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Siria, la gran pregunta

Solo hay que echar una mirada al mapa para ver que Siria es una bomba de relojería. Fronteriza con Turquía, con Irak, con Líbano (donde circula Hezbolá) y sobre todo con ISRAEL, que tiene ocupados al suroeste de Siria los Altos del Golán desde que se los apropió por las armas. Ahí es nada, en medio de conversaciones entre palestinos e israelíes, con Egipto un poco más allá al borde de la guerra civil, Irak que no para, Afganistán como refugio de fundamentalistas y no muy lejos Irán, con la que hay montada con el asunto nuclear. zzzzDSCN3072.JPGRusia apoya por detrás a unos, China a otros y a algunos ambas. Israel es potencia nuclear, Siria no se sabe y hasta Pakistán entra en el juego por Al-Qaeda, más los flecos de Yemen, Sudán, y sin resolverse los cambios en Túnez y Libia. Siria es la mecha de este polvorín, y ya sabemos cómo se las gasta porque es uno de los seis únicos países en el mundo que no ha firmado el tratado sobre armas químicas y bacteriológicas. Ahora ha saltado la línea que dicen que nadie había cruzado desde la Gran Guerra Europea, aunque eso es mentira, Estados Unidos usó Napalm en Vietnam, Laos y Camboya (o Campuchea o como se llame). ¿Qué hacer? Esa es la pregunta clave, porque Rusia y China están de un lado y la OTAN de otro. Ya sabemos que a Gran Bretaña y Francia les encanta un bombardeo puntual, pero luego se largan y dejan el incendio. Así lo hicieron siempre, en Chad, La India, Pakistán y Palestina cuando supuestamente descolonizaban. Dan dos bombazos y regresan a una cama caliente. Esta vez la cosa es más sería, por lo tanto espero que Londres y París no vayan de machitos y se adelanten arrastrándonos a todos. Y otra cosa: ¿Cuánto tiempo aguantarán Arabia Saudí y los Emiratos Árabes si meten la religión en el asunto? Indonesia tambien es mayoritariamente musulmana. Hacía décadas que no teníamos un paisaje tan… ¿Interesante? ¿Apocalíptico?

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El respeto a las creencias


Siempre hay algún hecho que da pábulo a los creyentes de una religión a afirmarse en ella y a sus detractores a ensañarse. Fíjense que he dicho «detractores», que son quienes atacan de manera inmisericorde todo aquello que salga de la racionalidad (habría que establecer antes cuáles son los límites de lo racional), y que suelen actuar con una actitud pareja al fanatismo que achacamos a aquellos que lleven sus creencias al extremo. No me gusta que traten de convertirme a nada, y las encendidas prédicas de los proselitistas religiosos me molestan exactamente lo mismo que ese discurso a marchamartillo defendiendo la racionalidad a toda costa. Cada uno tiene el derecho de creer o no creer en lo que quiera, y ni los creyentes deben descalificar a los no creyentes ni al contrario, que de todo hay.
zzz889DSCN4407.JPGEn estos días se ha armado mucho ruido porque el expapa Ratzinger ha dicho que Dios le dijo que debía dimitir. También ha habido cabreo porque en la feria de Málaga un grupo ha hecho una parodia de la procesión del Cristo de la Buena Muerte, que tiene muchos devotos en la Semana Santa malagueña. En un estado democrático, la libertad de expresión es fundamental. Se argumenta que estas parodias hieren la sensibilidad de los creyente, pero lo mismo podrían decir los no creyentes cuando se llenan las calles de Cristos sangrantes que parecen sacados de una película de terror. En España, la cosa siempre va de extremos y se alienta la confusión; recordemos que durante el franquismo las palabras ateo, comunista, masón, librepensador y agnóstico significaban lo mismo, y está claro que son cosas muy distintas y a menudo excluyentes entre sí. Así que, en esta tierra de maximalismos, habría que cultivar la moderación y el respeto de todos, porque a menudo tampoco se respeta a quienes no siguen a pies juntillas la religión mayoritaria. Por eso, la crítica es para unos y para otros.

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La estupidez atómica

zzzzDSCN4422.JPGCuando recordamos el genocidio atómico en el Japón de 1945, casi siempre hablamos de Hiroshima, ciudad que fue arrasada el 6 de agosto. Pero si terrible fue esta acción, más criminal fue la segunda bomba, lanzada tres días después sobre la ciudad de Nagasaki, cuando ya se conocía la devastación de que era capaz el infierno nuclear. Casi siete décadas después, el futuro de la utilización bélica de la energía nuclear está menos claro que nunca. Hay potencias confesadamente nucleares, pero es fácil suponer que otros estados también están en condiciones de producir artefactos de este tipo, porque a nadie se le esconde que, con el dinero petrolero, algunos países árabes pueden comprar técnicos y tecnología nuclear en el mercado negro, y que Alemania o Japón, en caso de guerra, tendrían bombas nucleares en poco tiempo gracias a su enorme adelanto tecnológico. Sabemos, además, que en la Guerra del Golfo y en las de Irak y Afganistán algunos proyectiles estaban recubiertos de materiales radiactivos, que es otra forma de hacer la guerra nuclear, y ya hay consecuencias médicas sobre eso. Por eso, cada agosto, me opongo a la terrible posibilidad de una guerra nuclear, porque la estupidez de los seres humanos está sobradamente demostrada, y Nagasaki, como Hiroshima, debieran servir de lección.