los Hermanos Grimm o Mark Twain. Había que hacer una operación de choque que tuve la fortuna de coordinar. A partir de la creación de la Biblioteca Infantil Canaria, empezaron a surgir colecciones y finalmente se normalizó este sector de la literatura; hoy contamos con un corpus de varios cientos de títulos de todas las islas. Para un desembarco de esta envergadura, contamos con César Manrique, autor de los diseños de los libros dedicados a las tres franjas de edad que respondían a los nombres de Chinijo, Guayete y Galletón.

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El valor poliédrico de la jerarquía Católica

La Iglesia Católica es el aparato político más acomodaticio que se ha inventado, y aunque su poder temporal no supera el medio kilómetro cuadrado, su influencia da la vuelta al planeta siete veces y dieciséis siglos. Esto comenzó en el siglo IV, cuando Constantino proclamó que el Cristianismo era la religión oficial del imperio, y se empezó a mezclar religión con política. En el siglo VIII el Papa Esteban II pidió protección a Pipino el Breve, rey de los entonces poderosos francos y padre del todavía más poderoso Carlomagno. El Papa consagró a Pinino como emperador en la iglesia parisina de San Denis y a cambio consiguió el dominio político de Roma y territorios anexos. Desde entonces, los monarcas cristianos siempre buscaban la bendición papal, y a cambio La Iglesia tendría amplios privilegios en sus reinos. Continuar leyendo «El valor poliédrico de la jerarquía Católica»

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El amigo americano

ssssFoto0576.JPGNunca he podido entender del todo por qué Europa Occidental le viene haciendo el juego a Estados Unidos en los últimos setenta años, casi siempre en perjuicio propio. Ah, sí, que los norteamericanos salvaron a Europa de los nazis, a cambio de condenar a otra media al stalinismo. Ya saben, Casablanca, Teherán, Yalta, Postdam. Olvidamos que hasta diciembre de 1941, casi año y medio después de que Alemania invadiera Polonia y, gracias a la famosa blitzkrieg (guerra relámpago) ocupase Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, media Francia (París incluido) y atacase sin tregua a Gran Bretaña (todos muy amigos de Washington), Estados Unidos seguía manteniendo relaciones diplomáticas con Berlín, y el embajador americano acudía a las fiestas de celebración de las victorias alemana. Continuar leyendo «El amigo americano»