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DIARIO DESPUÉS DE LA CUARENTENA (FASE I) Jornada 60: Brindis en el cumpleaños del poeta. (13/05/2020).

 

Voy encima de dos desasosiegos

y aún tinto en cada mano un todavía.

(Juan Jiménez, 1940-2019).

Hasta hace dos años, cada día 13 de mayo teníamos una cita, fuese a mediodía o al atardecer, con el poeta Juan Jiménez y su esposa María Castro.  Nos reuníamos porque era el cumpleaños del poeta, y desde que nos conocimos personalmente en los años noventa, era una tradición que esa cita tuviera lugar en el cumpleaños de cada uno de los cuatro. Celebrábamos la amistad. El 13 de mayo el poeta cumplía años, hasta que en 2019 ya no hubo brindis porque él había emprendido su último viaje en enero. Hoy cumpliría 80 años, el poeta del Sur, una de las voces más recias y más auténticas de esta tierra, que marcó siempre un Itinerario en contra.

Por ello quiero que hoy sea la memoria del poeta la que llene este diario. Juan Jiménez era un hombre crítico y observador, y nunca sabremos qué habría dicho de esta pandemia que ha cambiado muchas cosas en el mundo y en nosotros. El problema es que todavía no sabemos exactamente cuáles, y tal vez Juan habría tenido una idea sobre el futuro, o tal vez no, porque era un hombre fieramente humano, como cantó aquel otro poeta. En estos tiempos confusos echamos de menos a nuestros seres queridos que siguen con nosotros, pero también a los que ya no están, padres, madres, amigos  que partieron y ya tienen todas las respuestas. Lo mismo que hace tres días recordábamos la fecha de nacimiento de Galdós, hoy quiero evocar los 80 años del gran poeta Juan Jiménez, nuestro amigo, y aunque no esté, brindaré por su memoria eterna de la poesía y de la amistad.

A pesar de que ayer fue Día de la Enfermería, no noté un especial entusiasmo en los aplausos, al menos por mi zona. Comparecieron todos, menos Octavio, que supongo que a partir de ahora solo lo hará en días no laborables. Angie, la enfermera, dormía para recuperarse del cansancio de su turno, esta vez en Urgencias. Por supuesto, Sofía y Diego estaban con su madre, pero la niña estaba molesta porque no le gustó que se le acabara el paseo callejero. Luego entabló su diálogo habitual y esta vez saludó a nuestra gata de peluche, que, mira por donde, gracias a la niña se llama Luna, dice Sofía que como una tía suya. Al menos ha asumido que es una gata, no un perro. Buen miércoles.

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Reconstruir el cuerpo y el alma

 

La cultura es el alma de los pueblos, y se manifiesta de distintas formas, desde la lectura recóndita de un poema hasta un espectáculo grandioso para miles de personas. Las maneras evolucionan con los tiempos, y nada tiene que ver una función de teatro o ballet ahora con las del siglo XIX, porque eran otros el ritmo de vida y la estructura social. Y eso nada tiene que ver con que el Hamlet de hace doscientos años fuese el mismo de ahora, es el modo en que llega a la gente.

 

Hay mucha diferencia en cómo vemos el cine a cómo le veíamos hace tan solo unas décadas, o la circulación de la música, los libros y el arte en general. Pero a todo hay que aprender, y ese aprendizaje va con los cambios paulatinos, pues antes se hacía cola en taquilla para sacar una entrada y ahora la compras por internet, y con los libros pasa lo mismo. Ha sido y sigue siendo un proceso que nunca termina porque todo es cambio. Lo que ha variado de golpe es el tiempo de implantación.

Con motivo de este episodio que vivimos y que ya no sé ni cómo llamar, de pronto la cultura ha tenido que valerse de soportes y medios que ya existían pero que se usaban de una forma moderada; siempre que era posible el cara a cara, se mantenía como el modo más extendido e importante de  comunicación.  No varía demasiado un debate presencial de otro por videoconferencia entre personalidades significadas. Pero eso funcionaba más bien entre especialistas e iniciados. Porque lo que llamamos el gran público accedía menos, salvo la música pop –que también es cultura- que se ha aliado hace tiempo con las nuevas tecnologías de las que son grandes conocedoras y consumidoras las generaciones más jóvenes.

