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La envidia

 

La sucesión de Inditex ha vertido generosos ríos de tinta. Que Amancio Ortega, su fundador y alma máter, decidiera a su edad, trasladar el testigo de su grupo a su hija Marta Ortega ha supuesto una convulsión en el poco flexible tejido empresarial español. Posiblemente de lo mejor expresado, por un cercano y directo conocimiento, es lo comentado por Venancio Salcines, quien indica que Marta Ortega no viene a sustituir a Pablo Isla, llega para ocupar el puesto de su padre. Viene a sustituir a Amancio Ortega. Es decir, la proyección estratégica de la compañía.

 

La apuesta del artífice de Inditex es arriesgada, en especial para un padre que acaba situando a su hija al frente de una organización empresarial compleja y tan polivalente como sometida a público escrutinio. La señora Ortega tiene la edad y la formación para ocuparse del grupo empresarial y ahora debe acometer el reto de recuperar la confianza de los mercados, esos sistemas tan sensibles y  cobardes  que en unas horas hicieron perder cerca de seis mil millones de euros al valor bursátil de la acción. Esta transición había que hacerla con Amancio Ortega en vida y estando en plenas facultades mentales. A buen seguro él será su principal maestro, y seguro que sus primeras decisiones serán debatidas y comentadas con su progenitor. Por tanto, este era el momento. Si no fuera así, también tengo absolutamente claro que a la familia Ortega, como legítimos propietarios de su firma, les importa un pimiento lo que un batata como yo piense o escriba.  No se preocupen, para nada, por la bajada de precio de los títulos, a INDITEX solo le queda futuro, mucho futuro. A los batatas, posiblemente también.

 

A los brókeres y agencias bursátiles no les agradan las sorpresas. El caso es que el Ibex 35 aprovechó el rebote de su principal valor, la textil con sede en Arteixo, para recuperar fuerzas e iniciar diciembre con un repunte del 1,8 %. La destacada multinacional recuperó al término de la jornada del miércoles un 4,5 %, situándose en los 29,11 euros por acción. Concretando en un día cayó un 6%  tras el anuncio del relevo, aunque, con todo, en lo que va de año la cotizada gallega se revaloriza un 12 %. Son cerca de diez mil millones por encima de los ochenta y un mil millones con los que inició el presente ejercicio 2021.

 

Pero todas estas disquisiciones empresariales son pura metralla, comparado con las constantes, y ya tradicionales invectivas de lo más casposo de nuestra izquierda nacional. Hablo de tradición, porque cada vez que este hombre realiza una donación de las suyas, estos grandes prebostes de la humanidad empiezan con sus alaridos y quejas. Da lo mismo si son los 280 millones de euros de este año para los equipos de protonterapia, o los 328 millones del 2015 para equipamiento sanitario como mamógrafos digitales, o los 60 millones donados el año pasado…son muchos los ejemplos y siempre con la misma airada reacción.

 

Resulta lamentable que una pijoprogre como Lilith Verstrynge, que no ha generado nada en su cómoda y burguesa vida, se permita tachar de defraudador fiscal a Amancio Ortega. Hay gente que quiere y desea que seamos todos igual de bajitos, y sencillamente envidian de forma enloquecida el éxito y prosperidad de los demás. Si, además, ese éxito es generoso y solidario, ya es que se les disuelven las neuronas.

 

Ahora, con el tema de la sucesión, a destacados podemitas no les han faltado los minutos para atacar a INDITEX, a su principal promotor, y a su hija. Hablan de meritocracia sin ruborizarse, ellos que en su mayoría no han ejercido un trabajo digno de mención en su puñetera vida. No hay quien les entienda. Este hombre nombra presidenta de Inditex a una de sus hijas y esta izquierda cavernícola, en lugar de felicitarlo, critica el nombramiento por el inconfesable delito de que Marta es de su familia. Y en lugar de elevar un monumento feminista por idea tan brillante e igualitaria, le critican vorazmente. Pero estos insatisfechos permanentes nunca están contentos, ¿Hubiera preferido lo más rancio del progresismo que Amancio propusiera a un varón solo para no nombrar a su hija, que lleva 15 años recorriendo todas las áreas de la firma?

 

Si lo analizamos fríamente esta gente no están posicionados frente a la desigualdad, ni contra el machismo: solo envidian el éxito. Nuestro paisano inició su andadura desde abajo, y eso, los de la crítica fácil y cruel, nunca se lo perdonarán. Y además le deja la empresa a una mujer ¿Por qué no a los grandes gestores de lo público? ¿Por qué no a la casta política especializada en hundir todo lo que toca? ¿Quién se habrá creído, el muy feminista? ¡Dejar su herencia a su propia familia! 

