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La enseñanza

Resulta sorprendente la información que aparece en el Canarias7 de ayer, con referencia a la capacidad del niño de ocho años Nakul Goel para hacer cálculos metemáticos en segundos.
Foto0349.jpgEs evidente que el cerebro humano es una máquina con unas posibilidades aún desconocidas, y que debidamente adiestrado es capaz de muchas cosas. Lo que me sorprende es que existan esos métodos y no se generalicen, que quien lo domina haga cursos a los docentes para que estos puedan usarlo en el aula.
Por lo pronto, la expresión más usada en cuanto a la educación es el temido «fracaso escolar». Y es que ya la escuela no representa lo que siempre fue, porque la sociedad le ha perdido el respeto. Por otra parte, cada dos por tres se introducen cambios en el sistema, que no duran ni una generación. Tanta especialización en primaria puede que no haya sido una buena estrategia, y hay corrientes pedagógicas que afirman que esos cambios de profesores dispersan a los niños. Puede ser, por eso habría que sentarse a pensar en acciones efectivas que estén por encima de la creciente burocratización de la enseñanza.

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Ciudadanía en arameo

Si les digo la verdad, no entiendo cuál es la razón por la que la asignatura de Educación para la Ciudadanía tiene tantos detractores, desde la Iglesia Católica hasta algunos gobiernos autónomos del PP.
Aleph1.jpgSe supone que en esta asignatura se enseñan valores democráticos y de convivencia, se forma en la tolerancia y la no discriminación, se busca, en fin, educar ciudadanos y ciudadanas democráticos. Pero no quiero entrar en el tema, que para mí está claro, sino en las decisiones rayanas en la locura que se están tomando en algunos territorios. De verdad, creo que por ahí anda mucha gente con cargos de responsabilidad que no se está tomando la medicación.
Y es que ya es rizar el rizo -y entra en el territorio del disparate- que la Comunidad Valenciana haya determinado que la Educación para la Ciudadanía ha de impartirse ¡¡¡EN INGLÉS!!! Sí, sí, algo inexplicable, porque en Secundaria, los profesores de Filosofía y los de Historia -que son los habilitados para impartirla- puede que no hablen la lengua de Shakespeare. Por esa misma razón, la asignatura de artes plásticas debería impartirse en italiano, francés o ruso, según qué escuela pictórica se vaya a seguir, que esa es otra. Los entrenamientos de fútbol serán dirigidos en portugués con acento brasileño (para eso son más campeones del Mundo que nadie) y la música clásica en alemán, por lo de Bach, Mozart y Beethoven.
Por cierto, la Religión Católica se debiera impartir en latín, aunque los más puristas montarán el pifostio alegando que ha de ser en arameo, que era la lengua que hablaba Jesucristo; aunque lo que está en arameo es la cabeza de algunos.
(El gráfico es el Aleph, el primer signo del alfabeto arameo)

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El Nobel de Literatura

Como todos los años en octubre, comienza la danza de la concesión de Premios Nobel. El de Literatura se suele fallar el segundo jueves de este mes, aunque a veces lo retrasan al tercero, pero siempre es en jueves, al menos en los que yo recuerdo.
Medalla_.jpgEl Premio Nobel está mal dado desde sus comienzos, hace más de cien años. Alfred Nobel dejó establecido en su testamento que se le concediese a un persona con valores literarios en ascenso, como una especie de beca para proteger a los buenos creadores que pudieran dedicarse a escribir a tiempo completo. Pero no se hizo así, sino que se le empezó a conceder a plumas consagradas, que en la mayoría de los casos no necesitan el premio puesto que ya tienen reconocimiento amplio. Al final todo se reduce a politiqueos sobre si el galardonado va a ser europeo, americano o chino.
Siempre decimos que autores como Tolstoi, Galdós, Joyce o Borges fueron injustamente privados del galardón, pero en realidad no les hacía falta, porque han quedado en la historia de la Literatura con letras grandes. Es decir, no necesitaron el Nobel ni ellos ni su literatura. Como tampoco les añadió gran cosa a otros que sí lo obtuvieron, como Kipling, Hemingway o García Márquez. Ahora se habla de Philip Roth, de Vargas Llosa y hasta de Paul Auster. ¿Creen que estos autores necesitan el Nobel? ¿Les añadiría proyección? ¿Se les leería más? A todas estas preguntas yo contestaría que no, y tal vez el premio mayor para un escritor es que no necesite que le den el Nobel.