Siempre es cuestión de fe
Se ha dicho siempre que Eros y el Thanatos son los motores de la vida, tal vez porque son dos conceptos que se basan en la incertidumbre, porque no dependen de nosotros y porque se saltan cualquier planificación previa. La literatura, como reflejo de la vida, también clava sus raíces en el amor y la muerte, entendiendo ambas ideas como el resumen de otras secundarias que finalmente confluyen en el pálpito humano: la soledad, el desamor, la esperanza, la desesperación… La muerte es un enigma que nunca tendrá solución en el mundo racional, y por ello es el combustible que hace arder las religiones, las artes adivinatorias y todo lo irracional. Nunca se está seguro de si es verdad o mentira, no se puede medir o palpar, es territorio para el pensamiento y era donde trilla la imaginación. El ser humano no ve más allá de lo que le muestran sus ojos, pero se resiste a pensar que su vida es equiparable a la de un tigre o una lechuga. Se habla de dimensiones abstractas, surgen profetas, chamanes y visionarios, que incluso pueden actuar desde la buena fe, pero que finalmente están sometidos a la duda. Como hablamos de lo intangible y no demostrable, tan vulnerable ante la ciencia es una echadora de cartas como el Romano Pontífice. Unamuno quería creer pero la razón le ponía trabas; Santa Teresa entraba en un territorio que era tan resbaladizo para los descreídos como para los fiscales del Santo Oficio; Tolstoi sufría por la salvación de los hombres dentro de una creencia religiosa. Los escritores que más han escarbado en el destino del hombre han sido precisamente aquellos que han puesto en cuarentena todas las prédicas y todos los credos.
y con eso agrandar el abismo que ya existe entre los diferentes estamentos de la sociedad. Forma parte esta ley del entramado que el PP está tejiendo a marchas forzadas en Justicia, aborto, Servicios Sociales, Sanidad, Dependencia… Siempre salen perjudicados los menos pudientes y siempre hay alguien que gana mucho dinero. Además, ya es que ni se paran a conversar (decir negociar o debatir sería una blasfemia). Porque ellos tienen la razón divina, que les viene del dios Don Dinero, y no se atienen a ninguna otra consideración. Se jactaba Rajoy en el Congreso de que van mejor las cuentas del estado, de que ha bajado la prima de riesgo, de que sus