Derecho a la imagen
La recurrencia de los juicio mediáticos paralelos hacen muy complicada la aplicación del Derecho a la propia Imagen de los ciudadanos. Desde que alguien levanta la libre se consumen millones de páginas y centenares de horas de radio y televisión. Si a eso sumamos la lentitud de los procesos y la exposición constante de las personas a opiniones casi siempre sin fundamentos jurídicos,
viene a resultar que si finalmente alguien es inocente va a dar igual, porque su imagen ha quedado dañada, y encima hay medios que se resiten a dar por buena una sentencia. ¿Quién restaurará la imagen limpia de Alberto Contador o la de Marta Domínguez? El refranero dice que «honra probada, honra manchada», y por eso habría que buscar la manera de que solo sean expuestos a los medios los casos probados y sentenciados. Ya sé que es muy difícil, pero al menos tendría que haber una normativa que impidiera juicios paralelos. Si alguien es culpable, ya lo dirá la sentencia, y aunque así fuere el castigo mediático es una pena añadida, que incluso puede funcionar como medio de presión sobre todo en los jurados, que son meros ciudadanos sin formación jurídica que se guían por lo que ven y oyen. Este es un asunto complicado, y como afirma la irónica maldición «Pleitos tengas y los ganes». Y aún ganando, habrás perdido la imagen.
La catástrofe de Lorca ha sucedido cuando ningún adivino la había anunciado, mientras se entretenían en vociferar sobre otras ciudades, que siempre tienen cancha porque están en el ADN de nuestra civilización. Roma no es una ciudad más, es «la ciudad» sobre la que se profetiza porque es el centro de una religión multitudinaria. Lorca, sin embargo es un punto en el mapa, como tantas ciudades que suelen ser nombradas solo los domingos y en Carrusel Deportivo porque tienen un equipo de fútbol aunque sea en Segunda B. España es solar de poblaciones muy importantes, que quedaron relegadas casi al olvido cuando a mitad de siglo XIX el país fue dividido en provincias y se dio protagonismo a las capitales. De esta quema de memoria apenas se han salvado Vigo, Santiago, Gijón, La laguna y poco más, y se ha recuperado recientemente Mérida, pero en la Historia grande de España hay docenas de ciudades que fueron las que crearon la columna vertebral de un Estado y que hoy apenas si son conocidas: Astorga, Calatayud, Úbeda, Ciudad Rodrígo, Burgo de Osma, Plasencia, Tudela, Zafra, Cartagena, Antequera, Betancuria, Seu de Urgel, Medinaceli, Toro, Baeza… Lorca es una de esas ciudades que han construido nuestra historia. Dicen los responsables culturales que buena parte del patrimonio destruido por el terremoto es irrecuperable. Una lástima, pero ninguna tan grande como la vida de las personas que se ha llevado la fuerza desatada de la naturaleza. También es una lástima que Lorca entre en el mapa por una desgracia.