Unos a dieta y otros con dietas
Hay que tener el rostro de uralita para predicar disminución del gasto público, aplicarlo a los demás y dejar a quienes más cobran con sus estipendios prácticamente intactos. Cuando se publican los emolumentos de los cargos públicos, se refieren casi siempre a su salario, pero esa es solo una parte de lo que cobran. Luego vienen las dietas por desplazamientos, las partidas que se dedican a que un parlamentario cobre sencillamente por acudir al Parlamento e incluso por entrar cada día a su despacho. Estamos hablando de que, en muchos casos, se doblan las cantidades, y los que menos cobran reciben bastante más de su salario oficial. Luego sucede que los diputados estatales y los senadores (no sé si eso ocurre en el Parlamento de Canarias), tienen una tercera parte de sus entradas libres de impuestos. Aparte de que gustan de viajar en primera clase, dormir en buenos hoteles y comer en buenos restaurantes (a menudo a cargo del erario público), sus costumbres siguen siendo las mismas, porque, por ejemplo, el ajuste que afecta a los parlamentarios canarios se limita al 5% general en su salario (hace años se dieron un subidón), e incluso aparece una nueva dieta que es la de acudir a videoconferencias, con lo que, una cosa por la otra, sus entradas casi no van a verse afectadas. No se les ve un gesto, y tampoco a los componentes de los predios gubernamentales, que gastan sin tino porque moverse significa todo un aparataje de personas y acciones. ¿Se imaginan cuánto costaron los viajes innecesarios de Rajoy a ver la final de la Eurocopa o a entregar el Códice Calixtino a Compostela? Es avión (que aunque sea presidencial gasta mucho queroseno), seguridad, séquito… Por el contrario, no les tiembla el pulso para estrangular a los empleados públicos, que no tienen otras entradas fuera de su salario. Están empujando a los funcionarios de menor escala a las puertas de la miseria, se están cargando lo que queda de la raquítica clase media (la que mueve mucha economía), y están dañando la imagen de los poderes públicos, que en estas circunstancias tendrían que dar ejemplo. Pero mientras la política siga siendo un coto privado, sin democracia interna en los partidos y con listas cerradas, lo público seguirá siendo un panal en el que unos pocos se llevan la miel y dejan la cera para el resto. Impresentable.
Y en ese mundo han creído vivir dirigentes políticos o judiciales, que se han comportado como individuos Alpha, con derecho a todo, que ahora se asombran porque se les pida cuentas de sus gastos con cargo al erario público. Un diputado encontraba lo más natural del mundo viajar en primera, hospedarse en hoteles de lujo y comer de gorra en los mejores restaurantes; los miembros del CGPJ otro tanto, y casi se ofenden porque ahora se les dice que hay que ajustarse y se les pregunta en qué y por qué gastaron esas cantidades de dinero. También hay Betas, que se encargaban de dinamizar el sistema, con coche oficial y manga ancha. El resto tenía que cumplir su función, y a los empleados públicos, sean sanitarios, bomberos, profesores, policías o carteros se les trata de colgar el mochuelo de la ruina del estado, muchos de ellos con salarios mileuristas. Por eso digo que hasta ahora se ha funcionado como el mundo que imaginó Huxley, pero es que ahora quieren ir más allá y convertirnos en replicantes y robots sin derechos, esclavos, más en la línea de los relatos de Philip K. Dick, Orwell y Bradbury. En realidad quieren meternos las teorías de