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Érase una vez… un manicomio

zzmagen.JPGÉrase una vez un espacio al que había que tener cuidado al nombrar, no fuera a ser que al decir nación, estado, país, territorio se molestasen unos u otros, y había que andarse con ojo al emplear terruño, comarca, zona o paraje, porque siempre había alguien a quien la palabra le parecía poco, mucho, inadecuado o inexacto. En el extranjero, como no tenían esas limitaciones, llamaban España a ese espacio, pero cuando lo visitaban se iban muy confundidos porque a los de Portugal, Alemania o Rusia les parecía lógico que los llamasen portugueses, alemanes o rusos. Llamar español al azar a cualquiera de los habitantes de aquel territorio podía resultar muy comprometido. En ese espacio que los extranjeros llamaban España pasaban cosas muy extravagantes, como que, sin saber el porqué, el amor fuese agravante o eximente del mismo delito, o que lo que para unos se tenía por lógico para otros se consideraba alta traición. Eran tan peculiares que convocaban un referéndum que luego llamaban consulta y más tarde proceso participativo (¿refeconsulproce podría ser?), en el que se hacían preguntas metafóricas cuyas respuestas podrían ser interpretadas según preferencias. En ese espacio que los extranjeros llamaban España, había naciones que no eran estado, países que no eran naciones y territorios que no eran países. Allí nada era algo con seguridad. Y hasta hubo un tiempo en el que los dirigentes a distintos niveles de aquel espacio se volvieron todos locos de remate. ¿Qué pasó después? Pues lo normal: un manicomio.

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Los nombres de la corrupción

El decimista Quintín Silva se escapa otra vez de mi novela para dejarnos estas dos décimas:

Desde los tiempos de Adán,
el corrupto fue robando,
y hasta a Isabel y Fernando
timó el Gran Capitán.
Luego apareció Roldán
y no sirvió su condena
para parar la faena:
hubo Palau, Noos y Eres,
desde Algeciras a Mieres,
pasando por Palma Arena.
imagenjamesbond.JPGAhora la policía
impone muy raros nombres,
que hacen que uno se asombre
ante tal galimatías.
Y muy poco tardarían
en hacer que sea única,
como el broche de una túnica,
Pokemon, Palau, Galgo,
a Gürtel me suela algo
y Malaya con La Púnica.
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Tiempos revueltos

Yo no sé si dios creó al hombre, pero sí estoy convencido de que el hombre ha creado a un dios en cada momento según le ha convenido. Y esos símbolos dan miedo. La convivencia debe regirse por normas democráticas, como el código de la circulación, pero cuando sacralizamos palabras y conceptos como pueblo, bandera, democracia, constitución, estatuto, himno… Entonces estamos sacralizando lo que es simplemente un instrumento práctico, terrenal y necesario. Dan miedo estos tiempos, supuestamente democráticos, en los que se milita en el nacionalismo a ultranza, en la suprema unidad de la patria, en el ecologismo irracional o simplemente en un tipo de música que crea maneras de vestir y conductas que casi siempre conducen a la intolerancia. Si llevas un suéter sobre los hombros eres un pijo, si comes carne eres un violento, si cantas rancheras eres un antiguo.
zzzislettta.JPGEs para echarse a temblar cuando empieza a haber salvapatrias, paladines de la democracia y guardianes de leyes de convivencia que se veneran como libros sagrados. El que piense que aquí debe haber una agencia tributaria por autonomía es un traidor a la unidad de la patria, el que piense lo contrario es un fascista irredento, y en casi todo igual. Eso se llama intolerancia, es decir, el que no piense como yo es mi enemigo. Las leyes son herramientas que nada tienen que ver con lo sagrado. Se pueden y se deben cambiar a veces. Para empezar y terminar, nada hay sagrado más allá del respeto al otro, y automatismos nos están ahogando y metiendo en un mundo cerrado y virtual que sólo se ve en los móviles y en cientos de canales de televisión, pero que no existe en la realidad.