P’al Pino (2)

Cada año, cuando llega el Día del Pino, me viene a la memoria la niñez soñolienta, levantado desde medianoche y surcando los caminos reales de la medianía, de mano con mi madre, que iba descalza y con tiento para no destrozarse los pies.
pino2.jpgMi padre alumbraba diligentemente con una luz de carburo para que se vieran bien las fallas de las veredas. Veíamos despuntar el sol cuando nos acercábamos a Teror cruzando el barranco de la fuente agria. Y recuerdo con pavor de niño asustado aquellas rodillas ensangrentadas de los peregrinos, que se anudaban pañuelos para no manchar el piso de la basílica.
Recuerdo a toda aquella gente que era un murmullo de rezos al amanecer, y ya pensaba entonces en lo extraña que era la relación con la Virgen, a la que se le ofrendaban aquellos sacrificios tan duros. Después de muchos años, El Pino me recuerda al sueño, al cansancio de peregrino, y la memoria de aquellos caminantes silenciosos que se cruzaban con los parraderos. Y por el pecho me sube un pálpito de respeto.

Un comentario en “P’al Pino (2)”

  1. Pues hoy en día, esa tradición que comentas y que por suerte no se ha perdido totalmente, ha sido «ligeramente» modificada y, que por lo que he visto, parece que cada vez son menos los que siguen la tradición en el sentído «promesa para la Virgen».
    Esa linterna que alumbraba diligentemente en aquellos tiempos de antaño se ha sustituido por una bolsa de carrefour (o de tu supermercado favorito) repleta de ron y otras bebidas que acompañan en el camino, que para cuando llega uno a Teror, misteriosamente, no se sabe como se ha llegado hasta allí. Luego una visita al escenario de turno, donde siempre tocan esas famosas orquetas canarias que nadie conoce y, por último, otra horita en la cola para subir a la guagua.
    … por cierto, ¿alguien sabe si había una iglesia en Teror o algo parecido?

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