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España o el gran teatro del mundo

Escribe don Jacinto Benavente en el prólogo de Los Intereses creados: “He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en ciudades populosas a los más variados concursos…

…Y he aquí cómo estos viejos polichinelas pretenden hoy divertiros con sus niñerías”.

El gran espectáculo teatral de este verano no se representa en el Grec de Barcelona o en los corrales de comedias de Almagro; ni siquiera en los escenarios cálidos de Avignon. Se trata del teatro de la vida española, El Gran teatro del mundo, más entretenido que lo escrito por el mismísimo Calderón, más admirable, dadivoso, ocurrente y regocijante, donde los trágicos dan risa, los cómicos miedo y los dramáticos pena. Es la sublimación de la pasión escénica, que sobrepasa tragedia, vodevil, comedia, farsa, drama, entremés o auto sacramental y, en su elevación infinita, acaba en función de barrio por una compañía de títeres de cachiporra. Como no se sabe muy bien si estamos hablando de la húmeda Escocia del rey Duncan, de la vengativa Dinamarca de Hamlet, de la Polonia onírica de Segismundo o del troyano rey Príamo, convengamos que estamos ante una concentración de genialidad, con el más exquisito cuadro artístico jamás visto. Ya, ya sé que esto se parece más a la propaganda de un circo, pero, ¿qué otra cosa son los teatros milenarios de Mérida, Tarragona, Itálica, Taormina, Orange o Sagunto?

El cuadro de actores está muy nutrido, tal vez demasiado, porque hay escasez de mujeres, al menos en la línea de prima donna y de actriz de carácter. Los varones lo ocupan todo, aunque dejan portavocías para que las mujeres hablen en el foro. Así, y contando con esa menor presencia femenina, ha habido que ajustar los repartos. Por orden alfabético, se asignan los papeles principales de esta manera:

Abascal, Santiago.- Como su discurso contiene palabras demasiado solemnes, se le asigna el rol de don Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, porque montado a caballo debe sonar muy propio aquello de “El honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios”.

Arrimadas, Inés.- Aunque por el nombre parecería que podría ser la novicia que se enamora de Don Juan Tenorio, le va mejor el papel de Colombina, criada de una gran señor, que tiene sus trapisondas también con Pierrot, Arlequín y otros personajes de la Comedia del Arte.

Alvarez de Toledo, Cayetana.- Sin duda, si tratamos de transmitir la severidad y la rectitud de las conductas de gente de orden, nada más apropiado que hacerla encarnar a la versión teatral de Doña Perfecta, aliada con la tradición defendida por el canónigo penitenciario don Inocencio en sus interminables diatribas contra las teoría regeneracionistas de su sobrino Pepe Rey.

Ávalos, José Luis.- En el actual enredo político, en el que el PSOE trata de buscar novia de investidura a Pedro Sánchez, interpreta como nadie su papel de Celestina, y quién sabe si, como en la obra de Fernando de Rojas, las cosas no van a salir como la casamentera propone. (Es papel femenino, pero a falta de actrices lo hace un varón, pues ya Ismael Merlo encarnó para las tablas a Bernarda Alba).

Calvo, Carmen.- Lady Macbeth no hacía, pero hacía que hicieran, hablaba a los oídos de su hijo y planificaba castillos en el aire. Da el papel: ¡Adjudicado!

Casado, Pablo.- Con el ser o no ser de la corrupción que no acaba entre las manos, encarna a Hamlet, el vengador de la muerte de su padre Rajoy (cuidado con Laertes, que puede ser de su propio bando).

Echenique, Pablo.- Por oposición al Mefistófeles de Goethe en su Fausto, donde comparece como caballero distinguido, elegante y seductor, es un papel innovador porque rompe con toda la tradición mefistofélica.

García Egea, Teodoro.- Su rol adecuado es el de Arlequín, un criado de la Comedia del Arte, por su ingenuidad política demostrada cuando subió a un avión hacia Canarias para firmar un pacto de gobierno que no llegó, y también por su gran destreza en el lanzamiento oral de pipas de aceitunas.

Iglesias, Pablo.- La Esfinge pronosticó a Edipo que mataría a su padre y se casaría con su madre. Su padre se llamaba 15-M y su madre sería una ensoñación de poder por la que lo apostó todo. A estas alturas no sabemos si ha cambiado de madre o ya ni recuerda a la Esfinge. Por lo tanto, el papel de Edipo le viene al pelo, con coleta o sin ella.

Rivera, Albert.- Por razones que saltan a la vista, Tartufo, el histriónico personaje de Molière, es ideal para el líder de Ciudadanos.

