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El ancla de Teror

 

Hoy es El Pino en toda la isla, y el próximo domingo es el Charco de La Aldea; ambas fiestas son, con la Rama y Los Carnavales el cuarteto festivo más particular de Gran Canaria, aunque los últimos se han ido desvirtuando, con la coartada de la gran creatividad que genera un gran negocio. El Pino va más allá de lo religioso y es una fiesta que nos induce a la reconstrucción de nosotros mismos. Es un cofre de la memoria de miles de personas y de referencia colectiva de los grancanarios. Los caminos hacia Teror forman parte de las costuras de esta isla, y para muchos es una referencia que nos lleva a personas que ya no están, pero que vivían esas creencias y esas costumbres de una manera rigurosa. Y sería una lástima que esa memoria hacia quienes nos precedieron se perdiera, así que tampoco podemos dejar que las nuevas generaciones ignoren esos puntos de anclaje. Porque El Pino, La Rama y El Charco son celebraciones que también tiene una vertiente religiosa, pero son otra cosa, algo que trasciende a una fe determinada. Eso sí, como es habitual, La Iglesia se apunta el tanto.

 

 

En la ruralidad de la isla, las promesas a la Virgen del Pino casi siempre eran contraídas por las mujeres, y tenían que darle por los codos a los hombres para que las acompañaran caminando a Teror, y ellos cedían gustosos porque esa caminata iba acompañada de parranda. Las mujeres eran las que llenaban las iglesias en las misas de madrugada de los domingos y fiestas de guardar, porque, al salir el Sol, tenían que estar disponibles para hacer los desayunos, cuajar la leche recién ordeñada y luego hacer el queso.

 

En calidad de monaguillo ocasional, tiritando, empapado y medio dormido, acudí a aquellas misas de 6 de la mañana, portando uno de los faroles o hachones que confluían en el santuario, en procesión de noche cerrada por los caminos reales. El cura justificaba en el púlpito la ausencia de los varones porque ya venían las mujeres a rezar por ellos. Los hombres se limitaban a confesar y comulgar cada Viernes Santo, y que las mujeres pagaran la hipoteca de sus pecados en misas alumbradas por luces de carburo, porque entonces solo había luz eléctrica en los pueblos más grandes, pero vete a encender una bombilla en pagos como Juncalillo, Las Lagunetas o Tenteniguada. También es curioso que la mayor parte de las promesas masculinas eran a Santa lucía, cuando tenían algún percance que les afectaba a los ojos.

 

Me asombra a veces cómo, desde la mejor intención, se proclama que hay que reivindicar las tradiciones, pero yo digo que estas deben ser tomadas de una en una, porque cuando las mujeres, con una cesta pesada, o lecheras imposibles que se sostenían con un rodillo de tela sobre la cabeza, bajaban por el Camino Viejo de Tafira, estaban firmando su invalidez temprana porque muy pronto tendrían las rodillas, la espalda y el cuello destrozados por el peso. También las gangocheras (vendedoras de pescado) y las lavanderas, con la cintura encorvada sobre los lavaderos o en las piedras, pintadas por los artistas indigenistas, que, indirectamente, son homenajeadas por Néstor Álamo en una de sus canciones, cuando dice “En el barranco la Virgen / lavó y tendió sus pañales”. Y si lo hacía La Virgen, sería bueno para todas las mujeres. Pues no, era una condena. Muchas de las tradiciones son el hierro que ha marcado a fuego casi genético algunos -ismos reaccionarios que afloran al menor despiste.

 

Pero siempre está la memoria. Con haberme impresionado mucho algunas miradas de cine, como la de Ingrid Bergman en la oscuridad del despacho de Rick en Casablanca, o el dolor por la muerte de su hijo de Jack Lemmond a través de un cristal en la película Missing, nada es comparable a la mirada sin destino de alguien que ya no conoce ni entiende los que ve. Cuando deterioros cerebrales de diversa índole están muy avanzados, los enfermos miran al vacío, de una forma tan aterradora que parece que lo adivinan todo, que lo saben todo. Tal vez sea así, por eso la llaman «La mirada de Dios», y es un contrasentido porque esa mirada indica justamente lo contrario: que no se están percatando de la realidad inmediata.

 

He leído que en Canarias el índice de este tipo de enfermedades degenerativas es mayor que la media española, y eso es tremendo, porque, además del drama del enfermo, está la familia. Un hogar donde se da esta circunstancia cambia por completo, y al ver escenas del documental que se hizo sobre Pasqual Maragall, aquejado de Alzheimer, se ve la diferencia en afrontar el problema cuando hay medios económicos, porque cuando estos son limitados o no existen significa el desmantelamiento de la convivencia. Hasta para morir con dignidad hace falta dinero.

