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Valentina, mi guitarra

Este texto lo publiqué hace 8 años, y como todo lo permanente, sigue valiendo hoy:
Fotos prueba tr5.JPG«En mi casa hay una guitarra que no es mía, aunque la considero mi guitarra. Fue un regalo que hice un 14 de febrero, y mira por donde, al final he sido yo quien más ha disfrutado de su compañía. Y es que siempre he visto en esa guitarra una metáfora del amor, algo que regalas y que finalmente te vuelve en razón del ciento por uno.
Sobre el amor han escrito mucho y han cantado más, pero yo creo que no hay poema de amor más hermoso que el simple sonido que sale de una guitarra que amas y que pulsas con todo lo mucho o lo poco que sabes. Esas notas sublimes o torpes son una respuesta a tus caricias. Eso lo sabían Alfredo Zitarrosa, Jimmy Hendrix, Atahualpa Yupanqui o Paco de Lucía. Y es que las guitarras son un misterio, y no porque tengan forma de mujer, sino porque son bellas, y la belleza siempre es misteriosa.
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La naturaleza del escorpión

Con muchos matices, se suele sentenciar que el desconocimiento de la historia nos condena a repetirla. Y debe ser verdad, porque la frase se le atribuye al británico Winston Churchill, al argentino Nicolás Avellaneda, al español Jorge Santayana y a no sé cuántos más nombres de relumbrón, y su recorrido se remonta 2.500 años, pues hoy he oído que fue Confucio el primero en decirlo (deducimos que en chino). Creo recordar que alguna vez han colocado la frase a Dante, a Goethe y, por supuesto, al hidalgo don Quijote, a quien le han adjudicado unas cuantas majaderías que, por mucho que busques en los dos tomos de sus andanzas, nunca encontrarás, porque es muy socorrido apoyarse en el personaje cervantino, y a alguien con lustre se le debió ocurrir alguna vez poner en su boca aquello de «ladran, luego cabalgamos»,aaDSCN3746.JPG y ya se repite sin saber que Cervantes nunca escribió tal cosa. No nos dicen quién ladra si no es perro, y desde luego don Quijote no pudo cabalgar a lomos de un jamelgo tan perjudicado como Rocinante, que, como mucho, iría al trote cochinero porque no daba para más y porque, en caso de poder alguna vez, habría dejado muy atrás al pobre burro, que tampoco se llama Rucio, sino que Sancho lo nombra como «el rucio» al referirse a él por el color de su pelaje. Lo de repetir la historia también lo he escuchado en un latín «muy creativo», y atribuido al mismísimo Marco Tulio Cicerón. Continuar leyendo «La naturaleza del escorpión»

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Correr es de cobardes, haz running

Los anglicismos son como una mancha de aceite que se extiende por todos los rincones del español (supongo que también de otras lenguas). Últimamente hace furor poner etiquetas en inglés, sea could, hardcore o VIP, o los nombres de actividades que siempre fueron senderismo, reventar los precios o cambiar de canal de televisión, y que ahora son trekking, dumping o zapping. La palma se la lleva con diferencia el sufijo -ing, que se usa para todo: casting (audición o prueba), parking (estacionamiento) o rating, que tiene variados usos. Por añadir el infausto apéndice que no quede, pues ya se lo ponen hasta a palabras en español, y a lanzarse atado de un puente lo llaman puenting, cuando, hasta donde yo sé, puente en inglés es bridge. Y encima estos palabros evolucionan, recogen nuevos matices o los impone la publicidad o el papanatismo.

waIMG_3606-1.JPGHablando de lo mismo y a la vez de otra cosa, antes salíamos a correr; con el chándal llegó el footing, que luego se llamó joggin y más tarde running, sin tener en cuenta los matices que cada palabra tiene en inglés. Continuar leyendo «Correr es de cobardes, haz running»