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Los referentes también tienen nombres de mujer

 

Hoy el Cabildo de Gran Canaria ha hecho público sus reconocimientos anuales. Sin duda, todos son muy merecidos, y es buena señal que cada vez haya más mujeres en esa nómina que nos representa a todos. Además de la inexcusable concesión a don Benito Pérez Galdós del título de Hijo Predilecto en el centenario de su muerte (uno se pregunta cómo es posible que esto no se hiciera antes, hace cien años, por ejemplo) me congratula que también se haya reconocido con el Roque Nublo Turístico al fotógrafo Ángel Luis Alday por su labor en la difusión de nuestro paisaje (qué bien ha recogido el altísimo listón que dejó el gran Fachico), y a la actriz y directora Antonia San Juan también como Hija Predilecta, reconociendo su talento y su largo y duro camino hacia un espacio que le pertenece.

Felicito a quienes han sido premiados este año, personas y entidades con méritos sobrados que siempre enriquecen a toda la sociedad; pero van a permitirme que me detenga especialmente el El Can de Plata de las Artes (la cabra tira al monte), que este año se engrandece reconociendo a Pepa Aurora, porque, aparte de su labor creativa como escritora, ha tirado de la literatura y del amor por la lectura por cientos de aulas y espacios de estas islas. Muchos canarios y canarias leen hoy porque Pepa Aurora puso a funcionar un mecanismo basado en el amor y la entrega. Me enorgullece llamarme amigo de esta gran mujer, magnífica narradora oral, incansable luchadora en pro de la lectura, y sobre todo poseedora de una sensibilidad literaria muy especial. Tan especial, que la entienden los niños y las niñas. También se ha otorgado el mismo galardón a la fotógrafa Teresa Correa,  cuya trayectoria habla por sí misma, en el terreno artístico, en el etnográfico y arqueológico y en el de luchadora por que la mujer tenga el espacio que merece, el mismo que el varón. Hoy el Cabildo se ha ennoblecido al inscribir en la lista de El Can de Plata a estos referentes de nuestra sociedad, que por fortuna, cada vez más tienen nombre de mujer. Enhorabuena.

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No se metan en política o el idioma de la zarza

 

El anecdotario franquista cuenta que Manuel Fraga Iribarne le comentó a Franco, discretamente, de gallego a gallego, que le había llegado el rumor de que un sector del régimen estaba conspirando para quitar sin que se notara algunos poderes al núcleo de confianza del dictador. Franco ni se inmutó, y por toda respuesta, con actitud paternal aconsejó al ministro: “Haga como yo, don Manuel, no se meta en política”. No es muy probable que esto ocurriera y sea otra de las muchas leyendas urbanas que atraviesan el tiempo, ya que parecidas frases en situaciones similares han sido puestas en boca de Catalina de Rusia, Napoleón, Simón Bolívar y hasta del lejanísimo Julio César, que en su momento tenían un poder omnímodo. Lo dijera quien lo dijera –si es que alguien lo dijo realmente- en el fondo tenía razón, porque la concentración de poder tiránico en la voluntad o el capricho de una sola persona es lo más opuesto que existe a la política, que es diálogo, acuerdo, negociación y diplomacia. Por eso, me sumo a esa idea, me dedico al seguimiento de la liga de fútbol, el concurso de murgas u otra disciplina similar, y me olvido de asuntos que, o se me explican mal, o mi capacidad de entendimiento no alcanza a comprender.

Se me escapan demasiados detalles sobre asuntos varios. Son muchos, pero me referiré solo a tres. Uno es la mesa pactada entre los gobiernos de España y Cataluña y sus variantes malabares como la espada de Damocles sobre la inhabilitación de Torra, otro es el Brexit y el tercero es el culebrón chino del coronavirus. Seguramente, en el visionario cerebro de Pedro Sánchez refulgen las respuestas que solo él conoce, como Moisés cuando bajó del Monte Horeb (Sinaí) después de haber recibido instrucciones de Yahveh, que había tomado la apariencia de una zarza ardiendo para hablarle. Por la otra parte en conflicto, Oriol Junqueras también debe haber recibido instrucciones que solo entiende su mente esclarecida, porque igualmente le ha hablado la misma zarza (en catalán, por supuesto). Todavía no sé quién es quién, pero parecen indicarnos que solo ellos conocen los pasos que han de darse. Por mucho que releo y busco mensajes entre las líneas del Éxodo, no encuentro pistas sobre cómo van a cuadrar un puzle tan endiablado, aunque se ve claro que el paso del Mar Rojo es una referencia velada a Pablo Iglesias y Ada Colau. Ellos sabrán, que para eso conocen hasta el idioma de la zarza.

