Esopo, autor de la antigüedad arcaica griega, imaginó, inventó o recopiló docenas de fábulas. En buena parte de ellas, los animales representan a seres humanos o sus pasiones, virtudes y defectos (antropomorfismo). Estos relatos han atravesado más de 25 siglos, y han servido como inspiración de otras obras, pues, aunque la mayor parte tienen un esquema de relato infantil y su moraleja indispensable, como toda obra valiosa tiene muchas lecturas. Nombres insignes como fabulistas, del peso de Lamartine, Samaniego o nuestro paisano Tomás de Iriarte nunca negaron que Esopo es la fuente inicial del género y de muchas otras fábulas que él no escribió pero que dejó flotando en el ambiente.

Los estudiosos de la Literatura han dejado bien claro que muchas de las grandes y fundamentales obras que conforman las columnas de toda la cultura occidental tienen su primera piedra en una aparentemente sencilla fábula de Esopo que huele a parvulario: El águila y la zorra, El escorpión y la rana, El león y el ratón, La cigarra y la hormiga, La liebre y la tortuga, La zorra y las uvas… Una de las fábulas de Esopo que ha pasado de puntillas dos milenios y medio es El pastor mentiroso, que hoy se conoce más después de que la reescribiera el compositor ruso Prokófiev en 1936, para atender el encargo que le habían hecho de una obra musical pensada para estimular a los niños en el amor a la música. Le dieron un guion para que basara en él una composición, y como no le gustó lo que le entregaron escribió él mismo el texto, haciendo una adaptación libérrima de la fábula de Esopo. Solo cuatro días después se convertiría en el poema sinfónico Pedro y el lobo, que entonces no tuvo un buen recibimiento, pero que hoy es un clásico contemporáneo.
Con los dirigentes políticos está pasando lo mismo que en el cuento de Esopo/Prokófiev, que vienen una y otra vez anunciando que viene el lobo y luego no hay tal lobo o es simplemente un gato manso y asustadizo. Nos han anunciado tantas veces a ese lobo terrible, que, si alguna vez viene de verdad, seguramente no lo creeremos porque ya nos han engañado mil veces. También ocurre lo contrario, que nos dicen que no hay peligro y luego no solo viene un lobo, sino una manada hambrienta y furiosa.
Con todo este asunto del hantavirus y el crucero anclado en aguas de Cabo Verde como un barco fantasma de escenario, y que encima tiene bandera de Países Bajos, por lo que le cuadra perfectamente El holandés errante, una leyenda que tiene que ver con pactos con el diablo o historias marineras, y que se ha visto muy reflejada en obras literarias y, sobre todo, en la ópera de Wagner del mismo título, aunque en ninguna de las muchas versiones que hay de la leyenda queda claro si El Holandés errante es el capitán o el propio barco fantasma.
Pues El Holandés errante ha vuelto a aparecer, combinado con El Pastor mentiroso que luego fue Pedro y el lobo. Ushuaia, Santa Elena, Cabo Verde, Canarias y no sabemos si llegará alguna vez a su Holanda de origen. Nos han dicho una cosa y la contraria y se ha generado un sainete sin risas entre los gobiernos de Canarias y el Central. Y como ya estamos acostumbrados a que nos pase como con los anuncios del pastor mentiroso del cuento, nunca estamos seguro de si nos mienten, nos dicen solo una parte de la verdad o hacen un mixto. Como el miedo es yesca para el fuego político, cada cual lo utiliza a su manera, y hemos visto estos días acusaciones de prepotencia, colonialismo, insolidaridad territorial e incluso humanitaria. Demasiados aullidos, y no podemos hacer actos de fe cuando los predicadores son los mismos que no vieron venir la COVID-19, o los que la utilizaron en beneficio propio. Ahora seguramente es distinto, pero es que despierta recuerdos de hace 6 años, cuando nuestro mundo se desmoronó.
Espero y deseo que todo se resuelva favorablemente, pero seguro que lo alargarán en el tiempo, cada vez con más volumen de griterío y de insulto. Es lo que siempre pasa en España, salvo en algunos períodos muy cortos en los que parecen recuperar la cordura. Si en los próximos meses el turismo sigue boyante, para unos será porque España es la leche de solidaria y para otros porque Canarias se plantó; si baja la demanda, será porque Madrid no tuvo sensibilidad con Canarias o porque Canarias fue insolidaria.
Rastreando posibles explicaciones a esta jaula de grillos, vuelve la burra al trigo y a la teoría de Américo Castro que me persigue, pues afirmaba el profesor que España es como es porque, cuando fue invadida por los árabes en el siglo VIII, dejó de gravitar alrededor de la romanidad y el europeísmo y se circunscribió al credo cristiano. De ahí nace esa incapacidad para el perdón y el resabio que regurgita una y otra vez por cualquier razón, que si no existe se busca, porque es como la naturaleza del escorpión (otra vez Esopo), con el añadido del peso que el judaísmo siempre tuvo durante la Edad Media. Esta teoría puede mantenerse desde el discurso, pero ha sido siempre muy polémica; su aventajado alumno, el canario Juan Marichal, incidía en que a don Américo Castro se le critica porque no se quiere aceptar de verdad que España es el resultado de la coexistencia y de la lucha entre cristianos, musulmanes y la importancia que señaló Américo Castro del factor hebreo y sobre todo de los judíos conversos.
Por su parte, don Pedro Laín Entralgo decía: «hay hombres pontificales, que unen; pero en nuestra historia y en el presente abundan los hombres hereticales, que son los que saben dividir y enfrentar y lo hacen a ciencia y a conciencia» (la segunda parte la entiendo bien). Por discursos enrevesados que no quede, pero tal vez entendamos mejor las claras palabras de Antonio Machado, para explicar y entender ese espíritu guerracivilista que lleva siglos reproduciéndose, que vuelve repetidamente a un punto que creíamos haber dejado atrás para siempre.
Lo que sí es seguro es que, en tiempos de confusión, tratan de medrar los falsos profetas. Hay que cuidarse de ellos, que se ensañan con la debilidad como los buitres. Como siempre, en tiempo de tribulaciones, recurro a la literatura, otra vez a los versos del poeta tinerfeño Iván Cabrera Cartaya: “Te confieso que ahora justamente / no quisiera quedarme solo./ Solo y lleno de pánico / en este templo donde vuelven / a entrar, tímidos e incansables, / los irritantes profetas”. Es decir, estoy hasta el gorro de pastores mentirosos y de holandeses errantes.



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