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La televisión como servicio público

zzzx tele.JPGQue las cadenas de televisión privada nos llenen los fines de semana y los veranos con programas infectos, repeticiones sobadas y magazzines estúpidos puede explicarse seguramente porque la facturación de publicidad es la que manda y se piensa que en el verano la gente viaja o se va a la playa y no ve la televisión. Pero no es así para todo el mundo, pues hay un gran sector de la población que carece de medios para irse de casa, o que no salen los fines de semana, y es ahí donde la televisión pública debe ser eso, un servicio público. En verano tendría que haber una programación hecha con el mismo cuidado que durante el resto del año, porque hay gente que está hasta la coronilla de los veranos azules de Mercero, de las reposiciones de películas y telefilms manoseados y de programas de recortes. La televisión pública no está para competir en el mercado sino para dar productos audiovisuales interesantes, divertidos y novedosos. Y las privadas deberían implicarse un poco más, porque al fin y al cabo, como los panaderos, los farmacéuticos y los camareros, trabajan para la gente, aunque sea desde una empresa privada, porque los canales de la TDT e incluso los de pago, llenan sus parrillas de repeticiones. ¿Cuántas veces se ha tropezado con el mismo capítulo House, Bones o El mentalista?

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Las Canteras

Cuando yo era un adolescente, Gironella, que no es un escritor que me entusiasme, dijo en una entrevista que el que cree que su tierra es la mejor del mundo es un ignorante, y el que piensa que es la peor es un cretino. Aquella frase se me quedó grabada y me viene a la memoria cada vez que alguien empieza a descalificar o a elevar sin mesura lo propio. Hoy he estado en la Avenida de Las Canteras y es una gozada. zzzcanterasss.JPGCada vez que hablo de nuestra playa, acabo encontrando a alguien que la pone como número uno del mundo, o bien la reduce a mero arenal y recita de memoria las más famosas playas del planeta: Waikiki, Ipanema, La Concha… Y es una tontería tanto lo uno como lo otro. En el mundo hay parajes marítimos muy hermosos, y seguramente la belleza con que alguien los recuerda es también directamente proporcional al momento que vivió, a la persona que iba a su lado o a la memoria lejana que tiende a mitificar o difuminar los recuerdos y lo imaginado. Los que sí está claro es que Las Canteras es un lugar magnífico, y comparar nuestra playa con la de Copacabana o con las calas mediterráneas de las islas griegas es una memez. Es como cuando se comparan las fiestas de los distintos lugares. Si en una humilde romería vives un bello encuentro será para tí más fastuosa que el Carnaval de Venecia, y si en los Sanfermines te haces un esguince de tobillo será la fiesta más cochambrosa. En esa playa me ha ocurrido mucho de lo primero y nada de lo segundo; por lo tanto, recomiendo Las Canteras porque es un lugar de encuentros ideal.

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Alfonso Trece y la hija de los Beckam

No. Esto no va de asunto monárquicos, este Alfonso Trece es otro y viene a cuento por el nombre que los Beckam han impuesto a su hija (pobrecita). La verdad es que David Beckam, aunque debería, no me cae mal, y ha conseguido la cuadratura del círculo: parecer discreto y modosito cuando es todo lo contrario, una figura mediática que vende mucho y muy caro. Su esposa, Victoria, me cae menos bien, nada más verla doy zzzalfons].jpgun respingo, y cuando llega a mis oídos alguna de sus «profundas» frases me pregunto si el mundo se ha vuelto imbécil. Han tenido una hija, y en el colmo del exhibicionismo estúpido le han impuesto el nombre de Harper Seven, aludiendo a la tradición inglesa del nombre Harper y a distintas coincidencias en el siete, desde la hora de su nacimiento al número de la camiseta del padre en los campos de fútbol. La más hilarante es la relación espiritual que tiene el número siete, y lo dice una pareja que factura millones y millones de dólares no sé muy bien por qué. La espiritualidad del dinero es evidente. Es que, según mi prima Alfonsina, por aquí ponemos nombres a la buena de Dios, y eso hace que no conectemos con lo cósmico (mira por dónde la cosa viene por ahí). Según esta parienta que sabía todo de la familia, el nombre tradicional que casi por designio me correspondía era el de Alfonso, que por lo visto significa «combatiente», como mi tatarabuelo Alfonso que murió en la Guerra de Cuba o mi tío-abuelo del mismo nombre que desertó en la Guerra Civil (este entendió el nombre al revés), y que también era el de la notaria familiar. Resulta que mis padres -ambos- nacieron un día trece y se casaron también un trece, el nombre compuesto que se proponía para mí (y que al final es el que consta en el registro civil) tiene trece letras, la misma suma que las de mis dos apellidos. Es decir mi número cósmico debía ser el trece, por lo que mi nombre estelar tendría que haber sido Alfonso Trece. ¿Qué les parece? Por eso, al leer la noticia sobre el nombre y las razones del nombre de la hija de los Beckam me he acordado de mi lejana prima Alfonsina. Seguramente tenía razón, porque ese nombre -Harper Seven- que tanto lugar está ocupando en los medios, a mí me importa trece pares de Alfonsos (no estoy seguro, pero creo que no se llaman Alfonsos, seguro que me acordaré)
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(La foto podría ser una representación de los cuatro mundos, símbolo ancestral Burgundio que evoca a Alfonso El Germánico… Que no, que es coña; es una farola de la Plaza de la Feria, no hay que darle más vueltas)