Derechos de autor
Vuelvo otra vez sobre los derechos de autor, porque con la nueva polémica desatada tras la detención de los responsables de una web a la que acudía millones de usuarios, se realimenta la idea de que no hay por qué pagar derechos de autor por nada.
Compras un ordenador, que pagas, contratas una línea ADSL, que también te pasa una factura, pagas el recibo de la electricidad con que funciona tu equipo, y no rechistas; pero si te piden un céntimo por una película, una canción o un libro empieza la demagogia de que Alejandro Sanz es millonario y cosas así. Pero la autoría es mucho más que Alejandro Sanz; hay muchos creadores que viven de su trabajo creativo no mucho mejor que un ciudadano medio, y si le quitas esos derechos que suponen su sustento es como si al panadero no le pagases el pan. Otra cosa es el gran negocio de Internet que facturan unos pocos, y los autores son víctimas también de estos tiburones. Cuando se destapó el escándalo de la SGAE, se habló mucho de vampiros que cobran en bodas y bautizos, pero nadie dijo que los autores de esas canciones cuya cuota era tan sañudamente perseguida por la SGAE eran también estafados porque todo ese tejemaneje se hacía con el dinero de los autores y que ellos no veían. Y lo mismo pasó con el cánon digital, que se ha cobrado y que yo sepa no se ha repartido entre los autores. ¿A dónde ha ido ese dinero? Así que una cosa es la libertad de expresión en Internet y otra muy distinta los derechos de autor. Y no me creo que a los gobiernos les importe mucho que roben a un artista, se han puesto las pilas cuando las que están en peligro son las grandes corporaciones del cine, la música o el libro. Tengámoslo claro: en todo este barullo, los primeros perjudicados son los autores.
No sucedió así, sobrevivieron todos los soportes, pero con la revolución tecnológica de los últimos años peligran todos. Kodak existe desde que nació la fotografía comercial, y fue durante décadas (más de un siglo) sinónimo de calidad. Tengo en mi casa miles de diapositivas hechas con carretes de esa marca y treinta años después siguen perfectas. Eso es calidad y perdurabilidad. Pero la era digital ya no entiende de carretes, cubetas, reveladores, baños de paro, fijadores y ampliadoras, ni se fija en si la foto ha de ser mate o tener brillo según el papel utilizado, ya todo eso viene en la foto. La posible desaparición de Kodak es el fin de una era, la de la fotografía artesanal, aquella en la que había que cuidar los tiempos para dar más o menos contraste, y en la que dos fotos nacidas del mismo cliché podían ser distintas por el tratamiento posterior en el laboratorio. El proceso fotográfico era como hacer vino, no bastaba un buen producto inicial, el trayecto hasta el resultado final era muy importante, y a veces lo que diferenciaba una buena foto de otra que no lo era tanto. Hay que estar con el progreso, y con estas cosas palpamos los profundos cambios que está experimentado nuestra manera de vivir, pero no dejo de sentir nostalgia por una manera de reflejar el mundo que ha cambiado el nitrato de plata por los granos de sílice de un disco duro.