La calle es de todos
Aunque los medios lo reduzcan a una mera anécdota, lo sucedido en la manifestación de Nueva York, cuando un sargento en activo de los Marines increpó a la policía que se comportaba de manera brutal contra un grupo de manifestantes, es algo que debe hacernos reflexionar. Los ejércitos y la policía están creados para defender a los ciudadanos de una país, para garantizar su seguridad y para que cuando un ciudadano vea a las fuerzas de seguridad se sienta seguro. Larga y triste en la lista de estado en los que el ejército y la policía son utilizados como látigo contra los propios ciudadanos que los mantienen con sus impuestos. Se avecinan tiempos muy difíciles en los que la única arma que le queda al ciudadano de a pie es salir a la calle y proclamar su protesta junto a otros que viven su misma situación. Si las medidas que se piensan tomar son el garrote y tente tieso habría que redefinir la palabra democracia en los países que se dicen democráticos. No es un problema de la policía o de los ejércitos, al fin y al cabo obedecen órdenes, es un asunto de los gobernantes, que no tienen el menor rubor cuando protegen a las grandes corporaciones y desamparan a los trabajadores. Espero que ahora, cuando la derecha alcance el poder democrático como parece cantado, quien asuma el ministerio del Interior no emule a aquel otro ministro que decía «la calle es mía». Pues no, como escribió el poeta Agustín Millares Sall, la calle es de la gente, el ágora, la plaza, el símbolo de la democracia.
(La foto es de la calle de Triana a medianoche, porque Triana es el paradigma del espacio público en Las Palmas de Gran Canaria)
Día Mundial Contra el Cáncer de Mama
Hace unos días, vi una entrevista que le hacían a Pau Gasol en una televisión norteamericana, y le preguntaban por lo que aquí llamamos el problema catalán; Gasol lo despachó diciendo que eso eran cosas que venían de la Guerra Civil y el franquismo. Es decir, Gasol, que estudió en democracia, no se ha enterado del asunto. Ya sé que es complicado meter en un respuesta rápida destinada al público americano la Marca Hispánica de Carlomagno, el reino de Aragón, la Guerra de Sucesión con Felipe V entrando en Barcelona, todo el siglo XIX, los problemas durante la II República… Pero reducirlo al franquismo es otra metedura de pata. El asunto es complejo, y disparates como los de Mas, Durán i LLeida, Carlos Herrera y la medias verdades de ambas partes no ayudan.