 

Por eso, la memoria es nuestra principal y casi diría que única seña de identidad. Y he visto en estos días cómo un hombre muy mayor y un control engañoso sobre la realidad se quedó prendido de la pantalla del televisor cuando retransmitían la Bajada de la Virgen del Pino y, de pronto, parecía entenderlo todo. Nunca fue una persona religiosa, es de los que solo confesaban el Viernes Santo, pero ver a la Virgen de Teror le actualizó décadas de memoria por un instante.

 

Y como el poder -cualquier poder- lo sabe, aprovecha esa memoria para hacerse presente, como el nombramiento de alguien que representa al Rey de España, los desfiles militares delante del trono o la presencia inexcusable de lo más granado de la política, la judicatura o la empresa en los diversos actos cívicos y religiosos. El pueblo ve en La Virgen un asidero, su última esperanza cuando pintan bastos, y esa constancia de generaciones unidas en la misma idea es la que pasa por encima de creencia religiosas, porque es el punto de confluencia de siglos y memoria. Por eso digo que El Pino es parte de la identidad de muchas generaciones, más de medio milenio con Teror como punto de anclaje emocional.

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Manual de instrucciones

 

La actualidad se ha puesto tan resbaladiza, que uno ya no sabe por dónde entrarle. Como soy novelista, voy a entregarme a una especie de secuela de la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y trataré de imaginar qué recomendaciones hizo el Enviado del poder real a un tipo de clase Beta (ejecutante), jefe de un gobierno-marioneta en uno de los territorios limítrofes del espacio dominado, horas antes de que comunicara a la nación desde la tribuna principal una serie de medidas destinadas a salvaguardar a las estirpes dirigentes elegidas por los dioses azules, y a marcar las diferencias de clase que nunca debieron perderse, aunque debía parecer lo contrario. El portavoz del Poder Supremo, un Alpha (élite) muy elevado, aconseja en estos términos al político-títere y mandamás de un territorio:

 

 

«Vas a hablar para que te escuchen todos. Trata de que no se arme mucho zafarrancho, las polémicas sobre asuntos reales no nos convienen, aunque entiende que los partidos de la oposición pataleen un poco. Es lo normal, ya sabemos que cada cual tiene que representar su papel en esta función a la que hacemos llamar democracia. Sabemos que se ha puesto a circular una enorme cantidad de barbitúricos y que la gente está contenida por las pastillas, o distraída, según gustos, con los fichajes de Real Madrid y el Barça, con la resaca de los incendios forestales o con debates que ya resultan cansinos por repetitivos: la sequía en Europa, las guerras en Ucrania y Oriente Medio (las demás no importan), el cambio climático, el regreso de Belén Esteban y siempre La Pantoja.

 

Se trata de poner las cosas en su sitio, esa tontería de ‘un hombre, un voto’ fue un error de la Revolución Francesa. Está claro que los humanos no son iguales, existen las clases, y era sangrante que un ciudadano de esos que llaman clase media viviera como nosotros, que somos los que tenemos la responsabilidad que nos conceden los dioses. No hay disculpa, este año, con los episodios que están ocurriendo en Ceuta se ha roto el marasmo del verano, y da pábulo a distintas vertiente que nos saquen de la habitual cháchara a gritos en esta parte del planeta: si Ceuta y Melilla son territorios ocupados o patria soberana, si el asunto es menor porque el Presidente agotó sus vacaciones a pesar del ruido, si están antes las leyes internacionales, la europeas, las estatales o las que se le ocurra a cualquier gobierno con un urgente decreto que, por supuesto, deberá ser refrendado por el parlamento… O no.

 

Dile a toda tu gente que mantendremos ese envoltorio supuestamente democrático, con unas elecciones aquí, otras allá, pero es evidente que el control tiene que estar siempre en las manos adecuadas, y los funcionarios, simples mortales de la clase Gamma, nos estaban impidiendo hacer las cosas como es debido con su intervencionismo. Luego están las hordas compuestas por Deltas y Epsilones (operarios para trabajos duros). ¿Dónde se ha visto que todo el mundo tuviera una vivienda propia y un seguro de desempleo? ¡Hasta ahí podríamos llegar! Esto había que resolverlo, se ha empezado hace décadas y todavía nos queda tarea. Ya les hemos dado a este territorio la alegría del fútbol, otra vez campeones del Mundo, y es un contratiempo que su nuevo gran tenista se haya perdido algunos torneos por lesión, y tampoco ayuda que ya no se figure con fuerza en el Tour de Francia. Fueron buenos tiempos los de Induráin. Pero ya no basta con la televisión, aunque es importante, hay que mover las redes cibernéticas.