Y ahora la cultura virtual ocupa un gran espacio, que es gigantesco comparado con solo hace dos meses. Ese calor cercano ha tenido que esperar mejor ocasión. Así, grandes hechos culturales que iban a ser importantes en sus ámbitos de implantación, han quedado reducidos a lo que puede hacerse a través de las redes, que es mucho. Seguramente el camino era ese, pero íbamos recorriéndolo a su paso, y ahora todo sucede de golpe. Así tendremos que celebrar el centenario de la muerte de Galdós (el domingo también hubo celebraciones en la red con motivo del 177 aniversario de su nacimiento), o los centenarios de Miguel Delibes, el poeta Pedro Lezcano o el pintor Antonio Padrón. Incluso, hechos más puntuales como el 80 aniversario del nacimiento del poeta Juan Jiménez (fallecido el año pasado), que será mañana, 13 de mayo, queda en el recordatorio y la lectura de algunos de sus poemas por voces amigas a través de la red.

Sabemos que ahora nos atenaza un gran problema sanitario que desemboca, además en otro económico. Hemos de salvar vidas y reconstruir la economía dando prioridad a la ciencia y los servicios públicos. Ante eso, la cultura parece cosa menor. Pero no lo es, porque si ya se dijo que es el alma de los pueblos, esa reconstrucción ha de ser también cultural, porque si no es así tendremos una sociedad sin alma, robotizada. Si queremos que ese mundo del futuro sea humano y merezca la pena ser vivido, habrá que contar con la cultura, con toda. Ese es otro desafío que tenemos que afrontar. Cuídense y cuiden de los demás, seamos responsables en las fases de desconfinamiento y así podremos pensar en el cuerpo y en el alma de ese mundo que nos viene ahora, que ya está aquí. Buena semana.

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DIARIO DESPUÉS DE LA CUARENTENA (FASE I) Jornada 59: Una de cal y otra de arena. (12/05/2020).

 

La fase de desescalada real sí que está teniendo lugar en el edificio de enfrente. Ayer comenzaron a desmontar los andamios por la parte superior y fueron bajando poco a poco. Llegaron hacia la mitad, y supongo que hoy o tal vez mañana ya esté toda la fachada del edificio libre de obstáculos visuales. Es verdad que las ventanas de Sofía y su familia ya están libres para verlas desde mi casa. Ese edificio que es como una representación contemporánea de La ventana indiscreta de Hitchcock es mi memoria de la cuarentena. Por eso he puesto tres momentos del día para que se vea cómo han ido desapareciendo los andamios, aunque aún queda la mitad.

La conversación posterior del vecindario tuvo como tema central el comienzo de la Fase 1. Había cierta desazón entre mis vecinas (Octavio, el padre de Sofía, no estaba hoy porque se ha incorporado al trabajo), porque se comentaba que tal vez no se estaban cumpliendo las medidas necesarias para ir con paso firme en esa fase. Desde luego, estábamos muy preocupados por el avión que voló de Madrid a Gran Canaria sin cumplir las normas, aunque hay otra versión del hecho. A eso se añadió la noticia de un vuelo de Dallas a Madrid que no tuvo ningún control. Estas cosas preocupan, porque si no se hacen las cosas bien puede ocurrirnos como en otros lugares, donde ha habido que dar pasos atrás.

Pudimos ver plenamente a Sofía y a Diego, acompañados de su madre, que no daba abasto porque, como dije, ayer estaba sola con los dos niños. La buena nueva es que los pintores le devolvieron a Sofía la maraca que ayer se le cayó al andamio, y que la niña se despachó a gusto llamando por el nombre a cada persona con la que quería hablar: Se hizo la remolona cuando llegó la hora de retirarse, porque ahora le ha dado por el palique, pero entre sus pocos años y la distancia, a veces cuesta entenderla, y vemos a Katy, su madre, haciendo de traductora. Esperemos que nuestros temores sean infundados, porque hoy ha habido una de cal y otra de arena. Buen día.

Y PARA ABUNDAR, HOY ES DÍA DE LAS ENFERMERAS Y ENFERMEROS. GRACIAS.