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¿Estamos en manos del azar?

Cuando vamos en avión, en guagua o en taxi, comemos en un restaurante, cruzamos un puente o un túnel o necesitamos asistencia médica, sin pensarlo estamos creyendo en la profesionalidad, y de manera inconsciente estamos confiando en los conductores, médicos, cocineros, pilotos o ingenieros que están o estuvieron implicados. La profesionalidad da confianza. Y si nos paramos a pensar, los políticos no son profesionales, y aunque se rodeen de técnicos son los que tienen la última palabra. Una profesora de filosofía puede ser ministra de Obras Públicas, un músico ministro de Defensa y un químico presidente del Gobierno. Es decir, la última palabra la tiene siempre alguien que no es profesional.
zzz azar.JPGY esto nos lleva a la pregunta de si quienes nos gobiernan saben realmente lo que están haciendo, porque uno constata que ignoran a veces hasta los antecedentes históricos del asunto sobre el que deciden. Las declaraciones de tanto Jefe de Algo suenan siempre a favor de su conveniencia, no a la de todos. Estar en manos de Rajoy, Obama, Merkel, Putin o el presidente chino Xi Jinping, es tanto como decir que vivimos en una especie de ruleta rusa, y si ocurre como hace un siglo (que es lo que parecen evidenciar), que coincidió al frente de los estados una colección de tarugos que condujeron al mundo a la mayor guerra conocida hasta entonces, estamos en manos de azar.

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Tranquilos, ya se arreglará

Por si la panorámica cercana no fuese lo suficientemente dura, con la situación económica, los recortes, la corrupción a bombo y platillo, el paro altísimo digan lo que digan quienes manipulan las encuestas y las cifras, ahora la cosa se desmadra por todas partes, hasta el punto de que «asuntillos» como la quiebra técnica de Argentina o la recesión italiana, que en cualquier momento serían titulares que abrirían noticiarios, quedan en segundo plano con las que se están montando por ahí, y miren que hablo en plural. Lo de Pakistán y Afganistán venía de lejos, pero ahora nos montan la misma y a la vez nueva crisis de Gaza, el pifostio de Ucrania en el que nadie sabe en qué equipo juega y las consiguientes consecuencias por bloqueos y boicots comerciales, la pandemia del ébola que también va a «ayudar» a controlar los movimientos de la gente en puertos y aeropuerto con fines más allá de los sanitarios, aviones de pasajeros que se caen aquí y allá no se sabe muy bien por qué o por quién, y no sé cuántos más problemas que empiezan o siguen (Libia, Siria, Etiopía, Nigeria, Mali, El Sahara…) Por si fuera poco, el rutilante Premio Nobel de la Paz que vive en la Avenida de Pensilvania la emprende a bombazos en el norte de Irak, dice que para detener un conflicto cuyo origen no le es ajeno.
zzmunnndo.JPGCon tanto lío que nos afecta quieras o no, los dirigentes, en lugar de buscar soluciones, se van de playa y regatas. ¿Se imaginan a Julio César de crucero en plena Guerra las Galias y a Churchill y Roosevelt dando prisa a Eisenhower para que el desembarco de Normandía no les rompa el veraneo? Y ahí están gobiernos, parlamentos e instituciones públicas de vacaciones. Pues qué bien.

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El Presidente de vacaciones

Mi amigo Quintín Silva ha vuelto a escaparse de mi novela El As de espadas y me envía estas dos décimas:
Nuestro señor Presidente zzzxf678100022.JPG
con su talante galaico
ha dibujado el mosaico
y se larga con su gente.
En Doñana, el muy valiente
hará una cura de sémola
se colgará de una pérgola
y a esperar que todo amaine,
bien sea el motín del Caine
o la enfermedad del ébola.
Parece que no ha aprendido
que nunca las soluciones
llueven como los millones
de un sistema corrompido.
De vacaciones se ha ido
y no cambian los extremos
porque tratan de blasfemos
a los que bilis no tragan,
y las luces se le apagan
cuando le dicen «Podemos».