 

Hace muchas décadas, a lo mejor en el país que nunca existió, o en aquel lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, los progres tenían claro que la meritocracia es el único refugio al que agarrarse, que nada iguala tanto como el mérito, que el esfuerzo es la tabla de salvación del que menos tiene y que al éxito no se accede por loterías. Por eso, la izquierda debería estar siempre con la meritocracia. Pero no, ahora resulta que los inventores de las cuotas, de la discriminación positiva, de la extirpación de la presunción de inocencia están en contra de que una mujer, con su experiencia y formación, ascienda a la cumbre de una de las principales empresas de nuestro país. Indudablemente es una desacertada decisión. No sé cómo no han puesto de presidente a un hombre de la experiencia y contrastados méritos como el genial Echenique. Esto sí que sería un éxito meritocrático, semejante al de su Sanchidad.

 

Creo que esta sucesión, que toda esta historia es un ejemplo para todos, sobre todo para las generaciones que deben arrebatar el testigo. Que nunca olviden que vivir, en cierta medida, es conservar y engrandecer lo que se nos ha dado, defenderlo, hacerlo crecer y compartir. Que se den cuenta que propiedad y libertad no pueden vivir la una sin la otra, y son parejas. Propiedad y familia siempre van unidas y esto es algo que los envidiosos no pueden soportar, ni permitir. Rencor y resentimiento les superan.

 

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El guisante

Por todos es conocido el cuento infantil de la princesa y el guisante. Pese a estar vetado en la actualidad por el Ministerio de Igualdad, y su suprema inquisidora, última

mente son diversos los autores que lo están utilizando para plasmar la dramática falta de sensibilidad de la sociedad española. Como saben,  se tr

ataba de una desconfiada y rancia suegra, que para certificar que su vástago se llevaba lo mejor, pone la prueba casi imposible del guisante

a la misteriosa pretendida de su hijo, para ver si así puede echarla sin tapujos de ningún tipo. Diseña una prueba de una delicadeza atroz. Recuerden: una verdadera dama notará la incomodidad de un solo guisante escondido bajo delicados y esponjosos colchones.

Este relato infantil presenta la metáfora de un individuo justo, una persona con criterio, un alma que vive conscientemente en libertad no podría soportar la tensión existencial de situaciones injustas, no podría aguantar la impotencia de situaciones despóticas o arbitrarias. Nada justifica el mirar cómoda y cobardem

ente hacia otro lado, aceptando nuestro sometimiento, pese a que el colchón aparentemente nos resulte cálido y extremadamente mullido.

Pese a lo delirantemente tardías que son las sentencias del Tribunal Constitucional, en relación con los estados de alarma decretados el año pasado por este gobierno, o por sencillamente fulminar durante medio año el necesario control parlamentario, veo a muchas personas contentas. Satisfechas honestamente con lo que consideran un necesario varapalo a las ilegalidades cometidas por su Sanchidad y colaboradores. Creo que se equivocan, dado que estas sentencias son una patente de corso, una legitimación pa

ra cualquier tropelía que quiera cometer un gobierno totalitario. Estos políticos saben que pueden hacer lo que les da la gana, pasarse nuestra Carta Magna por el arco del triunfo, porque finalmente no acontece nada, absolutamente nada. Ninguna justa reacción, más en un país donde no dimite nadie, pese a ocultar más trampas que Fu Manchu.

Son muchos los guisantes a los que nos estamos acostumbrando con una pasmosa pasividad. Una bolsa de guisantes congelados y gorditos como la inflación creciente que esquilma nuestros ahorros, guisantes como nuestra dependiente pobreza energética y el insoportable coste de la electricidad y el gas, insufribles pie

dritas al ver que para mantener un gobierno débil se pacta con una serie de grupos, cuyo objetivo es acabar con España. Para mantener este circo, no para de incrementarse la presión fiscal. Leyendo asustado la comparecencia de la secretaria de Estado de Hacienda, Inés  Bardón Rafael, ante la Comisión de Presupuestos, lo que más me impresiona es cuando afirma que contamos con el mejor sistema tributario, el más favorable de toda la 

Unión Europea. ¿Favorable para quién?

Sufrimos, sin duda, una espiral de depredación tributaria a los acorralados ciudadanos, con la consiguiente minoración de la actividad económica, que a su vez provoca una menor recaudación. Mientras a nivel internacional se postulan bajadas de impuestos y necesarios beneficios fiscales, aquí seguimos defendiendo una fiscalidad voraz, para unos presupuestos que sencillamente son una novela de ficción, por mucho que logren el apoyo de los radicales de Bildu.

Resulta elocuente la creciente tendencia de esta Administración para fallar a favor de sí misma y en contra de los administrados. Un incómodo guisante para tener en cuen

ta, como mínimo a analizar, es el asunto de las reclamaciones de los contribuyentes contra la Agencia Tributaria en los tribunales económicos administrativos. Según la memoria de 2020, en el 55% de los casos la Administración fracasa en el procedimiento, aumentando el porcentaje a cerca del 70% en el caso de tribunales autonómicos. No se puede continuar asfixiando al tejido productivo, dado que no hay estado posible, sin la iniciativa privada.

