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No confundir Maluma con Verdi

 

Contando, más que escribiendo, porque no tengo con qué escribir y,
de todos modos, escribir está prohibido.
(Margaret Atwood).

Confieso que la zapatiesta que se ha formado alrededor de las canciones con letras machistas me ha dejado aturdido. Desde luego, el reguetón no es precisamente el tipo de música que más me llega; alguna vez he comentado que me chirrían sus letras. Muchos podrían decir que esa hipersexualización de sus bailes escandaliza; pero ese no es el asunto. También estoy en contra de que, desde canciones, libros, programas de radio o televisión o películas se haga proselitismo, o peor, apología, de costumbres negativas, entre ellas el machismo. Otra cosa es que, con estos mismos medios, se expongan situaciones como reflejo de una sociedad y su consiguiente denuncia. Y ahí está el problema, que como ahora primero se dispara y después se pregunta, no me extañaría que este rasero fuera utilizado sin mirar más allá, y eso sería muy peligroso. Continuar leyendo «No confundir Maluma con Verdi»

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Al golpito (que no despacito)

Siempre han existido los tópicos sobre el carácter de los canarios, que han tenido el histórico culmen cuando nos han llamados aplatanados, para jugar con nuestras producciones plataneras. Es verdad que el clima influye en los comportamientos sociales, y es claro que en el Sur se vive más en la calle, mientras que en el Norte el frío hace que la vida sea en lugares cubiertos. Pero de ahí a que eso se relacione con poca actitud hacia el trabajo va un trecho. El canario ha tenido que luchar contra casi todo, empezando por el territorio, y hay que ver la constancia y el tesón de nuestra gente en lugares como La Geria lanzaroteña, o en los bancales en terrazas de nuestras medianías, para aprovechar el terrero o para proteger una sola planta de vid contra el viento. Sobra mencionar las mil iniciativas relacionadas con el agua, que ahora parece ser un problema mundial, pero que en Canarias viene de siempre.
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¿Qué fue de aquellas coronas de laurel?

Desde siempre, las estrellas de algunos deportes se convierten en mitos. La corona de laurel que era el gran premio a los atletas griegos les daba prestigio y también un modo de vida, porque el atleta era una luz para los más jóvenes. Así sigue siendo hoy, y aplaudimos con emoción los triunfos en natación, atletismo, baloncesto femenino o voleibol. Muchos deportistas son profesionales o quieren serlo y a trancas y barrancas consiguen alcanzar ese laurel que suele ser una medalla o una copa. Luego está el fútbol, y ahí se disparan las cifras y se fanatizan los razonamientos. Te dicen que un futbolista debe ganar mucho dinero porque su vida deportiva es corta, pero lo cierto es que la mayor parte de ellos siguen ligados luego a profesiones cercanas al deporte, aunque no sea con salarios como los que cobraban cuando estaban en activo. Está establecido por convenio que un futbolista de primera división cobre al menos 155.000 euros al año, a los que habrá que sumar las primas por objetivos.

Es decir, que en solo cinco años de carrera un futbolista cobra aproximadamente lo mismo que en 35 años de vida profesional de alguien que trabaje en la policía, los bomberos, la docencia o en enfermería. Si hablamos de otras profesiones, la comparación podría ser más dura. Por ello, lo de la corta vida deportiva es una disculpa que usan los clubs para entrar en el mercado-subasta de los servicios de los mejores. Si hablamos de los grandes equipos, los salarios son diez veces más altos, y entonces el cuento de la corta vida deportiva se convierte en fábula, y en ciencia-ficción cuando hablamos de las cifras que llegan a las cuentas de los más renombrados.

eurrosneymart.JPGY ya se vuelve irracional si hablamos de media docena de nombres, alrededor de los cuales los millones se cuentan por docenas, no solo por los servicios deportivos sino por derechos publicitarios, que a veces superan las ganancia en el equipo y en muchos casos condicionan decisiones deportivas porque también se trata de vender camisetas. Continuar leyendo «¿Qué fue de aquellas coronas de laurel?»