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Carta abierta al Papa Francisco

A Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco. Ciudad del Vaticano.
Cuando fue elegido y tuvo aquellos primeros gestos que tanto impacto causaron, no me puse a aplaudir porque demasiadas veces la jerarquía católica se quedaba en meras palabras, y si encima era usted argentino, pensé que habría más verborrea hueca para cerrar el tópico. No es momento de hacer repaso de la historia de La Iglesia, que es tanto como decir la historia de Occidente, porque no pueden entenderse la una sin la otra y viceversa. Frente a la devoción, la entrega y la generosidad del pueblo, la hipocresía de los jerarcas. Llovía sobre mojado y no era fácil creer al séptimo pontífice que uno ve pasar por su vida; porque el peso del Vaticano incide en millones de personas, sean o no creyentes. Así que, expresé alguna vez mis reservas ante tanto entusiasmo y me senté a esperar, porque los hechos determinan los liderazgos más que las palabras.
imagen francisco 1.JPGNo se han cumplido aun dos años desde que se calzara las sandalias del Pescador y siento una enorme alegría al tener que rectificar mi postura. Por primera vez, en la historia reciente de más de un siglo de convulsiones, la máxima figura del catolicismo se ajusta a las palabras evangélicas. Han pasado muchas cosas, la cúpula eclesiástica siempre junto a los poderosos, muchas actitudes inexplicadas en pontificados brumosos en tiempos conflictivos y de bonanza, encíclicas, catecismos, discursos… todo pura retórica y hechos muy confusos. Tendríamos que remontarnos 133 años, a la encíclica Rerum Novarum de León XIII (mayo de 1891), para encontrar un posicionamiento tan rotundo de un Papa a favor de los más débiles.
En teoría, el Vaticano carece de poder temporal estimable, es simplemente la cabeza de un poder simbólico; pero es tan fuerte este símbolo que su vibración se percibe inmediatamente. Utilizar esta enorme influencia a favor de lo que es justo se entiende como el abc de un pontífice y todos sus pastores, pero la historia nos dice que no ha sido así. Lo que ha hecho usted, Papa Francisco, es que ha logrado conjuntar los gestos, las palabras y los hechos como ninguno de sus antecesores. Su actitud decidida, su discurso directo, sencillo y a la vez muy profundo, su posicionamiento claro en asuntos vitales para la Humanidad, lo convierten ya en un referente del tamaño de Gandhi o Mandela, y parece que va a más.
imagen francisco 2.JPGLa tragedia de la inmigración desde la miseria, las guerras como negocio de la industria armamentística, la agresión al planeta, el esclavismo, el derecho a la dignidad a través del trabajo… Parece imposible que en tan poco tiempo haya puesto sobre la mesa los verdaderos sufrimientos de los seres humanos y haya señalado con el dedo a sus responsables (ahora anuncia una encíclica ecologista). Los temas doctrinales son otro asunto, pero ahí también lo veo distinto.
Al mismo tiempo está limpiando la casa y poniendo en orden lo que no era de recibo. Sin miedo, con una sonrisa afable, con la cercanía del que sabe que está haciendo lo que debe. No habla como un iluminado, ni se adjudica la representatividad divina; es usted un hombre que retira su plato de la mesa, que responde al teléfono, que toca a la gente. La divinidad -teólogos aparte- es la unión de voluntades para avanzar en armonía; y yo creo en ese Dios al que no dice representar, pero que empieza en usted sencillamente porque, como dicen sus paisanos argentinos «no se la cree». Usted mismo se bajó de la torre cuando dijo a los periodista en un avión «¿quién soy yo para juzgar a nadie?»
No van a ponérselo fácil. Un hombre así molesta a muchos poderes, empezando por los vestigios recalcitrantes de boato, avaricia y connivencia de su propia casa. Por eso necesita del apoyo de toda la gente de buena voluntad para derribar obstáculos muy duros. Creo que usted, Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco, es providencial en este momento de la historia.
Atentamente.

