La huelga general
No he hablado hasta ahora de la huelga general porque en los tiempos que corren no hay seguridad de casi nada. Y ahora no estoy seguro de que esta huelga no sea una puesta en escena de los sindicatos, porque dada la situación toca hacerla para justificar la razón de ser de unas organizaciones que se han ido quedando anticuadas. Estoy con Iñaki Gabilondo cuando dice que también están desfasadas otras entidades de nuestra democracia (partidos, administración de Justicia, Senado…), pero, como siempre, mal de muchos consuelo de tontos. De todo esto se deduce que nuestro sistema entero necesita pasar por la ITV. Se ha ido posicionando hasta La Iglesia y sus organizaciones, y ya no sabe uno qué pensar.
Las huelgas generales se hacen para sentar al Gobierno a negociar, o para que retire un decretazo. Yo no creo que esto vaya a suceder ahora, como ocurrió con las huelgas que se le hicieron a Felipe González y Aznar. Se está tragando mucho, y una de las preguntas que yo me hago es esta: si estamos en Europa para las verdes, ¿por qué no también para las maduras? En Francia se retrasa la jubilación dos años, como aquí, sólo que los franceses pasan de 60 a 62 años y nosotros de 65 a 67. Y esas cuentas son las que no entiendo, porque Francia también tiene una pirámide de población muy envejecida. En cuanto a los servicios mínimos, también me parece una obra de teatro, y es lo que decía al principio: en las actuales circunstancias no se puede estar seguro de a qué juega cada uno de los actores de esta función (¿comedia satírica, melodrama, drama, tragicomedia o tragedia griega a tope?)
Yo no sé qué es y qué no es políticamente correcto para una Comisaria Europea, pero lo que dijo es una verdad como una catedral, y yo, que no tengo por qué ser políticamente correcto, digo que esta persecución -porque es una persecución- rememora otras expulsiones sangrantes, como las que hicieron los Reyes Católicos de los judíos y moriscos, Felipe III de los moriscos que quedaron o Carlos III de los jesuitas. A estas alturas de la historia uno creía que eso eran cosas del pasado, y más en un país como Francia, que se ufana de ser la patria de la libertad en los últimos dos siglos.