Lo del Brexit es otro misterio que únicamente parece tenerlo muy claro Boris Johnson. No hay duda, al Primer Ministro británico le ha hablado la zarza. Europa está perpleja, los escoceses indignados porque quieren pertenecer a la UE y los del Ulster quieren unirse a la República de Irlanda. Sorprende ver en la televisión a un sector de los británicos (ingleses siempre) agitando sus banderitas y entusiasmados con el Brexit, que no saben exactamente qué es pero se entregan a la grandilocuencia de la soberanía y la grandeza histórica del Imperio Británico, al que a estas alturas hasta se le marcha el príncipe Harry. Por fin seremos precisos cuando hablemos de los ingleses, porque serán solo ingleses; ya están a la fuga los escoceses e irlandeses del norte, a quienes llamamos impropiamente ingleses cuando deberíamos referirnos a ellos como ciudadanos del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en un posible futuro solo Inglaterra. Tampoco han dicho qué planes tiene la zarza ardiendo para el País de Gales.

Tercer asunto: el coronavirus. Es un virus terrible pero no muy virulento (les juro que lo he oído en boca de un responsable en enfermedades infecciosas), que contagia a miles de chinos y mata solo a unos pocos. Aquí la zarza ardiendo debe haber hablado en chino, porque nada tiene sentido. Mi pobre cerebro no logra descifrar los códigos. Resulta que es un virus menos peligroso que el de la gripe, pero la Organización Mundial de la Salud declara la alerta internacional; varias líneas aéreas suspenden sus vuelos con China, nos llenan los noticiarios de imágenes de ciudades chinas en estado de sitio y ¡ale hop! aparece un caso en La Gomera. No hay que alarmarse, pero en la ciudad de Wuhan están construyendo a toda pastilla dos hospitales. Se trata de un virus del que no se sabe con certeza ni su periodo de incubación, pero se puede visitar a los afectados que están en cuarentena. Los políticos convocan ruedas de prensa un sábado a mediodía (lo que le pone color de urgencia) pero hay que lanzar el mensaje de NO – PASA – NADA, con cara de “no sabemos muy bien de qué hablamos” y respuestas que ya si eso veremos durante la semana cómo evoluciona el tema.

Por eso no entro a valorar asuntos que deben funcionar con una lógica que no controlo, no vaya a ser que alguien haya traducido mal los mensajes encriptados, y el coronavirus sea una cortina de humo montada por los gomeros, China sea la que acuerde las medidas pos Brexit con los soberanistas catalanes y tengan que ser los escoceses los que aprueben los presupuestos de Sánchez. Ya saben, no sean alarmistas, extremen los cuidados, disfruten de los mogollones y no frecuenten aglomeraciones para evitar contagios carnavaleros. Todo muy lógico. Y en definitiva, hagan como yo, no se metan en política.

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El Siglo Internacional del Idiota

 

