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¿Decir la verdad es suficiente?


zmicrofono-n[1].jpgEl ministro de Economía se ufana en decir la verdad sobre la situación económica de España, lo mismo que ya lo han hecho Montoro, la ministra de Trabajo y hasta el mismísimo Presidente del Gobierno. Frases como «el paro seguirá creciendo», «en 2012 entraremos en recesión», «vienen tiempos muy difíciles» nos inundan cada día. Ahora resulta que anunciar lo terrible que va a ser el futuro inmediato es la quintaesencia de la democracia: «Decimos la verdad, no como otros». O sea, decir lo mal que estamos es la misión fundamental del Gobierno, y con que lo diga ya está cumpliendo. Vale, dicen la verdad, pero, aparte de eso, ¿piensan hacer algo para combatir la crisis o van a limitarse a seguir anunciando desastres? Como la liga de fútbol parece resuelta con antelación (aunque nunca se sabe), el duelo mediático Madrid-Barça ya no sirve como cortina de humo.Todavía falta mucho para prender la fiebre de «La Roja» por la Eurocopa y hace falta entretener a una población que sigue sumando parados (por supuesto, por culpa de Zapatero). Algo habrá que buscar para hacer ruido y llamar la atención de la gente para deje de pensar en qué está pasando realmente; ¿desempolvar el asunto de los trenes del 11-M podría servir?

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Gonzalo González, country y Ana Obregón

zbob-dy.jpgParece que alguien ha abierto la caja de Pandora y ha soltado de golpe todos los males posibles sobre Canarias. Si ya nos tenían fastidiados porque tenemos el récord de desempleo y porque la UE no firmó un acuerdo pesquero con Marruecos, ahora resulta que va y firma uno agrícola que nos fastidia aun más y en otro sector. Petróleo sí, petróleo no, gas a lo mejor y ya no sabe uno qué hacer con tanta ineptitud amontonada en el poder, que por lo visto no puede nada aquí, pero tampoco en Madrid y creo que en Bruselas se pasan el día llamando a Berlín. Con estos mimbres, lo único razonable que me viene a la cabeza es irme de carnavales. Mi idea era la de convertirme en un cuadro de Gonzalo González, pero como no tenía a mano un poema de María Jesús Alvarado ni sé tocar el clarinete como Celia Sánchez (que lo bordaron anoche en el San Martín), pensé que no me entenderían y me dije: «voy de disparate, como Sarkozy y el ministro Wert». Así que, por la vía de urgencia, he tenido que disfrazarme de Kris Kristofferson, lo que me obliga a rememorar el Festival Country de Nashville (Tennessee), y algo se me ocurrirá para hacer pasar una escoba por una Harley-Davidsson. Y aunque ya no tengo voz ni cosa que se le parezca, es posible que de amanecida me pillen cantando Me and Bobby McGee o cualquier sonido acústico que a esa hora no se parecerá nada a las voces de Willie Nelson y Johnny Cash. Es que con estos líderes (bueno, dejémoslo en cabecillas) no se puede razonar, y en vista de eso, he decidido echarme la camisa por fuera.
¡Vivan las drags!
¡Viva Ana Obregón!
…Que no, hombre, que no vitorees a Angela Merkel… No se puede con esta gente…
***
(Creo que el de la foto es Bob Dylan, pero no estoy seguro de si es en Nashville, en Arbejales o por la zona de Guanarteme. Es lo que tienen los carnavales).

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El Lazarillo y la reforma laboral

-Por fin los del Gobierno han hecho esa reforma laboral que tanto predicaban, don Virgilio. ¿Qué le parece a usted, que es tan entendido en esas cosas?
-Que buena no es para los pobres, doña Asunción.
-¿Ya ha leído todo lo que acordaron?
zFoto0155.JPG-No, todavía no.
-Pero, hombre, si no sabe las cosas de primera mano no puede opinar.
-Oí por la radio algo que dijo uno de la patronal, y deduzco que con esto pasa lo mismo que con lo de las uvas en la novela El Lazarillo de Tormes.
-¿Y qué tiene que ver esa novela con la reforma laboral?
-Pues que, en un pasaje del libro, un ciego y un muchacho, que es su lazarillo, comen uvas de un mismo racimo, y al terminar el ciego le dice al chico que éste ha estado cogiendo las uvas de tres en tres. Extrañado, el lazarillo le preguntó cómo, siendo ciego, se había percatado de su trampa. Y el ciego dijo: «porque yo las cogía de dos en dos y tú nada decías».
-Sigo sin entender, don Virgilio.
-Pues verá, doña Asunción: si a los empresarios les ha parecido bien la reforma laboral, yo, como el ciego, no necesito ver más para saber que debe ser mala para los trabajadores.
-¿Y eso lo adivina usted solo porque leyó esa novela?
-Es que, Señora Mía, leer libros enseña a pensar.
-Oiga, don Virgilio; y para saber si mi marido me engaña con alguna pelandusca, ¿qué libro tengo que leer?