Querer y poder
En la actual coyuntura política, los hay que pueden, que no pueden, que quieren y que no quieren. Rubalcaba quiere y no puede, Rajoy puede y no quiere y Mas ni quiere ni puede. Hay otros que, aunque cuentan, están limitados en alguna de las dos cosas, o en ambas: Paulino tal vez quiera pero puede poquito, Cayo Lara podría querer, si fuese al mismo psicólogo que Giñán. Los demás no cuentan. De manera que, la pelota está en el tejado de tres, y sólo hay otros tres que pueden ayudar a recuperarla. Pero hay algo con lo que no cuentan, o no quieren contar, y son los movimientos ciudadanos, que ya van ganando algunas batallas aunque desde la derecha les caen chuzos de punta, y un día los llaman proetarras y otro fascistas. Luego está La Iglesia, que juega al policía bueno (la sonrisa incalificable del papa Francisco) y al policía malo (el látigo inquisidor de Rouco Varela). Europa dice cosas que se aplican a rajatabla cuando son negativas y que se despachan con un «ya veremos» cuando son positivas. El FMI vive en la esquizofrenia de dos discursos distintos e incompatibles y hace diez años que no acierta una. De manera que los que quieren no pueden y los que pueden creen que son enviados de los dioses y que el poder les pertenece por designio. Así que, entre la mala fe y la inoperancia está cada vez más claro que tendrán que ser los ciudadanos los que muevan ficha. ¿El Rey y la Casa Real? ¡Uf, vaya día de calóoooo!
La comparación es evidente. Mientras unos siguen de fiesta en su Trianón de viajes, grandes salarios superpuestos, beneficios incontables, robando directamente y creyéndose seres especiales con derecho a todo eso, otros pagan y pagan más, y cobran menos, estrangulados y encima aguantando reproches de los que miran desde el palacete. Y ya están cansados. De vez en cuando, por la ventana lanzan a la multitud una Eurocopa, pensado, como los romanos, que al pueblo se le doma con pan y circo. Lo que pasa es que empieza a haber poco pan. La historia se repite si no se aprende de ella, y por eso la gente sale a la calle muy cabreada por esa música que llega desde El Trianón. Están avisados.