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TIEMPO LÍQUIDO. Bautismo de letras. (25/05/2020).

 

El 25 de mayo es un día que me trae muy buenos recuerdos, porque fue ese día, un año de los primeros ochenta del siglo pasado, cuando recibí una llamada telefónica en el colegio en el que trabajaba, y era el presidente del jurado del Premio de Novela Agustín Espinosa, que entonces convocaban las dos delegaciones provinciales canarias del Ministerio de Cultura, porque aun no se había aprobado el Estatuto de Autonomía. Me comunicaba que mi novela Tiritana había obtenido el galardón. Yo era un joven que escribía en sus ratos libres, y fue ese día cuando de alguna manera causé alta en el listado de autores, porque hasta entonces nadie sabía de mí como escritor. Pueden imaginar la ilusión que me hizo ver, al día siguiente, mi nombre y mi foto en la prensa.

Todo ha cambiado, los caminos de la literatura son diferentes, pero la literatura siempre será la misma, lanzar una botella al mar con un mensaje que tal vez alguien leerá. Después vinieron varias docenas de libros, y aquí sigo, porque lo de la literatura es un designio. Ahora me sirve para tratar de poner en orden el caos que se nos ha venido encima, pero ese orden se compone solo de palabras, porque los narradores y los poetas son amanuenses del destino, y muchas veces es un azar lo que otros encuentran en esa botella lanzada al mar que es cada libro, cada poema, cada texto que se escribe con honestidad.

Por eso he querido recordar el día que posiblemente se marcó mi ruta, pues quién sabe si yo habría persistido en la literatura de no haber ganado ese premio, en un tiempo de silencio en el que todo era muy complicado. Y por eso agradezco que creyera en mí aquel jurado, en el que estaban dos personalidades tan importantes como el gran poeta Agustín Millares Sall y la profesora e investigadora María del Prado Escobar. Siempre les estaré agradecido. Y sí recuerdo que, al contrario que hoy, aquel 25 de mayo hacía mucho frío. Cosas de la primavera.

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TIEMPO LÍQUIDO. Revivir la ciudad. (24/05/2020)

 

Ahora se dice mucho que es necesario estar con las pymes, lo que significa que hay que dinamizar la zona donde vives, acudir a los establecimientos que son los que dan trabajo a muchas personas. Esa ha sido siempre mi manera de ver las cosas, y voy fuera cuando necesito algo que no es posible conseguir sin salir del barrio. Pero hasta eso me lo ponen fácil, porque a 200 metros de mi casa hay dos librerías de las mejores de la ciudad. Así que sigo con mi costumbre de recorrer mis calles, conocer a la gente por su nombre y vivir ese vínculo que te hace sentir parte de un colectivo.

Pero hoy ha sido domingo, y nos apetecía salirnos de nuestro espacio cotidiano. Así que, salimos de Arenales y caminamos hacia el casco histórico, que es también parte de nuestra habitualidad, porque en ese sector hay museos, teatros, salas de exposiciones y espacios en los que se celebran actos culturales, más librerías. Daba un poco de vértigo mirar las torres de la catedral, que hoy me parecieron más altas seguramente porque las miré con atención; generalmente pasamos por las calles mirando el suelo y no nos detenemos a contemplar la bella arquitectura que nos rodea. Y en Triana y Vegueta hay mucha arquitectura que admirar y mucha historia que evocar.

Ver gente camino de una terraza en la que ha quedado con amigos o familiares da alegría a la ciudad. Hay que revivirla, con todas las precauciones, con la mascarilla que ya forma parte de nuestro atuendo y con el deseo de que ese abismo que nos pintaban no sea tan profundo. Por lo pronto, ya divisé dos libros en un escaparate que pronto cruzarán el umbral de mi puerta. Que la fase 2 sea tan positiva en todos los sentidos como esperamos. Depende de nosotros.

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TIEMPO LÍQUIDO. De compras. (23/05/2020)

 

Hoy hemos salido de compras. Un sábado cercano al mediodía ha sido para nosotros una invitación a pasear por la zona comercial de la ciudad.  Estuvimos por Triana porque buscábamos un par de zapatillas cómodas, y la final las conseguimos en una tienda de la Calle Mayor. Todavía siento cierta inseguridad al caminar por la calle, y voy con cuatro ojos por lo de las distancias y el uso de las mascarillas, porque hay gente que sigue sin darse cuenta de que somos nosotros los que tenemos que controlar el espacio y el aire que respiramos. Supongo que iré acostumbrándome, pero de momento hace que llegue a casa agotado por el esfuerzo mental. Pero la operación zapatillas fue un éxito, y ya era hora de salirse de la rutina del supermercado y la farmacia.

Este es un fin de semana cálido, pero en Las Palmas podríamos decir que era luminoso. A la vuelta se notaba que el uso de la mascarilla hace que tengas menos oxígeno y regreses más despacio. Crucé la mirada con algunas personas que seguramente conozco, y ellas a mí, pero con el rostro cubierto tendremos también que ejercitar esa facultad. Claro, eso no sucede con las personas cercanas, con los amigos y con gente que adivinas por el modo de andar y hasta por instinto, pero sí que pasa con personas que tratas menos. Ese es otro de los muchos aprendizajes que tendremos que abordar.

Ya en casa, pudimos ver desde la ventana a nuestra sobrina Mónica, que llevaba en brazos a Valentina, su niña pequeña, y que nos llamó por teléfono para que nos viéramos a su paso. Mucho sol y ellas resplandecientes como dos luminarias. Fue bonito.