Sánchez, Pedro.- Es el más versátil de los actores, pues podría encarnar al Burlador de Sevilla, el apuesto Don Juan (sea el de Tirso o el de Zorrilla), al rey Agamenón, asesinado por los suyos aunque otros dicen que por la princesa troyana Casandra (¿Casandra o Susana? Estos traductores…) Pudiera ser Jesucristo Superstar en su resurrección (habría que ver cómo le sientan la barba y el pelo de Pablo Iglesias) o tal vez Odiseo, en su inacabable regreso al trono de Ítaca después de la guerra de Troya. Pero sin duda su papel maestro sería el de Segismundo, el desencantado personaje de La vida es sueño.

Zarzuela.- Como su propio nombre significa en este plato popular, hay en él mucha variedad de pescados y mariscos, y para personajes indispensables como Max Estrella, Bernarda Alba, El Lazarillo, Don Mendo, Doña Inés, Don Quijote, Yerma y otros mitos del teatro, habría que hacer un casting entre actrices y actores de reparto que saltarían a primera línea, como Aitor Esteban, Rufián, Baldoví, Garzón, Junqueras o damas de las que tan necesitados estamos en el escenario: Elsa Artadi, Ada Colau, Begoña Villacid, Irene Montero, Ana Oramas o Adriana Lastra. Esperemos que las adaptaciones realizadas por Iván Redondo, Javier Lasquetty, Juan Carlos Monedero, Ortega Smith y demás guionistas estén a la altura.

INCONVENIENTE INSUPERABLE: Creo que no va a poder representarse la obra de Sanchís Sinisterra ¡Ay Carmela! porque para esa función va a ser muy difícil encontrar una actriz en este elenco.

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Toni Morrison, tres keniatas y un inglés

TONI MORRISON,  PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1993, FALLECIDA A LOS 88 AÑOS.

La novelista afroamericana era una creadora con una prosa sublime por su eficacia y su armonía. Pero ella quería que valorasen el fondo de sus libros, las historias que contaba. Es posiblemente la escritora (y lo digo como conjunto de personas de cualquier sexo que escriben) que con más duro realismo ha contado el sufrimiento a causa del racismo.

Los prejuicios hacen que lleguemos a conclusiones precipitadas y casi siempre injustas. Es bien  conocido el chiste/trampa “la policía detuvo a tres keniatas y un inglés”, y es más frecuente de lo deseable que alguien pregunte:  “¿Y por qué al inglés?” Toni Morrison llevaba a la práctica en sus obras un mecanismo que hacía que viésemos a la gente de forma individual, con toda la mochila que todos arrastramos y que casi siempre desconocemos del otro. En una vieja entrevista dijo: “Cuando se conoce la raza de una persona, se pueden suponer ciertas cosas básicas, pero ¿qué se sabe verdaderamente sobre ella? ¿Qué conozco yo sobre usted, sólo porque su raza me permita suponer cinco o seis cosas? Hay miles de factores que son mucho más importantes”. 

Toni Morrison trataba de mostrarnos a los individuos sin arquetipos de raza, que a veces ocultaba hasta el final para zarandear al lector, porque solemos dar demasiadas cosas como propias de un colectivo sin ver a las personas. No importa demasiado que maten a una chica en un barrio de población mayoritariamente negra, pero el lector tiene una sacudida cuando, casi al final de la novela, descubre que la chica asesinada es blanca. Viajamos son sobrepeso de prejuicios, y hacernos ver esa realidad es una de las grandes aportaciones de la gran novelista norteamericana.

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La relación entre la censura y el miedo

Hay días en los que crees despertarse en un planeta de ficción con códigos distintos a los nuestros, o en este mismo pero un par o siete siglos atrás. Llama la atención escuchar a la Vicepresidenta del Gobierno en funciones (¿en funciones de qué?) decir sin despeinarse que es necesario “limitar la libertad de expresión en aras de un bien superior que es la democracia”. No entiendo cómo casan los diferentes estadios de esta frase que pretende ser lapidaria, y lo es, porque es una pedrada a uno de los pilares de la verdadera democracia, que nunca es tal si no existe la plena libertad de expresión.

Luego vienen las explicaciones de los matices, que al final vienen a desembocar todos a la vieja frase tan usada en tiempos de dictadura, “una cosa es la libertad y otra el libertinaje”.  Con argumentos cada cual más peregrino tratan de ingeniárselas para que no exista esa libertad de expresión que es posiblemente la columna más necesaria de lo que entendemos por democracia contemporánea, aunque esa idea tan recia viene nada menos que de un tal François-Marie Arouet, que firmaba sus escritos como Voltaire, quien dejó sentencias como esta: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Creo que será mejor que no intentemos poner en una balanza esta frase de Voltaire con el contrapeso de la pronunciada por doña Carmen Calvo, cuyo argumento principal es que ya se lo están planteando en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, como si Boris Johnson o Salvini fuesen ejemplo de algo (tampoco en París o Berlín atan los perros con longanizas).