 

Debemos agradecer sobremanera la colaboración que están prestando los Beta de las tierras del Nordeste, que hablan una lengua distinta, que con el independentismo nos ayudan a que la gente discuta tonterías aunque luego nunca haya cambios, ni los habrá, pero esto ellos no deben saberlo. También estamos muy complacidos con las fuerzas del Norte, porque lo del soberanismo cabrea a mucha gente, y mientras se cabrean con ellos nosotros podemos hacer nuestras cosas. Por fin ha llegado la hora de ir materializando la idea que venimos persiguiendo desde hace casi medio siglo, de la mano de insignes Alphas como Reagan, Margaret Thatcher, Khol y Juan Pablo II, sin olvidar la amigable complicidad de Mitterrand y Gorbachov.

 

Por aquí hicieron un gran trabajo previo los antecesores del actual jefe, llamado el incombustible (aunque ya estudiaremos eso también), ya saben, el de la Transición, el de la OTAN, el del entonces Mercado Común Europeo, el que se alió con las grandes potencias para una gran guerra, el que quiso dejar que todo cambiase y el llamado Caminante, que no tuvo buen pulso con los del Nordeste y este factor puede quedar fuera de control. No sería presentable antes los dioses azules que lo hayamos estado preparando meticulosamente durante medio siglo y que ahora se nos vaya de las manos. Da risa recordar aquellas movilizaciones de hace treinta años contra la globalización. Es que no era eso, pero ni lo olieron.

 

Ahora ya puedes dejar entrar a los periodistas. ¡Ah! y haz que despidan a los taquígrafos, tenemos aplicaciones que hacen su trabajo con mayor pulcritud. Y recuerda a los consejeros que no deben preocuparse por sus bolsillos, que como Betas deben saber que sus salarios, dietas y privilegios se mantendrán, como no podía ser de otra forma. Diles que no pierdan la calma si suben o bajan la bolsa, la energía, el PIB, la deuda pública o la prima de riesgo; forma parte de la escenografía, cuantos más vaivenes haya, mayor rentabilidad para nosotros. En cuanto a los sindicatos, ya estamos pactando con ellos un par de huelgas generales, para no dejar espacio a las dudas. Cumple con tu misión, es tu hora».

 

Y así quedaron las cosas para la reentré política. El resto de la novela se escribirá en un par de décadas, salvo que logremos sacar de los tranquilizantes y ansiolíticos a quienes tendrían que estar al frente de la idea de llegar a la aproximación de una sociedad justa, o al menos con cierta decencia. Es decir, la mayoría de quienes habitan este país y este planeta. La vida es caprichosa, Huxley y Orwell creyeron que escribían novelas futuristas, pero en realidad, sin proponérselo, lo que hicieron fue redactar unos magníficos manuales de instrucciones, que se han manifestado inmunes a los pensamientos filosóficos de Ayn Rand, Adorno, Wittgenstein o Lou Andreas-Salomé, y encima Habermas, el que nos quedaba, no logró superar el invierno pasado. Ahora estamos solos.

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Una romería a Santa Rita

 

El actual panorama político y económico de España es un galimatías que, si seguimos los viejos adagios, terminará mal. Y esta conclusión viene de que la situación es muy compleja, agravada por el escenario internacional, y cuando escuchas las soluciones, te das cuenta de que todos están muy perdidos, porque siempre se ponen sobre la mesa propuestas simples, y nunca esto sirvió para resolver asuntos que tienen muchas vertientes. La ONU parece que no existe, la UE anda colgada de un guindo y la foto fija es de caos. Cuando hay tanta confusión, tal vez tendríamos que mirar hacia lo inmediato, en este caso Canarias.

 

Pues miremos hacia nuestro entorno. El 6 de noviembre de 2018 fue publicada en el BOE la reforma del Estatuto de Autonomía de Canarias. Apareció un documento que sentaba las bases para avanzar en este siglo XXI que ya había entrado como un elefante en una cacharrería. Ya entonces el texto sonaba a cuento de hadas, palabras comodín que huían de lo concreto, pero que sonaban muy bien. Hubo incluso crédulos que entonces pensaron que, por fin, iban a ponerse las cosas en su sitio, pero enseguida se vio que aquello era pintura en un tabique al que ya se le han dado docenas de capas y siempre acaba rezumando humedad. Lucirá bien la primera semana, pero muy pronto se revelará inútil, porque si no se corta la entrada de agua que produce la humedad, siempre será una pared desconchada e insalubre.

 

Tal vez, aquel texto ambiguo y reluciente podría haber tenido alguna utilidad colectiva, pero es patente que los operarios que dijeron que aquel esmalte resistiría fueron incapaces siquiera de pegarlo al muro, no sé si por torpeza o deliberadamente. Ni siquiera cabe el manido recurso de invocar el lampedusismo, que decía que si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie, porque nada ha cambiado. Casi ocho años después, aquellos temores se han vuelto reales, y ya no hay pigmento que aguante, por mucho que se intente camuflar.

