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Sobre el dolor

Diez días después del accidente de Barajas, no acabamos de salir del estupor que provocó la tragedia a toda nuestra sociedad. Cada uno reacciona de manera distinta, y a unos el horror los mueve a escribir sobre ello tratando de explicar y explicarse algo tan intangible como la línea que separa la vida de la muerte. A otros, la tragedia los deja sin palabras, porque no entienden cómo y por qué el destino decreta quiénes han de cruzar esa línea.
3.JPGYo me cuento entre los segundos, porque confieso que siempre he tenido una muy mala relación con la muerte. No la entiendo, no me entra en la cabeza, y al mismo tiempo sé que es una ley biológica. Pero el destino debería permitir al menos que se cumpiera ese recorrido, y no ponerse en medio a segar vidas en su plenitud, o incluso apenas empezadas. Eso es lo que no entiendo.
En cuanto a los comportamientos públicos, una cosa es la solidaridad y otra sacar partido del dolor ajeno. No hace falta comentarios, ya se han retratado unos para bien y otros para mal. El dolor es estar entre los rápidos de un río, en un remolino personal en el que lo único que podemos hacer los demás es hacer notar a quienes sufren que estamos en la orilla esperando a que lleguen. Eso es todo lo que podemos hacer, pero hay que hacerlo.

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Deporte y sociedad

Es curioso cómo el COI determina qué deportes son olímpicos y cuáles no. A veces pienso que algunos han sido admitidos porque no tienen más remedio, porque en realidad lo que le interesa al COI es el pijerío máximo.
medalla.jpgEstá claro cómo deportes sacrificados como el atletismo o el ciclismo, populares como el baloncesto, el fútbol o el balonmano, o deportes muy olímpicos por tradición como la gimnasia o la natación tienen que estar en los Juegos. Pero me pregunto por qué son olímpicos deportes absolutamente minoritarios, restringidos y que sólo practican los niños-bien, que son los que tienen acceso a ellos. No menciono ninguno porque no quiero que me crucifiquen algunos de estos «deportistas».
La demostración está en que cuando el ciclista Samuel Sánchez ganó el oro estaba en Pekín solo, y su familia lo vio por televisión desde casa, no había dinero para tan largo viaje. Sin embargo, hemos visto cómo a los componentes de los equipos de estos supuesto deportes que digo los acompaña la esposa, la suegra y hasta el perro.

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Grandes frases

111.JPGSiempre nos han dicho que los grandes personajes de la historia han dicho frases certeras en su lecho de muerte. Alguna vez habrá pasado, pero no creo yo que alguien que agoniza tenga tino para hilvanar una sentencia universal.
Por el contrario, se entresacan de las obras y las vidas frases célebres que cada uno aplica a su antojo, y está al caso de Oscar Wilde al que le han adjudicado centenares, que luego no están en ninguno de sus escritos y no hay documentación de que las dijera de viva voz. Ahora, lo que se lleva son las frases mediáticas, y desde luego la palma se la llevan el «¿Por qué no te callas?» del Rey Juan Carlos a Hugo Chávez, la procacidad de Fernán-Gómez en una presentación («¡Vaya usted a la Mierda!») o el cabreo de Paco Umbral con Mercedes Milá porque no le había dejado tiempo de hablar de su libro. También depende de quien diga o respalde la frase, pues se cita mucho el «Hay gente pa tó» que parece que dijo el torero Juan Belmonte. Yo no sé dónde está la profundidad de estas palabras, pero están respaldadas nada menos que por Ortega y Gasset. Si Ortega llega citar a cualquier futbolista que dice «el fútbol es así», hoy estaríamos repitiendo la cita.
Y eso que no quiero extenderme en las tonterías que se popularizan en boca de Grandes Hermanos, chicas sin oficio conocido y menestrales varios. La última es: «¿Cómo te quedas? ¡Muerta!» por no hablar de título de la novela de Javier Sardá.