Ya es costumbre que, cada tercer lunes de enero, los medios insistan en que se trata del día más triste del año. Esta deducción procede de un psicólogo británico; imagino que si fuese esloveno o paraguayo no habría Blue Monday planetario, porque lo que marca el paso es lo que tiene procedencia anglosajona. Este señor llegó a tal conclusión por diversos motivos muy obvios, como que a mediados de enero se desinflan los propósitos de Año Nuevo, se han acabado las fiestas (debe desconocer que aquí ya está la gente cosiendo sus disfraces para carnavales) y otros elementos depresivos. La verdad es que para llegar a semejantes conclusiones no hace falta ser un eminente doctor universitario, se lo podría decir una pastelera de Lisboa o un albañil de Birmania. Lo que da más risa es que incluso aporta una sofisticada fórmula matemática, basada en gran parte en razones que no son universalmente válidas, porque una es que el tiempo es gris, lluvioso y frío (en Gran Bretaña, claro), y desestima a todo el Hemisferio Sur, donde ahora es pleno y luminoso verano; la otra es que lo coloca en lunes porque es el primer día laboral de la semana, después del festivo domingo, y desprecia costumbres de otras culturas en las que los sagrados días de descanso son el viernes o el sábado. Es decir, proclamar que el tercer lunes de enero es el día más triste del año en el planeta Tierra es una majadería cósmica y cómica.

Desde hace medio siglo o más, organismos internacionales o estatales han ido señalando fechas para recordar asuntos importantes para la convivencia, la salud, la cultura o cualquier otro aspecto importante de nuestra vida en común. Y se hace porque es necesario recordar la lucha contra la violencia machista, velar por los derechos del niño y por la igualdad de todos los seres humanos, visibilizar determinadas enfermedades, apoyar la cultura en distintas vertientes o estimular la búsqueda de la paz. Hay fechas que todos tenemos presente, e incluso se declaran años dedicados a asuntos fundamentales. Así, tenemos muy claro que hay jornadas importantes, y solo pongo tres ejemplos, aunque hay otras con parecida relevancia: el 8 de Marzo, el 30 de enero o el 23 de abril, porque son recordatorios para la igualdad de géneros, la paz o el libro como transmisor de cultura. De este modo, hay bastantes días en los que tratamos de renovar nuestro compromiso humano con distintos asuntos cruciales para el avance y el beneficio de la Humanidad en su conjunto.

Y en el mismo listado, resulta vergonzante que aparezcan días, incluso internacionales, dedicados al tequila, al chiste, a la tapa o la cerveza, que se igualan en el ránking con aquellos que llaman nuestra atención sobre asuntos tan graves como la trata de seres humanos, el Alzheimer o el ictus. Bien está que se reivindique que se pueda llevar el perro al trabajo, o que haya gente que encuentre importante promover la broma, pero eso no debería estar mezclado con asuntos como el cáncer, el comercio de armas o el agua potable como elemento vital. El caso es que son tantos los días de esto o de lo otro, que el año no puede contenerlos a todos, y por ello es frecuente que en cada fecha del calendario coincidan varios. Lo que se consigue con esto es que las cosas verdaderamente importantes queden diluidas en un cajón de sastre en el que tienen el mismo rango los días dedicados a la croqueta y el que nos recuerda que la voz es un instrumento fundamental para la comunicación y que es, además, una herramienta de trabajo en muchas profesiones importantísimas.

Y ahora también aparecen apéndices no oficiales pero sí muy mediáticos como el mencionado Blue Monday, una estupidez que no resiste el menor análisis, por muchas fórmulas matemáticas que aporte el iluminado psicólogo inglés al que se le ocurrió semejante chorrada. Me temo que muchas de estas iniciativas no surgen por generación espontánea, sino que se fabrican por encargo, y por ello necesitan una autoridad científica que las respalde para que tengan cierta credibilidad. Y como ya todo se compra y se vende, con tanta memez institucionalizada lo que se pretende es que apartemos la mirada de lo importante y nos entretengamos en mamarrachadas. Como ahora la incidencia de los medios se multiplica a través de las redes sociales, nos pasamos el día con sandeces inútiles. ¿Creen que es necesario decretar el Día Internacional del Retrete o del Gin & Tonic? Pues existen, y ya se encargarán los noticiarios de recordárnoslos. No sé si por culpa de otros o por nuestra propia inercia para seguir la corriente, pero está claro que hoy estamos más idiotizados que ayer pero menos que mañana. Si no ocurre un milagro que nos despierte de esta hipnosis colectiva, habría que proclamar no el día, la semana ni el año, sino el Siglo Internacional del Idiota.