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Érase una vez… un manicomio

zzmagen.JPGÉrase una vez un espacio al que había que tener cuidado al nombrar, no fuera a ser que al decir nación, estado, país, territorio se molestasen unos u otros, y había que andarse con ojo al emplear terruño, comarca, zona o paraje, porque siempre había alguien a quien la palabra le parecía poco, mucho, inadecuado o inexacto. En el extranjero, como no tenían esas limitaciones, llamaban España a ese espacio, pero cuando lo visitaban se iban muy confundidos porque a los de Portugal, Alemania o Rusia les parecía lógico que los llamasen portugueses, alemanes o rusos. Llamar español al azar a cualquiera de los habitantes de aquel territorio podía resultar muy comprometido. En ese espacio que los extranjeros llamaban España pasaban cosas muy extravagantes, como que, sin saber el porqué, el amor fuese agravante o eximente del mismo delito, o que lo que para unos se tenía por lógico para otros se consideraba alta traición. Eran tan peculiares que convocaban un referéndum que luego llamaban consulta y más tarde proceso participativo (¿refeconsulproce podría ser?), en el que se hacían preguntas metafóricas cuyas respuestas podrían ser interpretadas según preferencias. En ese espacio que los extranjeros llamaban España, había naciones que no eran estado, países que no eran naciones y territorios que no eran países. Allí nada era algo con seguridad. Y hasta hubo un tiempo en el que los dirigentes a distintos niveles de aquel espacio se volvieron todos locos de remate. ¿Qué pasó después? Pues lo normal: un manicomio.

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Asqueado no, muy asqueado


La manipulación de la información y el tratamiento que se da de ella, poniendo el énfasis en lo que a cada uno le interesa para enaltecer o degradar, es tan habitual que nos empieza a parecer normal. Por eso, cuando nos dan una información casi siempre preguntamos el medio de procedencia, y así nos hacemos una composición de lugar. En cierto modo, nos estamos haciendo expertos en saber qué se quiere decir, valorando lo que se dice según de dónde provenga. Para eso hay que abrir el abanico y practicar la interpretación, porque al mismo tiempo veo que hay personas a las que estos mensajes manipulados o mutilados les hacen efecto, porque son adictos a un periódico, a una cadena de radio o televisión, y solo reciben información desde un solo punto de vista.
zzzz basssura.JPGEscribo estas líneas en pleno ataque de asco, que es lo que me produce el tratamiento de dos informaciones relevantes que han aparecido esta mañana. La primera es la esperada, anunciada y ya destripada encuesta de CIS sobre los resultados de unas elecciones generales si estas se celebrasen hoy. Con los mismos números en la mano, los grandes medios afines al gobierno (que son la mayoría) dan como ganador el PP y ponen a Podemos en tercera posición, cuando en esa misma encuesta se dice que la intención de voto mayoritaria es para la fuerza que lidera Pablo Iglesias. Dicen que es que hay que ponderar, valorar, interpretar las respuestas. Y es curioso que siempre lo hacen a favor de una posición, es decir, hay manipulación manifiesta. El otro gran motivo de asco es el tratamiento que le dan estos medios a la primera aparición pública de Teresa Romero, donde dejó muy claro que se había hecho una gestión política nefasta, pero esa parte se anula, y solo la pillas a la primera y en directo, porque luego desaparece. Y eso rebosa el vaso del asqueo que producen las declaraciones, actuaciones y contradicciones que se superponen para escabullirse del pringue de la corrupción. Se ha evidenciado que todos los sabían y no solo no hicieron nada, sino que continuaron saqueando, ocultando y en cierto modo justificando el latrocinio institucionalizado. Si yo fuese Teresa Romero trataría de blindarme, porque estoy convencido de que ya hay gente trabajando para desprestigiarla. Ya en una tertulia de TV1 casi le han echado en cara el dineral que ha costado su recuperación, pero nadie ha dicho que los tratamientos a los misioneros lamentablemente fallecidos también tuvieron un coste similar, aumentado por las operaciones de rescate. Los misioneros fueron unos héroes y a Teresa empezaron llamándola mentirosa, insinuaron que era una frívola porque fue a la peluquería y ahora vaya usted a saber qué estarán tramando. Porque estos no paran. Ah, y Pablo Iglesias que se prepare, porque le van a sacar hasta el caramelo que le rechupetó a un compañero del parvulario.

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La ejemplaridad y la justicia

Con motivo de los casos de corrupción y especialmente por el ruido mediático -casi siempre desde voces incompetentes- que está levantando la orden de ingreso en prisión de Isabel Pantoja, se está usando alegremente el concepto ejemplaridad. Se dice que la cantante debe recibir un castigo ejemplar, una especie de aviso a navegantes, cosa que tendría lógica -aunque seguiría siendo discutible- si ese criterio fuese general, y no se dieran situaciones inversas como que Matas ya tenga un tercer grado sui generis o que Blesa siga en su casa mientras otros con imputaciones menos gravosas estén en prisión preventiva sin fianza.
imagen6njk.JPGLa justicia ha de ser ejemplar en la misma medida en que debe serlo todo en la vida; es decir, que sea correcta, igualitaria y transparente. Invocar la ejemplaridad como escarmiento se salta todas las bases de una justicia ponderada y lo más equivalente posible al delito. Lo ejemplarizante recuerda a lo que hacían los caudillos conquistadores tipo Alejandro Magno o Gengis Khan, cuando entraban en una ciudad y pasaban a cuchillo a unos cuantos para atemorizar al resto. Eso no es justicia. Si Isabel Pantoja, Blesa o el lucero del alba cometen un delito, se les hace un juicio y se les condena en razón de las leyes vigentes, ni más ni menos. Si alguien ha delinquido debe responder, pero imponerle un castigo más duro para avisar a la gente (a veces para justificar unas políticas muy truculentas) no es justo. Sobre la cantante pesa una sentencia después de un proceso regular y estandarizado; en una sociedad democrática debe cumplirla, sin más. Ejemplarizar equivale a escarmentar en cabeza ajena, una especie de imperio del terror para controlar a las masas, como las ejecuciones medievales en la plaza pública, colocando después la cabeza del reo en una picota en las puertas de las ciudades para que quedara claro qué le pasaría a cualquiera que hiciera lo mismo que el condenado. Isabel Pantoja, como todos, no debe estar por encima ni por debajo de la ley, hablar de sentencia ejemplar es tanto como poner en solfa el Estado de Derecho. Hablamos de justicia no de escarmiento.