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El enemigo necesario

Los imperios necesitan siempre un enemigo. De momento y desde hace casi un siglo, mandan los norteamericanos, que necesitan satanizar a alguien para que la maquinaria siga produciendo. Y es verdad que eligen bien al demonio de turno, porque suelen ser unas bestias pardas, aunque hay otras iguales o peores que son intocables porque convienen al sistema («son unos hijos de puta, pero son nuestos hijos de puta») que le dijo un presidente a un ambajador). En 1914 satanizaron al Káiser, después del «crack» del 29 y la depresión, Hitler les vino como anillo al dedo, cuando acabaron con Hitler tuvieron que gastarse en el Plan Marshall todo el dinero que habían acumulado durante la guerra y comenzaron con la Guerra Fría, satanizando a Stalin, vía Corea y más tarde a todo el Kremlin a través de Fidel Castro y Ho-Chi-Ming. zzzzDSCN4477.JPG¿Quién dice que sus aventuras de Bahía de Cochinos y Vietnam les salieron mal? Murieron unos cientos de miles de americanos y millones de vietnamitas pero la maquinaria seguía engrasada y el dólar en la cima. Todo calculado. Luego se abrieron en guerras indirectas contra el bloque soviético, fuera en Africa, en Oriente próximo o donde cayera; por ejemplo, Granada o Panamá. La caída del Muro de Berlín y la desintegración del sistema soviético los dejó sin demonio a la vista y enseguida encontraron a Sadam Husein. Montaron la Guerra del Golfo y empezaban el milenio sin enemigo cuando Bin-Laden (que ellos ayudaron a fabricar) les cayó del cielo. Y sigue la rueda, aunque no sé por cuánto tiempo, pero cuando acaba un imperio siempre viene otro y vuelta a empezar. El mundo no tiene remedio.

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Marx les enseñó el camino

zzzFoto0743.JPGNo soy comunista, ni leninista ni, mucho menos, stalinista. Soy marxista en el análisis. Pero más marxista que yo son los que mandan, porque fue Marx el que descubrió los mecanismos de la opresión. Jesucristo dijo unas cuantas cosas, pero no hizo un análisis científico. Antes de Marx, la tiranía se ejercía por la fuerza bruta. Después de Marx, el capital supo cómo tenía que funcionar, él se lo explicó muy bien. Marx descubrió en qué consistía ese mecanismo que funcionaba por instinto, y es como si le pasara los planos al enemigo. Y la derecha aplica el rodillo, utiliza los medios y las voces de los paniaguados. Nos llama tontos e irresponsables. Hay que joderse. El pueblo se echa a la calle, pero les da igual como cuando nos metió en una guerra en contra de la voluntad del pueblo y de la lógica más racional. Tanto predicar Europa y cuando hay que ser europeos siempre es para las verdes. ¿Quién es el irresponsable?

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Huelga de profesionales contra aficionados

Escribo la víspera de la huelga de la Enseñanza para unirme a ella y no escribir el día 24 de octubre. Y entiendo que es toda la sociedad la que se opone, aunque ya desde las almenas del gobierno y medios afines emponzoñan y hablan de que es una huelga laboral encubierta, dirigida por los sindicatos rojos y demás. Es decir, no cuenta el alumnado, los padres y los sectores que se han pronunciado en rechazo de una ley destructiva, la LOMCE. Y si en última instancia fuese como ellos dicen, también sería legítima, porque sería una huelga de profesionales contra aficionados que ejercen de ministros una temporada gracias a un carnet político o unas simpatías del Presidente. Lo mismo ocurre en Sanidad, cuando el personal sanitario se opone a diletantes que lo único que persiguen es privatizar y ganar dinero, no prestar un servicio público.
zzzjjj1.JPGY es que los aficionados dan miedo. Cuando voy en un avión, en la guagua o en un taxi, me pongo en manos de una persona profesional, lo mismo que confiamos en los ingenieros cuando atravesamos un túnel, en los peluqueros cuando nos cortan el pelo y en los médicos cuando nos recetan un medicamento. No vamos igual de tranquilos cuando quien conduce es alguien con el carnet reciente o si somos invitados por un amigo a comernos una paella que es su primera aventura culinaria. Y es que la profesionalidad da confianza. Y si nos paramos a pensar, los políticos solo son profesionales de la política (justo lo que no deberían), y aunque se rodeen de técnicos son los que tienen la última palabra. En una democracia, una profesora de Filosofía puede ser ministra de Obras Públicas, un Músico ministro de Defensa, un médico Gobernador de un estado y un químico Presidente del Gobierno. Ah, y un analfabeto funcional alto cargo de cualquier cosa. Ya ha ocurrido. Es decir, la última palabra la tiene siempre alguien que no es profesional.
zzzjjj2.JPGEntonces hemos de convenir que estamos en manos del azar, y una vez más se escenifica la lucha de siempre: profesionales contra aficionados. Lo más triste es que estos últimos suelen tener el poder y en lugar de servir a la gente sirven a quienes los ha puesto ahí para su beneficio. Y en todo caso, los padres, las madres y el alumnado, de alguna forma son profesionales de lo suyo.