Zapatos, botas y herraduras
En el tiempo de descuento de su mandato, Bush Jr. ha demostrado tener reflejos físicos para esquivar un zapatazo (bueno, dos) cuando venían como obuses los zapatos de un periodista iraquí.
Ojalá hubiera tenido los mismos reflejos para prever el ataque a las Torres Gemelas (asunto este tan raro que algunos comparan con la pantomima de Pearl Harbour), para no meter la nariz a medias en Afganistán, donde todos pierden, para meterla del todo y pillar a Bin Laden, para pensarse lo de las armas de destrucción masiva en Irak, o para avizorar la gran estafa que se estaba haciendo al sistema financiero delante de su narices (claro, las narices las tenía en Irak y Afganistán).
Y si hablamos de zapatazos, pocos dirigentes tienen en su haber un rosario de meteduras de pata tan nutrido, y todo se resuelve con la bota militar, y el caso es que a Obama no le deja muchas opciones porque Estados Unidos,
gobierne quien gobierne, está cabalgando un tigre, y ya se sabe que como se baje el tigre lo devora. Es decir, Obama tendrá que seguir aunque no quiera.
Son más divertidos los zapatazos de Norma Duval al presunto periodista que fue yerno de una de las nietísimas. Aunque yo me quedo con los zapatos de salón elegantes, delicados y ¡rojos!, como los que luce Charlize Teron en un anuncio de perfumes, Natalie Portman en su última película o Julia Robert haciendo de Cenicienta en Pretty Woman. Los prefiero a la bota militar, qué quieren que les diga.