 

El Estatuto de hace ocho años es una ensalada de lugares comunes, palabritas de buenas crianza y supuestas buenas intenciones, pero es que en la realidad no se presenta ni uno solo de esos propósitos. Formula el Estatuto en su preámbulo “La consolidación y mejora de la calidad de nuestro sistema democrático y de un progreso económico compatible con el excepcional patrimonio natural del archipiélago, luchando, al propio tiempo, por superar las desigualdades sociales tan características en la historia de Canarias y lograr la integración de todos los canarios”. Es decir, la gallina.

 

Para apoyar lo que digo, haré un leve picoteo, porque entrar a saco nos llevaría otros ocho años. Sobre el control de las aguas oceánicas y sus límites con estados vecinos, seguimos inermes, mientras en Rabat promulgan leyes que ni a la UE, a España o a nosotros se nos ocurre plantear la más leve acción política, cuando es obvio que pasa por encima del Derecho Marítimo y el Internacional en general. El mentado texto dice en un apartado de su artículo 4: “El Estado en el ejercicio de sus competencias tendrá en cuenta las singularidades derivadas del carácter archipelágico y promoverá la participación de la Comunidad Autónoma en las actuaciones de competencia estatal en dichas aguas”. Tampoco, todo leve movimiento se ha hecho sin contar con Canarias, y en mi opinión en contra de Canarias. Ni siquiera resuena la reivindicación de que somos un archipiélago, que no es lo mismo que ocho islas.

 

Otro flanco. En el artículo 15 habla de los derechos de las personas mayores y se proclama para ellas una vida digna e independiente, y una letanía derechos que, unos se cumplen a la buena de Dios, otros se prometen y eternizan y generalmente se disuelven porque el tiempo juega a favor de las administraciones y en contra de los ancianos, y aun otros de los que nunca se ha hecho un borrador, un amago, algo. Y lo mismo podríamos decir en otros ámbitos. Eso sí, suele haber grandes debates sobre quién representa al jefe del Estado en las procesiones de más pedigrí.

 

Y luego viene la joya de la corona, uno de los orígenes de muchos de los males que nos aquejan: el acceso a la vivienda. El artículo 22 refiere: “Los poderes públicos canarios deberán garantizar el derecho de todas las personas a una vivienda digna y regular su función social, mediante un sistema de promoción pública, en condiciones de igualdad y en los términos que establezcan las leyes, poniendo especial atención sobre aquellos colectivos sociales más vulnerables. Se regulará el uso del suelo de acuerdo con el interés general para evitar la especulación”. Ni Chaplin consiguió un gag más irónico en El Gran Dictador.

 

La moratoria turística no solo se ha evaporado, sino que encima va costarnos una millonada, y deja las manos libres que construir más instalaciones turísticas. Si quienes trabajan en la hostelería (también pasa en enseñanza, sanidad o en puestos de trabajo funcionarial) no encuentran un techo decente y asequible, ¿han pensado dónde piensan meter a los nuevos trabajadores de esos complejos con los que sueñan? ¿A qué colegio irán sus hijos? ¿Hay infraestructura sanitaria para ellos? El paisaje que vendemos será cubierto de asfalto y cemento.

 

Lo diré sin eufemismos, las viviendas turísticas son un contrasentido social. Esas viviendas son para que la gente las habite, y más en un territorio tan escaso como el nuestro. No solo no se construye vivienda social o privada que no sea de lujo, sino que el parque que existe se hurta al mercado. Cuando uno dice estas cosas, o aboga por la limitación de inversiones en vivienda de los no canarios, nos sueltan todo eso de la libertad y el sacrosanto derecho a la propiedad privada. ¿Por qué no se invocó ese mismo principio cuando se sancionó a quienes usaban como vivienda un apartamento turístico? Ah, siempre se dice que Bruselas lo prohíbe, pero curiosamente lo permite en otras localizaciones con menos tensión poblacional que Canarias. Debe ser que en Dinamarca, Países Bajos o Luxemburgo son de otra pasta.

 

Y como he hablado del Estatuto parece que cabildos y ayuntamientos van muy bien. Hay una endémica dejadez en infraestructuras y servicios en las periferias de las grandes poblaciones. Algo habrá que hacer. Como dijo Saramago, “si estás en un hoyo, la prioridad es dejar de cavar”. Se han aplicado las recetas pertinentes: peregrinaciones, carnavales, cabalgatas varias, posibles Mundiales de fútbol 2030… ¡Si hasta ha venido el Santo Padre de Roma! Debe ser que falta (o no se ha hecho con carretas y rondallas suficientes) una gran romería a Santa Rita, abogada de lo imposible.