Publicado el

Solsticio de verano (Cultura canaria, pero menos)

Feliz solsticio

Feliz San Juan
Feliz verano


zzzz45Sancocho.JPG

(Y ahora que me doy cuenta: Lennon, Genet, Andersen, Cho Juá, Papini, el Tenorio, Huston y Bach se llamaban igual… Oye, y San Juan Bautista. Qué cosas)

*******************************************************************
CULTURA CANARIA, PERO MENOS

zzzftFoto0007.jpgAhora hay cambios políticos en las instituciones canarias y la gente de la cultura otea el horizonte como los centrocampistas de Matías Prat a ver qué se divisa a lo lejos. Nada. Hace treinta años que estamos pendientes de que se realice el despegue de eso que llaman cultura canaria, se han realizado congresos, encuentros y septenios y siempre el propósito no pasa de ser proyecto. Lo que enrama uno lo desenrama el otro, y la gente pone el grito en el cielo cuando se habla de sacar dinero público para apoyar a la cultura. Siempre es una miseria cuando se trata de hacer cosas productivas, y cuando hay dinero grande se gasta (malgasta) en grandes fastos o pagando cachés copiosos a los que vienen de fuera. No hay dinero para apoyar la música popular y aparecen grandes cifras para que actúen Sting, Alejandro Sanz o Shakira. La capitalidad cultural se apoya con novelistas extremeños, poetas catalanes y ni siquiera se acuerdan de utilizar la memoria de Galdós (para uno grande reconocido que tenemos…) Tampoco hay problema cuando se apoya el deporte o cualquier otra actividad, se mete dinero público y todo el mundo aplaude. No hay un Instituto Canario del Libro, una editora-distribuidora potente, una compañía profesional de teatro o de danza… Dicen que cuesta mucho dinero y luego se gastan más en burradas que ni siquiera tienen reflejo exterior. No es la costumbre de la queja, es la legitimidad de la crítica, porque no se entiende que una sociedad que quiere tener personalidad propia menosprecie lo único que se la puede dar: la cultura, que es mucho más que romerías. Por eso lo critico.

Publicado el

Políticos, vacaciones y recortes

El viejo adagio popular dice que «En tiempos de guerra, no se oye misa», tratando de explicar que cuando hay que estar con los cincos sentidos en algo no hay tiempo de hacer otra cosa, que aunque sea importante lo es menos que lo principal. Y de alguna manera esta frase podría aplicarse a la actualidad, porque no está el horno para andarse con tonterías, y estoy esperando a ver qué vacaciones van a tomarse los políticos que ahora están llegando a ayuntamientos, cabildos e instituciones autonómicas. Entiendo que todo el que trabaja tiene derecho a un descanso reparador, pero cuando en la guerra se da permiso a un soldado siempre hay otro que ocupa su lugar en la trinchera. zzzz4ccaanntte.JPGEs decir, lógico y humano es que los políticos tengan un período de descanso -es necesario para recuperar y volver con más brío- pero no que cierren las instituciones, porque chirría en las meninges que en verano cierre el Parlamento y que los distintos gobiernos no estén en pleno funcionamiento, cuando hay problemas urgentísimos que no pueden esperar a otoño. Para eso están los tenientes de alcalde, vicepresidentes y vice lo que sea, para que las instituciones sigan funcionando, y más ahora que hay temporal. Y es que los políticos -no todos, digamos que algunos-, sean del partido que sean, deben pensar que se merecen su cargo y que están ungidos por una gracia sobrenatural que los convierte en seres alados; cuando creía que algo había cambiado, veo informaciones en las que se refiere que un alcalde catalán se sube el salario el 32% y otro andaluz ha decidido tomarse un descanso de dos meses y no piensa dar clavo hasta septiembre. Los dos son del PSOE, pero tienen apoyos de otros partidos, y en cuanto al PP, resulta que el proclamado recorte de cargos e instituciones que María Dolores de Cospedal va a hacer en Castilla-La Mancha para controlar el gasto supone el 0,11% del presupuesto. Parece un chiste, pero así se las gastan los políticos a quienes por lo visto debemos estar muy agradecidos por dignarse a ser contemporáneos nuestros. Sin encima nos escucharan sería la leche.

Publicado el

Siete por tres veintiocho y me llevo tres


Hay números que no cuadran, y para eso no hace falta ser Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Gobernador del Banco de España, que ha dado unas recetas que se resumen en subir y bajar. Según él, hay que subir el IVA (supongo que aquí le toca al IGIC) hasta alcanzar el 21% y bajar los salarios, que por cierto es lo único que se le ocurre bajar. Pues muy bien; si suben los impuestos indirectos habrá encarecimiento, y si encima bajan los salarios ya me dirán ustedes a donde irá a parar el consumo, que es uno de los motores de la economía. zzzzssssss56.JPGPensará el Gobernador que como aquí el turismo es líder quienes tienen que gastar son los visitantes, que en sus países cobran salarios decentes, y los españoles a trajabar para ellos a precio de risa. Una cosa es que uno maneje poco los números (puede verse por el título) y que sus saberes macroeconómicos sean leves, y otra mis distinta es que se le pueda meter el dedo en la boca sin peligro. Nada ha dicho el señor Fernández Ordóñez de bajar las comisiones bancarias, de subir los impuestos a las grandes fortunas, de reordenar el SICAV (Sociedad de Inversión de Capital Variable -de grandes capitales, por supuesto-), donde se van retardando los impuestos hasta el día del Juicio Final (es ahora cuando se necesitan). Tampoco habló de los 194.000 euros anuales de su salario. Me da vergüenza ajena ver una y otra vez cómo personas que se gastan en un almuerzo dos o tres salarios mínimos, se quejan con cara de vícitma de lo caro que es el despido y de la necesidad urgente de compaginar los salarios con la realidad (compaginar es bajar y la realidad es la suya). Se supone que el Gobernador del Banco de España es un cargo público que tiene que defender la economía del Estado y los intereses de los ciudadanos, pero jamás ha dicho una sola palabra sobre los muchos desmanes que los poderes financieros perpetran cada día impunemente. Y vuelven una y otra vez con el mismo discurso agotado destinado a mantener un capitalismo voraz, también agotado.