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Qué pobre es el siglo XXI

Otra vez ha vuelto a liarse en Italia como consecuencia de una campaña publicitaria. Hace un par de años fue por una fotografía de una mujer crucificada, que habría quedado en un centenar de carteles de no haberse desatado una algarabía tremenda. Los integristas hicieron que una modesta llamada contra el maltrato a la mujer se convirtiera en una gran campaña mundial. Ahora es el fotógrafo Oliviero Toscani el que ha levantado las iras de los los de siempre, por un calendario en el que salen 12 pubis femeninos (uno por mes) que acompaña a la revista Rolling Stone.
300px-VelazquezVenues[1].jpgY la verdad es que el asunto en sí mismo es tan estúpido que casi no merece comentario, pero sí que da lugar a otras derivas. Una es que esto suceda en un país en el que Primer Ministro es el que es, hace lo que hace y nadie se escandaliza. La segunda es que me asombran dos cosas: que siga habiendo artistas y publicitarios que encuentran rompedor y modernísimo fotografiar, filmar, esculpir o pintar pubis, penes, nalgas y senos. Tuvo su gracia en los años sesenta pero ahora queda muy antiguo y resulta repetitivo y anodino. A estas alturas los desnudos tendrían que haberse normalizado. La otra cosa que me sorprende una y otra vez es que se monte tanto ruido cuando aparecen estas cosas. Tenía su punto de iconoclastia cuando en tiempos oscuros salía un desnudo en una revista o se colaba una teta en el cine, pero ahora suena a fariseismo impostado que alguien se eche las manos a la cabeza por algo que empieza a cansar de tanto verlo. Velázquez, Rubens y Goya pintaban senos, nalgas y pubis femeninos y no pasaba nada. Tenía la ilusión de que habíamos aprendido algo, pero no; ni los que lo hacen como gran novedad ni los que hipócritamente fingen escandalizarse. Qué pena.

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Haití un año después

Hay pueblos que parece que sobre ellos ha caído una maldición. Haití es uno de ellos, un lugar en el que se mezcla la extrema pobreza con los sistemas políticos corruptos y la ignorancia que es manipulada por creencias esotéricas como el vudú o el convencimiento de que los muertos vuelven físicamente del más allá (zombis). Con estos ingredientes no hay manera de que u pueblo avance, sobre todo cuando sus dirigentes se aprovechan de todo eso para amasar fortunas inmorales a costa del sufrimiento ajeno.
terremoto[1].jpgAsí era Haití hace un año. Pero encima la tierra se movió, con una intensidad que en países como Japón significaría un contratiempo (6,5), pero que en lugares de construcciones endebles es la destrucción total. También parece que a los pueblos más pobres les ha tocado habitar en los lugares más peligrosos del planeta. Luego ha llegado el cólera, y la comunidad internacional no ha cumplido lo que prometió en la conferencia de donantes, pero sí que ha habido dinero para misiles, portaaviones y tanques. La verdadera maldición de Haití es la crueldad del ser humano, lo mismo que sucede en Darfour, en el Congo, en Somalia, en Liberia o en Birmania (o como se llame ahora). Lo único que saben hacer las grandes potencias es venderles armas y expoliar sus recursos.

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La violencia como arma política

Lo ocurrido en Arizona no es una casualidad por dos razones: la primera es que en un país en el que hay 300 millones de personas y 400 millones de armas de fuego siempre hay algún loco que aprieta el gatillo. Siempre se ha dicho que no es bueno tener un arma en casa porque puede que alguna vez acabe siendo utilizada, y por eso no entiendo por qué se permite llevar navajas a chicos y chicas que van a institutos o salen a tomar una copa. Portar armas debería ser un delito muy grave, porque en una pelea salen a relucir, cosa que no pasaría si no estuvieran presentes. La violencia que hay en la sociedad depende también de la permisividad.
edertano.jpgLa segunda razón por la que creo que lo de Arizona no es casual es que el mensaje envenenado que lleva meses lanzando el Tea Party acabaría teniendo respuesta por parte de algún descerebrado. Está claro que los norteamericanos, a pesar de tantos adelantos técnicos, siguen viviendo con el espítitu de la frontera, de aquello pioneros que se abrían paso a punta de revólver y en medio docenas de pistoleros, forajidos y gente que quería sacar provecho del trabajo de los demás. Ese espíritu pionero que se apoya en el rifle como emblema de libertad es un engaño, y mientras no se controle la posesión de armas no habrá manera de evitar que, entre 300 millones, salga un animal que juega al tiro al blanco con las personas. Por otra parte, este atentado es un claro aviso a Obama, que no debe perder de vista la parte más cerril de la sociedad americana. Y lo lo más triste es que este ambiente de violencia se proyecta al resto del mundo.