Publicado el

¡Balones al suelo!

imagenbalon.JPGHoy, que es un día en que el fútbol es actualidad palpitante en Gran Canaria, llego a estas horas con la cabeza como un avispero, porque el griterío político no sirve para convencer a nadie y seguimos en la línea secular de «Sostenella, no enmendalla». Y se me ocurre un símil futbolístico, que se utiliza cuando el juego se embarulla a base de patadones, nadie controla el partido y el balón vuela por los aires, cae en la cabeza de uno que pasaba por allí, vuelve a las altura y así hasta que suele irse fuera. La consigna que entonces gritan los entrenadores desde la banda es siempre la misma: «¡balones al suelo!». Jugando a ras del césped se hilvanan jugadas, se hace fútbol, y en estos casos siempre lleva las de ganar el equipo que tiene más calidad, que en términos futbolísticos es el que siempre tiene la razón. El barullo solo beneficia a los malos equipos. Este es mi ruego a políticos, periodistas, opinadores varios y agitadores que buscan pescar en río revuelto. Pues eso, ¡balones al suelo!, que esto no es fútbol ni es nada. Y ya que estamos, feliz 40 cumpleaños a Juan Carlos Valerón, que sabe mucho de poner cordura dentro y fuera del campo. Por supuesto, a la UD Las Palmas «arriba d’ellos«.

Publicado el

Pedro Zerolo, luminoso e imprescindible

«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles». (Bertol Brecht).

***


Estoy convencido de quienes tengan un poco de sensibilidad humana y social sentirán hoy un dolor personal por la muerte de Pedro Zerolo. Se llenarán muchos espacios en todos los medios y en las redes sociales y se dirán palabras que serán sinceras, y seguramente destacarán su incansable lucha por los derechos de quienes viven una vida sexual diferente a lo que los siglos, las religiones y las sociedades han considerado y siguen considerando «normal». Muchos han dado el pésame a la familia socialista, pero eso sería reducir su figura; era socialista, sí, pero hoy la Parca se lo ha arrabatado a toda una sociedad necesitada de referentes éticos como él. imagensssZerolo.JPGEs verdad que Pedro Zerolo combatió a brazo partido por sus ideas, pero su trayectoria es mucho más universal, su lucha siempre fue por los derechos de las minorías, aquellas personas que por su color de piel, procedencia o cualquier otra diferencia son marginadas en la realidad aunque a menudo no lo estén en las leyes. Una de sus batallas fue la de crear esas leyes, la otra y más importante fue la de tratar de que la realidad fuese un espejo de esas normas. Estuvo en todas las luchas por la igualdad de la mujer (nunca he entendido porque a las mujeres las llaman minoría), y en cualquier frente en el que la injusticia establece límites: la pobreza, el abuso, el olvido. La fuerza que tenía su entusiasmo y la convicción que derramaban sus palabras lo hacían un hombre vital, alguien en quien confiar porque siempre tuvo claro que por encima de cualquier otra consideración estaban las personas. Creo que es de justicia poner su nombre en el cuadro de honor de quienes dedicaron su vida a la convivencia entre seres humanos diferentes (todos somos diferentes), con las ideas como arma, junto a Rosa Luxemburgo, Martin Luther King, Simone Veill, Victoria Kent y tantas personas imprescindibles en la evolución del pensamiento, personas de palabra y de acción. Siempre estuvo en su sitio y hasta en sus horas más duras tuvo una sonrisa para invitar a la vida. Es inolvidable porque cada vez que percibamos la existencia de un avance recordaremos que fue un escalón fundamental en este largo camino hacia la justicia y la igualdad. Descanse en paz Pedro Zerolo, uno de los canarios más luminosos de nuestro tiempo, un hombre de los imprescindibles de Bertol Brecht.

Publicado el

La diligencia y el recado

Siempre me han llamado la atención algunas palabras que se usan para describir con una ambigüedad clamorosa una ocupación puntual de una persona. La impresión es que no se quiere decir claramente, y se envuelve en una espuma de misterio que los demás aceptan, porque nadie sigue indagando en busca de concreción. Cuando alguien ha hecho, hace o va a hacer algo que no se concreta, se emplea la palabra diligencia, que tiene un cierto porte porque remite a una gestión administrativa (así lo recoge una de las acepciones de la RAE), un acto de cierta importancia, que a veces la tiene porque es una firma en una notaría y otras no, pues se trata simplemente de pagar el recibo de la luz, pero siempre con papeles de por medio. recadosss.JPGUsar diligencia es como decir «he hecho algo importante y no preguntes más porque no es de tu incumbencia». Si nos fijamos bien, sigue teniendo cierta vigencia.
Me despierta también mucha curiosidad otra palabra que -esta sí- está en pleno vigor. Me refiero a recado, que en el diccionario tiene más de una docena de usos reconocidos, pues puede ser desde la provisión de mercancía diaria a un establecimiento hasta un mensaje, saludo o aviso que se envía a una persona por medio de un tercero (es evidente que no es lo mismo un recado de la mafia que otro de la muy cariñosa Tía Claudina). Y hay más acepciones que están casi en desuso y que nos dejan perplejos. Pero la que me interesa es la que se usa con el mismo significado y la misma advertencia de no seguir preguntando que diligencia, pero tiene otro cariz, porque en el recado no se evocan trámites administrativos; hacer un recado puede ser comprar una alcayata en la ferretería, pero cuando se usa la palabra se impide que quien pregunta sepa que vamos a colgar un cuadro porque no se le da más información. El recado a menudo incluye un encargo de otra persona para llevar, traer o adquirir, y puede ser un acto que indirectamente equivale a un mensaje que otro debe interpretar, como el que dicen los comentaristas que ha enviado el electorado a determinados políticos, que parecen no haberlo recibido y se inclinan más por el significado de diligencia, puesto que deben estar pensando en lo bien que va a quedar su nombre junto al cargo en el nuevo tarjetón que mandarán imprimir, o en los papeles que ahora destruyen en las trituradoras.