Publicado el

¿Marruecos es tabú?

 

Mientras escribo estas notas, me llega el horror del accidente ferroviario en Adamuz. Nada que decir, aunque me temo que ya han empezado a vociferar para sacar partido político a la tragedia. Es la cristalización del estado de una sociedad superficial, el absurdo más estúpido, del que los manuales de Filosofía dicen que es el conflicto entre la búsqueda de un sentido intrínseco y objetivo a la vida humana y la inexistencia aparente de ese sentido. Esta definición académica puede evocar el enredo verbal de la adivinanza en la cual finalmente gritamos ¡la gallina! Por otra parte, parece que tiene poco que ver con la posverdad, pero sí que tienen relación; en su profundo desconocimiento de los insondable, el ser humano se agarra a ideas que le parecen certezas, aunque no lo sean, porque precisamente nos movemos en el filo de la navaja de lo real y lo imaginario, de lo concreto y lo intangible, de lo que puede verificarse y lo indemostrable. Esa tierra de nadie en la que tendría que habitar la duda es el espacio que ocupa la certeza de la mentira emocional.

 

 

Este asunto ha sido tratado tanto en la literatura como en la filosofía desde que estas existen, pero nunca tuvieron carta de naturaleza nominal hasta que Albert Camus la puso sobre la mesa en su libro El mito de Sísifo y la llevó a la práctica en su novela El Extranjero. El absurdo es tan dubitativo que paradójicamente desprecia la duda, que sería su territorio natural, y se balancea hacia un lado u otro con escasa posibilidad de que cambie el sentido del balanceo porque está construido con los mismos materiales que el fanatismo.

 

Ese absurdo del que hablamos es el pilar en el que se sostiene gran parte de nuestro día a día. Por ejemplo, Marruecos está siempre lanzando envites para conseguir más prebendas de la UE y de España; suenan las sirenas, y se silencian porque el Gobierno marroquí aseguró que no tomará ninguna medida unilateral, que es precisamente lo que tiene en proceso, mientras nosotros preparamos tranquilamente los carnavales. Y ahora resulta que Marruecos e Israel están a partir un piñón, y me pillan sin disfraz para la cabalgata carnavalera. Y desde hace mucho tiempo, no se entiende que el Gobierno de España (ningún gobierno) se quede quieto como un pasmarote, sin que se avance en acordar un trazado de la mediana basado en las leyes marítimas internacionales en vigor. Da igual quien habite La Moncloa. Ah, claro, parece el juego de siempre, pero es a la vez una manera de probar hasta dónde llega la fuerza del otro. Y no es precisamente tranquilizador que Donald Trump y sus bambucos anden merodeando, porque si es capaz de armarle la carajera de Groenlandia a un aliado fiable como es Dinamarca, Marruecos, El Sahara y Canarias pueden confundirse con los elementos necesarios para una buena barbacoa.

 

Vendría bien recordar al cónsul romano Catón El Viejo y sus advertencias sobre los cartagineses. Después de dos guerras, estos fueron derrotados por Roma, pero dejaron que la ciudad de Cartago siguiera en pie. Catón insistía en que había que destruirla porque si no renacería y sería un peligro. No le hicieron caso, y Cartago quiso vengarse de su anterior derrota, lo que ocasionó una nueva guerra. Volvieron a vencer los romanos, pero esta vez destruyeron por completo la ciudad y el paso de Cartago por la historia. La alusión a la guerra púnica predicada por Catón es, por supuesto, metafórica; lo que digo es que la diplomacia española flaquea cuando se trata de Marruecos; si no tenemos más datos podríamos pensar en presiones muy alambicadas e intolerables, o que hay gente se pone muy nerviosa porque teme que se tire de la manta y quede al descubierto qué fue lo que realmente sucedió entre bambalinas en 1975, cuando, con la coartada del nebuloso Acuerdo Tripartito de Madrid, se entregó a Marruecos la antigua provincia del Sahara.

 

Estoy convencido de que, si estas apetencias de expansión del dominio del océano se produjeran en las costas cercanas a La Península Ibérica, la reacción de Madrid sería otra, y es ya un status quo sellado hace mucho tiempo la línea divisoria entre ambos países en aguas limítrofes a Este y Oeste del estrecho de Gibraltar. ¿Por qué no se ha hecho lo mismo con las aguas canarias, como ha hecho Portugal con Madeira? Y se reduce al absurdo un problema que está ahí desde hace mucho tiempo y tiene visos de que será recurrente en el futuro, porque los fondos marinos ahora son más apetecibles por las noticias de que en ellos hay minerales valiosos, además del petróleo y el gas que pudieran explotar si se adueñan del control de las aguas. Puede que llegue el día en que la piedra de Sísifo, que hay que empujar una y otra vez por la ladera, sea tan pesada que no haya fuerza suficiente para subirla otra vez. Y contra esa ya conocida política de hechos consumados, ya sabemos que se acudirá a la ONU, que resolverá el problema con la misma rapidez y diligencia que ha resuelto el conflicto del Sahara Occidental. Es decir, lo que nos cuentan sobre las aguas canarias empieza a pertenecer al absurdo, porque es una sinrazón que no concuerda con la lógica más elemental. Pudiera ser que, en el futuro, la piedra de Sísifo gane mucho peso por intereses de países terceros; entonces no habrá forma de moverla. Ahora es el momento. Como Catón, me limito a advertirlo.

 

De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que nada hay que dar por supuesto. De repente, aparece una noticia que parece una perogrullada e incluso una chorrada pero que viene a confirmar que creíamos que algo era de una manera y resulta que no. En el borrador de este artículo pensaba rematar con una de las genialidades dialécticas de Groucho Marx, pero ni es procedente ni respetuoso mientras en Córdoba todavía están tratando de ponerle nombre a los muertos. Este es uno de esos días en los que pululan los falsarios tratando de aparecer como patriotas, y harán malabarismos y aprovecharán para seguir haciendo política basura. Así ocultan el gran tabú de Marruecos porque, desgraciadamente, la mentira está de moda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.