Volvemos con la justicia y su descrédito. El Tribunal Supremo ha sentenciado sobre la obligación de que el 25% de las clases en Cataluña sean en castellano. Mal asunto, porque ERC se ha apresurado a decir que no respetará el fallo. No es la primera sentencia contra la inmersión lingüística. Desde hace dos déc

adas vienen sucediéndose cada cuatro o cinco ejercicios. De qué sirven las sentencias, si después partidos supuestamente constitucionalistas, en el marco de sus acuerdos en Cataluña, trabajan por todo lo contrario. Estos mismos mamarrachos son los que en el Ayuntamiento de Barcelona, con la colaboración del PSC, han rechazado hace unos días, homenajear a Cervantes a través de una estatua de Don Quijote y Sancho Panza. ¡Cómo se puede mirar hacia otro lado ante tanta tontería!

Hoy, a expensas del Covid se puede explicar todo en nuestro país: ¿Qué se está desmontando l

a economía?  No es por culpa de la anquilosada estructura económica de España basada en servicios o por la falta de planificación ¿Qué no se generan las suficientes empresas generadoras de empleo y riqueza? Pues no será por el desmadre de las taifas autonómicas, con las más variopintas y alocadas normativas: es por el virus ¿Que existe cierto, aunque muy contenido malestar en la sociedad? Es por la persistencia del virus chino… Aquí pocos analizan datos, contrastan la información, elaboran alternativas, mientras seguimos acaparando más guisantes. Al gobierno 

español -el que registra peores datos económicos en toda la Unión Europea, y que sufre el más elevado nivel de endeudamiento, con una inflación desbocada y un gobierno que incapaz de construir unos presupuestos realistas- le interesa encontrar una explicación fácil que sea aceptada con facilidad por millones de españoles que pasamos demasiado tiempo viendo una televisión tan laminadora y aburrida, como mendaz y engañosa. Esta crisis sanitaria y sus funestos miedos que diariamente suministran es la mejor coartada para disimular la absoluta incompetencia de la clase política.

El alma se nos ha congelado. Nuestra cruel indiferencia no es la prueba de que no pasa nada, sino de que todavía no 

ha pasado lo peor. Se nos ha encallecido el alma. En algunas ocasiones la dignidad se manifiesta con la indignación. Y aquí no se altera nadie, en un alocado ejercicio de no mirar de frente, esperando que venga alguien que nos solucione nuestros problemas. Con tantos guisantes en la cama, siquiera podríamos justificar nuestro pasteleo por una boyante situación económica, dado que estamos inmersos en una crisis sin precedentes. Lo vamos a ver más claro en un corto periodo de tiempo cuando las empresas deban devolver el capital de los créditos ICO, o cuando el banco central europeo ya no acepte adquirir por decreto nuevas emisiones de deuda pública. No pasa nada, seamos resilientes, ya le echaremos la culpa al virus o al cambio climático…

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SIEMPRE CON ELEGANCIA

Mira que hay gente empeñada en ensombrecer el panorama. El índice NIKKEI o el DOW JONES de la alegría, la serena felicidad y la verdadera plenitud están en máximos históricos, no por ponderación, sino por tener conciencia de la profundidad del abismo. Decía Erasmo de Rotterdam que la verdadera alegría nace de la buena conciencia…y va a resultar que es verdad.

Hace unos días me vi con mi amigo Carlichi, disfrutando de una agradable velada en compañía de buenos compañeros. Carlichi, figura emblemática e incombustible de la noche canaria es un ser inclasificable, es absolutamente auténtico. Es un avatara de Peter Pan, en su sincera lucha por mantener una eterna ilusión, una perspectiva disruptivamente juvenil y un amor incondicional a su propio estilo. Porque Carlichi siempre marca tendencia.

En la jornada de la que hablo, conjuramos una queimada. Un entrañable compañero de Lugo me proporcionó su mejor Orujo recientemente, y no hay que buscar muchas excusas para convocar a los amigos, para menesteres tan pacíficos, como placenteros. Nuestra bruja asturiana explicó magistralmente la esencia de esta ceremonia, pero quien nos sorprendió fue Carlichi, evocando sentidos cantos de su infancia, mientras rememoraba a su padre, y a su hermano, el actor Chicho Castillo recientemente fallecidos. Queimada para dejar atrás a las meigas. Para dejar atrás los malos rollos, los problemas y solo centrarse en lo que realmente suma y aporta.

