Con el tiempo meteorológico ya no hay manera de acertar, porque ahora hay borrascas, danas, nubes convectivas y ciclogénesis explosivas, que vete a saber si son cosas diferentes, pero para diferenciarlas hay que saber mucho. Antes solo había temporales, unos más grandes, otros más chicos, y los más entendidos nos hablaban de nubes de desarrollo vertical -que era una expresión para parecer estudiado pero que nadie sabía explicar- o del famosísimo anticiclón de Las Azores, aunque nadie sabía qué era eso. El alisio no tenía pedigrí, era simplemente la brisa que viene del nordeste, y que cuando falla se mete la calima, que sí sabemos qué es porque se nos ponen los ojos rojos, se nos seca la garganta y se llenan las Urgencias con gente que no puede respirar.

Unos dicen que este año ha habido más invierno que nunca, otros que ha sido el más cálido de los últimos no sé cuántos años, y lo cierto es que ha sido un invierno muy lluvioso en Canarias. Y aunque ha habido una desfile de borrascas más poblado que el de las candidatas a reinas de los distintos carnavales de por aquí, ya está aquí la primavera, y nos coge con la isla verde, los embalses llenos (antes los embalses estaban en La Península, aquí siembre han sido presas, pero hasta eso se va perdiendo) y un cierto optimismo agrícola, aunque el ruido de una guerra que también nos afecta indirectamente (de momento) nos tiene en vilo.
El caso es que tener las presas llenas no nos sirve de mucho porque las grandes superficies compran en otra parte y venden a precios con los que nuestros agricultores no pueden competir. Llega la primavera, sí, ha sido un buen año de agua, también, pero la apisonadora de la burocracia sigue condenando a Canarias al monocultivo del turismo, y parece que no vemos un palmo fuera de esas orejeras. Ojalá el comienzo del ciclo de las estaciones desembote las cabezas de nuestros dirigentes -que no son solo los políticos- y de verdad empiece a diversificarse la actividad económica canaria, con mucho peso en el turismo, pero con voz y voto en otras actividades. Sigo diciendo lo mismo: la primavera es el primer tiempo, el de la floración, y espero que también el de las ideas llevadas a la práctica.
Aparte del ruido de las guerras -porque, por desgracia, hay que hablar en plural-, estamos en plena feria de elecciones, una detrás de otra. De momento, en Canarias solo se vislumbran las anunciadas para 2027, que son el final de ciclos estatal y local, pero lo que pasa por ahí también nos afecta, porque la política se está jugando en milímetros y todo lo que ocurre por ahí acaba afectándonos. En Canarias, hasta ahora, dependiendo de enemistades, presiones o talantes, los gobiernos se conforman unas veces con unos y otras con el que ayer era oposición, y si miramos los resultados habidos en sucesivas convocatorias al Parlamento de Canarias, no es raro que la fuerza más votada se quede en la oposición. ¡Y venga democracia!
Este juego de trileros lo ha manejado como nadie Coalición Canaria, que tiene su centro de gravedad en los diputados por Tenerife, y si volvemos a revisar los números veremos que esta fuerza ha hecho magia electoral para alcanzar el poder, porque con una aportación parlamentaria de seis o siete diputados ha logrado controlar al resto de CC, y con esta potencia añadida un Parlamento en el que 31 eran mayoría necesaria, en un hábil juego de matrioskas rusas que los eleva a la categoría de Anthony Gatto, aclamado como el supermalabarista mejor del mundo. Ahora, con la ampliación de número de diputados, nada ha cambiado en las reglas del juego.
Dicen que los tiempos han cambiado, y que otras marcas ya asentadas y alguna de nuevo cuño pueden cambiar la relación de fuerzas parlamentarias. Pues no sé yo. Lo triste es que ninguna de las fuerzas estatales tiene un proyecto en el que se tenga en cuenta Canarias, y las que se venden como nacionalistas juegan finalmente a lo mismo. Y resulta paradójico que entidades de fuera sí que nos tienen en su agenda, sea en la profundidades africanas, en el noroeste africano o en lejanas cancillerías en las que parece que hemos vuelto a siglos de colonialismo pleno, con amenazas claras o veladas, haciendo exhibición de fuerza ante los más débiles.
Eso no parece preocupar a los partidos políticos canarios. Los debates tienen que ver con la elección de candidaturas y las lapidaciones varias. ¿Por sus adversarios políticos? ¡Nooooo! ¡Por sus compañeros de partido! Está muy bien que se debata si este o aquella, si primarias o digitales, si… Ni siquiera se entra en lo importante del sistema que es la representatividad proporcional (aunque sea corregida) o en las listas abiertas. Pero en la tesitura de casi emergencia humanitaria que vivimos, incluso es secundario el sistema electoral, quiénes sean los candidatos o cómo se elijan; si no hay proyecto es humo de pajas.
Y otra vez volvemos al lugar del que por lo visto nunca hemos salido. Acudamos a quienes más saben, y pocos como Antonio Machado han definido esta nación, desde pintarla como «Charanga y pandereta» hasta plasmar la terrible idea de las dos Españas. También hubo dos Francias, dos Alemanias, dos Holandas, porque siempre existieron ricos y pobres, amos y servidores, aristócratas y plebeyos. Esto cambió sustancialmente en Europa con las revoluciones burguesas del siglo XVIII, y aunque sigue habiendo de todo, las diferencias se fueron reduciendo poco a poco. En España no, aquí esa revolución no sucedió, porque el país contemporáneo fundado por Las Cortes de Cádiz en la Constitución de 1812 fue laminado por el absolutismo fernandino, y se perpetuó con el caciquismo provinciano, la maledicencia programada, los nacionalismos excluyentes y la utilización del miedo, con la religión como aliada.
Y si Machado definió España, antes Galdós la retrató desde todos los ángulos, con unas fotografías permanentes porque no se mueven; casi siglo y medio después, esta sigue siendo una sociedad galdosiana. Hay una plutocracia que lo maneja todo con el poder del dinero y el látigo del miedo. ¿Qué puede esperarse de un país en el que hay un bar por cada 165 habitantes y un investigador por cada 15.000? Noticia de calado y de última hora: acabamos de entrar, otra vez, en el territorio de la incompetencia.



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