Ya hemos tenido un “adelanto” de estas ideas con la llamada Ley Mordaza, que no veo yo que haya mucha prisa en corregir, con titiriteros, raperos o dibujantes ante los tribunales de justicia. La censura y la precaución ante los rechazos públicos hacen que quienes tienen una responsabilidad pública tomen decisiones que provienen del miedo. Eso ha ocurrido esta semana cuando retiraron de una sala de exposiciones del aeropuerto conejero una pintura realizada por una alumna de la Escuela de Arte Pancho Lasso. La temática de la exposición se basaba en colocar en distintos lugares de Lanzarote a personajes de un cómic muy conocido, y la alumna pintó a Arzack con la playa de Arrieta al fondo. El “problema” fue que el personaje aparece desnudo, y eso ha levantado las iras de las mentes de orden, que no han dudado en llenar de protestas el libro en el que se opinaba sobre la exposición. Esas protestas son legítimas, es libertad de expresión, pero lo que no es de recibo es que, no sé si Aena o la propia Escuela, retiren la obra, aunque si sé por qué, por miedo. Porque supongo que ya habían visto la obra cuando escogieron los cuadros y nada raro encontrarían cuando colgaron este como uno más.

Decía el poeta argentino Buenaventura Luna en sus populares Sentencias del Tata Viejo: “Debe saber el mortal, / en ocasión de un ‘enriedo’, / no tenerle miedo al miedo, / que más miedo le va a dar”. Y vivimos atemorizados por el incendio que puede propagarse en las redes sociales por cualquier palabra o pensamiento. Ya no se trata solamente de lo políticamente incorrecto, es que no hay opción al debate, porque cada cual piensa de una forma y todo lo que no sea exactamente eso desencadena de inmediato la descalificación, el insulto y, en muchos casos, la marginación. Ya no es solo que los poderes establecidos traten de encarrilar las opiniones a su gusto, es que estamos en una feria en la que se hace imposible el debate. Y sin debate nunca hay conclusiones.

Luego están quienes atacan a saco pero tiene la piel muy fina apenas se les roce. Lo vemos a diario cuando algunos jerarcas de la iglesia dicen cosas terribles sobre quienes ellos creen enviados de Lucifer solo porque tienen opciones personales distintas, pero inmediatamente exigen respeto para sus creencias, que por lo visto son intocables mientras ellos bombardean las de los demás. Y lo terrible es que hay leyes inconcebibles en un estado democrático que los protegen y que pueden “castigar” a quienes crucen esa línea que ellos atraviesan a diario. Un ejemplo lo tenemos en lo que le ocurrió el año 2017 a la Drag Shetlas en el Carnaval de Las Palmas. Debo decir ahora que esa actuación me pareció de muy mal gusto, pero es solo mi opinión, pero, siguiendo la máxima de Voltaire, defiendo el derecho a realizarla, porque mi gusto personal no es la medida de nada. Así que, habrá que empezar a perder ese miedo del que habla Buenaventura Luna. Seguramente, antes de que terminemos la frase, alguien nos llamará separatista, fascista o antisistema, y nos tildará de machista gente que cree que el feminismo surgió hace dos años con el movimiento #MeToo. Cuando veo que en España dicen estar aplicando el feminismo personas como Cristina Pedroche y se ponen en solfa trayectorias como las de Lidia Falcón, me pregunto si hemos perdido la capacidad de pensar.

Y no puedo dejar pasar  para deplorarlo el desprecio de fuerzas políticas como Vox (y el PP y Cs que les bailan el agua) hacia el sufrimiento de la mujer, la desigualdad y sobre todo a esa salvajada que es la violencia machista. Si aplicar lo de “la maté porque era mía” nos parece un delirio, el colmo de la crueldad es asesinar a niños para causar dolor a sus madres. Ni a Shakespeare se le ocurriría un personaje con semejante maldad. Y precisamente porque habrá que llegar a la raíz del problema tenemos que perder el miedo a decir lo que pensamos; se habla demasiado de tonterías y muy poco de lo importante, que es el derecho a una vida igualitaria de todas las mujeres. Alcanzar o mantener derechos fundamentales pasa por usar uno que es faro de todos los demás: la libertad de expresión.