Entre las menores curiosidades del buenazo de Carlichi es que imprime los artículos de este servidor en formato DINA-3 para proceder a su tranquila lectura, en alguno de los restaurantes donde suele disfrutar de los placeres de la buena mesa. En esta línea, y entre los muros de Cumbres Borrascosas me comentó que, a su entender, hay que escribir cosas útiles, buenas y verdaderas, y me dejó pensando, pese al sopor del orujo. Estoy convencido de que nunca he sido capaz de hacer estas tres cosas en simultáneo. De lo que soy consciente, y Carlichi siempre me anima a ello, es de que solo merece la pena escribir dándolo todo. Es necesario, como hace él, asumir las consecuencias de ser tú mismo, de no pensar igual que los demás, de asumir que tu visión del mundo, aunque pudiera estar equivocada, es eminentemente única. El reto es manifestar lo que realmente alberga tu mente y tu corazón, aunque eso suponga pagar el coste de un aislamiento afectivo e intelectual. Posiblemente actuar de otra forma, sería convertirte en un charlatán, en un publicista, o lo que realmente es peor…en un político.

Pocos establecimientos, pocos locales de Gran Canaria poseen la elegancia y distinción de CARLICHI. Porque Carlichi es una marca en sí mismo, pero también es un cálido refugio donde disfrutar de una copa, de una señorial conversación, rodeado de sus más de 700 referencias. Si algo te apetece beber, me extrañaría muchísimo que Carlichi y su equipo te defraude, y puedas conversarte las mejores botellas en la mejor compañía. Por ejemplo, pocos locales de restauración donde poder disfrutar de un NEGRONI. Un amigo de juventud, de cuando vivía en Madrid, me citaba a un común elemento que estudió en West Point, de vida glamurosa y ajetreada, y que siempre solicitaba este cocktail, transformándose en un juvenil referente. El ‘Negroni’ tiene una parte de vermú rojo, una de Campari y otra de ginebra, o, lo que es lo mismo, una parte de dulzura, otra de amargura y la ginebra como un toletazo transparente que liga el bien y el mal, como la vida misma. Hallar la medida exacta es algo que requiere mucha experiencia, y por qué no…elegancia.

La restauración es uno de los sectores más importantes de nuestro país. No solo es beber y comer, es mucho más, un auténtico referente cultural. Las personas vinculadas a este sector, los buenos profesionales, profesan un auténtico arte. Pero para que surja el arte, ese arte, tiene que haber un artista al otro lado de la barra, al otro lado de la mesa. De nada sirve que alguien combine bien una serie de aditamentos, de ingredientes o de marcas, hace falta mucho cariño. Nuestro amigo Carlichi Castillo es ese tipo de profesional que tiende a convertir todo en una verdadera experiencia, algo único e irrepetible. Por eso, esté donde esté, siempre es el epicentro de la alegría, y hace falta generar mucho alborozo, para superar estos tiempos que nos han tocado.

La modernidad es alienante consumo, una cultura del ocio que nos abotarga, con la principal finalidad de un entretenimiento tan vacuo como fácil. No sé exactamente en qué momento el personal perdió los bares. No sé en qué momento preciso los pijo progres perdieron ese supuesto monopolio de la creatividad, el optimismo, la alegría y el sentido exultante de la vida para rendirse al oficialismo, al aburrimiento, a las prohibiciones, al dogma, a la oscuridad y al enervante gris de las jornadas sin ilusión. No sé cuándo ha pasado concretamente, pero ha pasado. No se trata de rememorar las tertulias del Café Gijón, pero una buena conversación, una disparatada partida de cartas, un intercambio de hilarantes experiencias, de buenos viajes,  siempre supone una buena carga de baterías. Y esas sí que son ecológicas de verdad.

Transparente amistad, camaradería sin fisuras, relaciones desinhibidas frente a esta marea del catecismo progre. No solo nos trituran la mente y el bolsillo, también quieren matar nuestro natural desparpajo y someternos a una tristeza que no nos corresponde. Me cansan estos políticos que se ven en la obligación de corregirte con lo que puedes o no puedes hacer, lo que debes pensar, cómo debes hablar, cómo debes vestir, qué es correcto y qué es incorrecto, cómo debes dirigirte a una chica, qué debes leer y escuchar. Que nos dejen en paz , renunciando a engullir gusanos y apostar por unas morcillas. Que nos dejen tranquilos  por no decir niñes, hijes y demás chorradas, que ha convertido todo en una perpetua moralina, en una constante prohibición, en una asfixiante restricción, en una fábrica de adoctrinamiento y de soberbios y aburridos dogmáticos.

Ya se me fue la olla, como siempre. Yo quiero hablar de amistad, de alegría, de buen hacer, de exquisita profesionalidad, de lealtad incuestionable, de gratificantes conversaciones, de incesantes locuras, y sobre todo de elegancia y distinción. Todo esto es lo que supone Carlichi. Todo esto y mucho más.

Luis Nantón Díaz