Encuentros en la III fase
Ha habido una lelecciones locales y autonómicas con los resultados que ya conocemos y los políticos, los partidos y los comentaristas siguen subidos a la parra, como si todo eso se dirimiera en otro escalón de la existencia y el mundo real nada tuviera que ver. Los perdedores hablan de su derrota con escasa autocrítica, y lo que plantean es qué hacer con su partido; no ven más allá.
Los ganadores pregonan sus proyectos y tratan de extrapolar su victoria a unas posibles elecciones generales anticipadas. Ya sabemos que no hay correspondencia exacta entre unas elecciones y otras, aunque es evidente la tendencia, pero con el porcentaje conseguido el domingo el PP no alcanzaría mayoría absoluta, IU quintuplicaría sus escaños, los grandes partidos nacionalistas ocuparían un gran arco parlamentario y el PSOE se derrumbaría. Esa es la tendencia, sin duda, pero creo que no en esa medida, porque las elecciones generales tienen otras claves. Lo que sí echo en falta -hace tiempo y ahora más- es una conjunción de los políticos de todos lo partidos, empeñados en sacar a este país de la situación en que está. Si ya se saben unos salientes y otros entrantes, que arrimen el hombro, que hablen con los chicos de Sol a ver cómo se sustancia ese vago maremágnum de propuestas, que pongan firmes a los gobiernos autonómicos para que entren en un juego solidario, que dialoguen con los empresarios y los poderes financieros para empujar todos en la misma dirección. Pero no, aquí cada uno a lo suyo y la casa sin barrer. Es como si hubieran sido abducidos por la ansiedad de llegar al poder o el terror de perderlo. Para hablar con ellos de la realidad hay que tener un encuentro en la III fase, porque se olvidan de que el poder no debe ser un fin, sino un medio para organizar lo colectivo.
y de todos los datos científicos que acreditan que la creación, de haberse producido tal y como dice la Biblia (que esa es otra) tuvo lugar hace cientos, o tal vez miles de millones de años, y no once mil años, que en la edad de La Tierra es un suspiro. Con este dato clamorosa e ingenuamente erróneo, deducimos que todo lo demás es un disparate, una alucinación, un cuento chino. No se comprende cómo los estados permiten que se atemorice a la gente de esta manera, porque siempre hay crédulos que pueden vivir días de verdadero pánico. Luego, no sé cómo se las ingenian, siguen adelante y buscan una explicación que otra vez es pura palabrería, que casi siempre nos emplaza a una nueva fecha. Hay una confesión religiosa que anunció la venida de Jesucristo para 1874 y el fin de los tiempos para 1890; luego aplazó estas fechas para diversos años del siglo XX. Lo raro es que, después de estas profecías fallidas, los adeptos continuaron siguiendo a sus líderes. Pues ahora pasa lo mismo, y siento curiosidad por ver cómo explican mañana que hoy no haya habido «arrebatamiento», ni Juicio Final, ni nada. Respeto profundamente las creencias religiosas, pero no tengo igual opinión de los manipuladores que se lucran de la industria del apocalipsis.
que se calle y siga humillado; es decir, algo similar a la esclavitud. Da vergüenza oír cómo esos poderosos gurús del capitalismo abogan por la contención de los salarios (que ya son de miseria), mientras ellos cobran millones o usan habitaciones de hotel de tres mil dólares sólo para dormir un rato. Ya se le ha visto el plumero a Gallardón, que ha mandado a sus guardias a desalojar a los jóvenes acampados en la Puerta del Sol, con la ayuda, eso sí, de la policía estatal, porque lo que predican estos jóvenes no es del gusto de los dos grandes partidos que controlan el poder desde hace treinta años. Mientras gane uno u otro les funciona su sistema, por eso ponen el grito en el cielo cuando aparece otra fuerza que pueda hacerles daño, aunque sea en una parte del territorio. De ahí la cruzada contra los partidos nacionalistas y la campaña de ridiculización de Izquierda Unida, a la que se suman con fáciles chistes influyentes comunicadores supuestamente progresistas. Ahora los dos grandes partidos, en boca de sus candidatos o en homilías de sus voceros afines, dicen que no votar es reaccionario, por lo que meten en ese saco a Saramago por la propuesta que hace en su celebrada novela Ensayo sobre la lucidez, aunque luego se confiesen admiradores del Premio Nobel portugués. Lo dirán tantas veces que seguramente calará en la gente, porque, Goebbels dixit, «miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá». También decía el ministro de propaganda de Hitler que «una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad». Dice realidad, no verdad. Yo digo que sigue siendo mentira, pero finalmente lo que interesa es cómo la perciben los ciudadanos y si la aceptan se vuelve real. Y ahí los poderosos ganan, tienen todos los instrumentos en sus manos. ya lo dijo Emiliano Zapata: «Lo peor no es la traición que se ve, sino la que no se percibe».