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Lampedusa es África y nuestra vergüenza


El nombre de Africa procede del latín -otros dicen que se remonta al griego- y significa «expuesta al sol», o bien «dejada al sol». En Africa está el origen de la Humanidad (mientras Atapuerca no demuestre lo contrario), ha poblado todo el planeta y sigue dejada al sol, expuesta a la intemperie del hambre y el abandono porque sus descendientes europeos, americanos y asiáticos la han condenado al olvido, como quien abandona a sus padres en el desierto.
Y todo eso comenzó en Africa, ese continente que sigue tendido al sol, resecándose como clama su nombre, mientras los continentes que repobló siguen mirando hacia otro lado. Sólo van allí a buscar diamantes, petróleo, fosfatos, coltán… Esas razas impresionantes que están en el origen del hombre son nuestro predecesores, y han evolucionado como humanos, por eso el racismo contra la raza negra es, además de un signo de grave intolerancia, la demostración de una ignorancia supina sobre el origen de nuestra propia especie. Nosotros somos ellos.
z africaDSCN4471.JPGAhora, sin el menor respeto, se mira hacia Africa como un problema, como si los africanos se hubieran empobrecido por voluntad propia. Han sido las grandes potencias las que durante siglos han saqueado el continente, y siguen haciéndolo, como sucede ahora mismo en la República del Congo con la guerra del Coltán (columbio y tantalio), un mineral que es fundamental para los aparatos de las nuevas tecnologías de la comunicación. Por eso lo que ha ocurrido en Lampedusa debiera ser una campanada que despierte de una vez al Norte ciego que es finalmente el causante de esta tragedia.

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La valentía de Mujica y Bergoglio

Los políticos al uso miran al Presidente de Uruguay José Mujica y al Papa Bergoglio con una especie de conmiseración, como si se tratara de dos pirados que no saben estar en su sitio. Pues resulta que los discursos de la mayor parte de nuestra clase política están llenos de grandes palabras que luego se convierten en humo. Hoy sale la información de que en Sevilla se ha contabilizado el primer fallecimiento por hambre en España, en la persona de un inmigrante polaco de 23 años. Por desgracia, no es la primera, y produce indignación ver cómo los políticos se apresuran a hacer declaraciones, a emitir comunicados y a acudir aquí y allá. Con el dinero que se gastan en los procedimientos judiciales del caso, las pruebas forenses, los desplazamientos policiales y la gasolina de los coches oficiales de los políticos alrededor de este asunto, el joven falllecido habría pagado comida hasta convertirse en centenario. Hace tiempo que sabemos que Mujica no tiene pelos en la lengua y que es consecuente con sus palabras, y el nuevo papa se la está jugando, porque ni los poderes vaticanos ni los que revolotean alrededor (que son muchos) se andan con chiquitas.
zzjjj0984.JPGCreo más en los hechos que en las palabras, y tengo que decir que las palabras de Bergoglio ya son hechos, y no me duelen prendas al decir que empiezo a pensar que este hombre es de verdad. Y por eso me acuerdo de las medidas que tomaron el poder financiero internacional y las multinacionales contra los movimientos religiosos latinoamericanos que denunciaban la injusticia. Recordar a Monseñor Romero, al padre Ellacuría y sus compañeros o al párroco de Aguilares (El Salvador) es un buen argumento, o la nebulosa que hay en torno a la muerte de Juan Pablo I, o cómo se le hizo la vida imposible al Papa Pío XI, que en la encíclica Cuadragesimo Anno (1931) denunció los abusos del poder financiero que llevaron al crack del 29 y su estela de miseria para unos y de opulencia para unos pocos. Por eso me pregunto hasta dónde van a permitir que Mujica y Bergoglio sigan siendo díscolos. Su valentía merece el mayor respeto, porque no nacieron anoche y saben cómo va este juego. La hipocresía de los políticos españoles con respecto al joven muerto en Sevilla es estremecedora, y como ha dicho el Papa con respecto a los inmigrantes muertos en Lampedusa, es una vergüenza.

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¿Qué fue de la Declaración de Pekín?

zzzzzFoto0212.JPGEn septiembre de 1995 se celebró la muy esperanzadora Conferencia de Pekín (Beiging o como se diga). Han pasado exactamente 18 años y conviene recordarlo. Está muy bien que a veces las mujeres sean objeto de deseo, porque eso va con la naturaleza. Igual que los hombres, porque si no existieran Angelina Jolie, Georges Cloony y otros humanos por el estilo esta vida sería mucho más ingrata de lo que ya es. Pero no podemos olvidar nunca que la mujer es ante todo un ser humano, con los mismos derechos que los hombres, que en muchos países figuran ya en el papel, pero que aún falta mucho para que la letra se equipare a la realidad. En otros lugares, ni siquiera están escritos esos derechos, e incluso algunos que había se han borrado y la mujer vive en una constante humillación. Por eso, aunque suelen tener menos efecto los grandes temporales que la continua llovizna, es bueno que haya eventos como la Conferencia de Pekín sobre la mujer. Y casi dos décadas después me pregunto qué fue de aquella declaración que firmaron 189 países, porque miro a mi alrededor y veo que no solo no hemos avanzado, sino que el feminicidio se agranda: Afganistán, Nigeria, Guatemala, Ciudad Juárez. Hay como una consigna planetaria para destruir a la mujer, es de locos, algo que no me entra en la cabeza. Por eso, con muchísima tristeza, me pregunto qué fue de aquellos compromisos gubernamentales que con tanto ruido se firmaron en Pekín hace 18 años. Gallardón, por ejemplo, debe haberse olvidado que esa conferencia auspiciada por la ONU se celebró. Qué vergüenza.