Entra en el juego y vencerán otros

 

Hay quien parece sorprendido de que se haga realidad la vieja sentencia latina “divide et impera”, que traducen como divide y vencerás. Pero esa sentencia se ha ido malpensando durante siglos y ahora parece algo que no es. Cuentan que, durante la Guerra de Las Galias, Julio César diseñó la estrategia de atacar hoy un poblado galo, la semana próxima otro que estaba muy alejado, y el mes que viene otro también disperso. De esa manera intentaba conseguir dos cosas: atacar cada vez a fuerzas pequeñas, y a la vez ir cortando la comunicación entre las partes del territorio.

 

 

No soy muy buen lector del libro que el propio César escribió contando la conquista de La Galias (apenas algunos capítulos como ejercicios de traducción cuando era estudiante) y por ello ignoro si esa campaña fue realmente como dicen que César planificó, pero de ahí sale la idea que se malinterpreta desde tiempos de Maquiavelo (milenio y medio después). Es decir, cuando tengas varios enemigos, los enfrentas y ellos se debilitan entre sí. Y seguramente será una buena medida, aunque habría que buscar la manera de que se enfrenten, y eso a veces no es sencillo, pero así ha quedado y así se repite hasta el agotamiento, aunque ese “divide y vencerás” no sea de la manera que supuestamente imaginó Julio César.

 

El hombre más renombrado de Roma, venía del más furibundo republicanismo, y estiró tanto el doble elástico de la república y el poder que, casi sin querer, fue el causante del inicio del Imperio, aunque él nunca fuese emperador; paradojas de la Historia. Una de las interpretaciones de esta frase, dijérala o no Julio César, consiste en que los problemas importantes es mejor acometerlos por partes, parcelar los matices de un asunto e irlos resolviendo paso a paso, porque afrontarlos de golpe en todos sus matices podría haber imposible la solución. Esto es lo que se hace actualmente con la informática, parcelando ese revuelto campo de algoritmos, y aquí dividir no es enfrentar, sino afrontar por partes, justo lo que venía a predicar el Cholo Simeone, entrenador y semidiós colchonero cuando predicaba (y a veces predica todavía) aquello de “vamos partido a partido”. En fútbol parece obvio, porque no se pueden jugar tres docenas de partidos simultáneamente, pero viene bien recordar ese detalle.

 

Como atravesamos un tiempo en el que lo que parece gustar más es el trazo gordo, se ha tirado por la calle de Enmedio. No se trata de solucionar un problema, se busca la manera de que el problema se autodestruya como si fuese una pompa de jabón. Y como desafíos de la envergadura de los que hay en esta época no se evaporan, lo que se intenta es crear confusión para que los elementos que lo componen (muchos en asuntos tan grandes) se enfrenten y, si no se resuelve el problema, al menos consiguen señalar un culpable, da igual quien sea, porque de lo que se trata es de que vale cualquiera con tal de no ser quienes tienen la sartén por el mango.

 

Tomemos cualquier asunto, como por ejemplo el de la escasez y carestía de la vivienda, sea en compraventa o en alquiler. Si se trabajase en la idea que proviene de la primigenia frase atribuida de César, se estaría trabajando en coordinación; unos en la creación de suelo fabricable, otros en el control del precio de los alquileres en relación con los salarios (los problemas se cruzan) y todos, en fin, remando a favor. Pero ya ven, estamos en esto desde hace varios años y no se mueve una pluma. Se hacen leyes, se dictan decretos y se presentan deslumbrantes proyectos. Nada sirve, al contrario, todo se diluye o se eterniza.

 

Y así sucede con todo: la sanidad, las migraciones, los salarios, los estudios o la generación de puestos de trabajo. Todo parece ir a peor, y va a peor, porque hasta los avances científicos y tecnológicos funcionan a favor y en contra, sirven para grandes cosas y a la vez crean problemas, y un ejemplo claro es la inteligencia artificial, que puede ser muy útil pero que en otros sectores han puesto patas arriba muchos conceptos respetados e inamovibles durante siglos.

 

No se ve luz alguna que señale el camino, porque en el “divide y vencerás” lo que funciona no es la idea de trocear los asuntos y acometerlos por partes, sino ir al bulto grosero. Ya ni los diplomáticos negocian, solo se exhibe fuerza o se manipula la información para que otros sean presa del miedo y claudiquen. Maquiavelo, tan sutil, elegante y sinuoso, parece habernos conducido contra el muro de nuestra irracionalidad, y ni Descartes queda vivo en su defensa de la necesidad de pensar. O puede que algunos se escuden en Maquiavelo sin haberlo entendido, o incluso leído.

 

Hay que reconocer que liarla de esta manera no ha sido sencillo. Esto empezó hace casi medio siglo, pues el mundo entonces pareció obedecer a una serie de hechos y personajes que han ido determinando el actual estado de cosas. Los grandes momentos históricos pueden suceder en pocas semanas, incluso días, pero no surgen de pronto por generación espontánea, sino que son consecuencia de otros factores que han ido creando situaciones límite.

 

Por lo tanto, debemos considerar que la confusión está servida, lo que no sé si finalmente los pescadores ganarán algo en esta pesca de río revuelto. Se está consiguiendo algo que raras veces pasa, si es que alguna vez ha ocurrido. Me refiero a que se están cruzando los enfrentamientos, y esto no sucede porque sí, tal vez sea provocado, o ya la inercia del laberinto crea estas monstruosidades sociales. Debemos entender que la división es un hecho en la peor de las interpretaciones.

 

Se enfrentan las razas (y eso que científicamente solo hay una sobre este planeta), los dueños de una sola vivienda versus grandes tenedores, las culturas, las religiones y hasta las generaciones. Circulaba hace unos días por las redes sociales (que esa es otra) una pregunta con muy mala uva: “¿Son muy bajos los salarios o muy altas las pensiones?”. Con esta música, la respuesta es letal, cuando en realidad el problema de los salarios no está en las pensiones, porque, si bajaran las pensiones puedo asegurarles que no subirían los salarios. Porque es muy perverso relacionar salarios con pensiones, cuando ni siquiera proceden de la misma fuente. Es una pregunta con trampa, pero como de lo que se trata es de crear enfrentamientos, los sindicatos y hasta la lucha de clases parecen juegos de parvulario. Nunca vencerá la ancianidad contra la juventud ni lo contrario; vencerán los que crean ese falso litigio. Y es una advertencia para los jóvenes, porque les comunico que cada doce meses cumplirán un año más, y un día cualquiera verán que han cruzado la invisible línea del tiempo y están en el bando que combatían hace un minuto. Cuando entras en el juego del divide y vencerás, siempre ganan otros.

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