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Obleas como panes

Don Mariano Rajoy: Es mentira que haya aumentado el empleo, se trabajan menos horas y más repartidas con salarios criminales.
Don Artur Mas: Lo que pasa en Cataluña es exactamente lo mismo que ocurre en toda España, que los gobernantes, usted también, solo piensan en las grandes corporaciones que los sostienen, en su permanencia en el poder y en sí mismos, aunque se hunda la sociedad y hasta su propio partido. Así que no me venga con victimismos.
IMG_0367.JPGDon Paulino Rivero: Que usted acuda a todas las romerías vestido al uso tradicional está visto que no funciona. Pruebe a ver si vestido astronauta se reduce ese 33% de desempleo que asola Canarias.
Don Pedro Sánchez: Cada día me cuesta más entender qué es exactamente lo que usted propone.
Don Cristóbal Montoro: Resulta muy cómico, patético y esperpéntico que suba el salario mínimo 0,5% y las pensiones 0,25%. Supongo que no pretenderá que aplaudamos mientras sus presupuestos destruyen la educación, los servicios sociales y la sanidad hasta jugar con la vida de los pacientes. Ah, que va a privatizarlo. Entiendo.
Doña Susana Díaz: ¿A qué juega usted? Es solo por saber y eso.
Don Pablo Iglesias: Me imagino que sabrá usted que nuestro rico refranero dice que no es lo mismo predicar que dar trigo.
Doña Rosa Díez, don Albert Rivera, doña Patricia Hernández: Dejen de repetirse, por favor, ya cansan.
Don Alberto Garzón: Aclárese, hombre, que el tiempo corre.
Dones y doñas varios y varias: Solo por asegurarme ¿saben qué significan conceptos como interés general, protección a los más desfavorecidos, servicio a los demás, respeto a la voluntad popular y cosillas de esas que ustedes u otros como ustedes han escrito en La Constitución? ¿Se acuerdan de que había que parar los deshaucios injustos, reformar la Constitución, transparentar de verdad la gestión pública, perseguir y prevenir la corrupción, fortalecer los aparatos judiciales, proteger a la infancia…? Ya, que se han despistado. Vaya por Dios.
Por cierto, don Luis de Guindos, ¿vive usted todavía?

Y como lo Cortés no quita lo Atahualpa, a todos y a todas,
¡que tengan un buen 2015!
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¿»Marianismo» o casualidad?

Quienes alegremente consideran que la derecha conservadora hace las cosas «a la buena de Dios», o llegan a decir que es poco inteligente, cometen un error. Basta observar la secuencia de los acontecimientos más cercanos para darse cuenta de que en realidad los conservadores no dan puntada sin hilo, y hasta lo que parece que les va en contra lo aprovechan subliminalmente a su favor. El asunto del papel de la mujer en la sociedad es algo que en la España carpetovetónica es como un goteo que a veces es tsunami cuando se trata de legislar desde los campanarios.
imagen estrellas rut.JPGTodo eso, aparte de entroncar con los cuadernos «formativos» de la Sección Femenina de tardes de costura, silencio y «urbanidad», es una representación clara de lo que las sociólogas Evelyn P. Stevens y Denise Peeters ven como «Marianismo», por la contraposición de los mitos de María y Eva. La tradición dice que un niño nace de mujer en la que es inconciliable la maternidad y el sexo, y el discurso se completa con la superioridad moral de la mujer por su capacidad de sacrificio y humildad, una superioridad que la condena a un segundo plano. Eso es el Marianismo, y ya es una curiosa casualidad que el presidente actual se llame Mariano.
Que esa España conservadora (es una manera amable de llamarla) siempre está rediseñándose lo hemos visto en estos días, cuando un medio de línea bien definida hacía un «retrato» de la esposa del presidente del Gobierno. No es baladí que se publique en estas fechas en las que el mito de la familia del portal Belén está omnipresente. Entresaco algunas afirmaciones que tratan de dibujar a la «esposa perfecta»:
«- Jamás interviene cuando no debe y está siempre en su sitio.
– Culta, cinéfila, lectora y profundamente religiosa.
– Vive pendiente de sus dos hijos y de su anciano suegro.
– Su madre contaba que era muy estudiosa y tenía unas manos buenísimas, hasta el punto de que se hacía sus propios «apaños» con la ropa.
-Su perfil es el de una esposa dedicada por completo a su familia, dispuesta a lo que sea por apoyar a su marido».

Esta prédica y otras son cargas de profundidad con olor a incienso y sacristía que tratan de que se extienda como una mancha de aceite, y están perfectamente planificadas en la forma y en el tiempo.

***
No me olvido: les deseo que nunca dejen de buscar la felicidad,
esta noche y siempre.