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¿Control o ruleta rusa?

 

Yo no sé si muchas personas han perdido la capacidad de entendimiento, porque ya no se trata de que no interpreten un comunicado escrito, sino que parece que no comprenden los mensajes que una y otra vez se repiten en todos los medios y en cualquier lugar en el que se hable de la necesidad de hacer las cosas bien en la desescalada. Vas por la calle y ves a mucha gente que no lleva mascarilla puesta, pero es que tampoco la llevan encima por si se forma una aglomeración. Otras personas la llevan pero con la nariz fuera, y cuando pasas cerca de una terraza observas que muchas veces no se guardan las distancias establecidas. Lo he dicho y lo repito, es como si se sintieran invulnerables.

Canarias llevó el confinamiento de una forma ejemplar, y la muestra de que así fue son los números de contagiados y fallecidos. Es como si existiera la idea, por mucho que se repita lo contrario, de que el virus ya es inofensivo. Temo a la tercera fase de la desescalada, aunque no más que a la segunda, porque las variaciones van a ser pocas, como los porcentajes de ocupación de los espacios y poco más. Pero las normas básicas han de ser las mismas, y las mascarillas y la distancia son fundamentales. Es curioso el cuidado estricto que se sigue en las peluquerías, pero una vez fuera del recinto se pierde toda precaución.

Luego está la apertura del próximo curso escolar, en el que hay cosas que suenan muy contradictorias. En Primaria e Infantil tampoco queda muy claro si van a respetarse las distancias, asunto complicado en un niño, que por su naturaleza tiende a relacionarse con los demás. Digo yo que esas informaciones sobre estudios en los que algunos aseguran que puede haber un 40% de resistencia natural al virus por distintas razones médicas tal vez sean globos sonda para crear confianza. Y eso está bien, pero nunca hay que olvidar que el virus sigue ahí. La ministra dice que hay que aprovechar el buen clima español y sacar la escuela al aire libre. Eso más bien parece un folleto turístico de los años sesenta, porque ya me dirán ustedes cómo se compagina eso con los crudos inviernos de grandes territorios españoles, que no todo el mundo vive en lugares cálidos, y aún así el invierno es frío hasta en las playas más soleadas.

El otro factor es la apertura de las fronteras con países de la UE. Hablan de corredores seguros, pero no se explica si eso va a ser con controles a las salidas, pero que si es a las llegadas tendremos muchas cuarentenas que, lejos de generar beneficios, costarán dinero. Es decir, entramos en un período que ojalá salga bien, pero se parece mucho a una ruleta rusa, salvo que haya medidas que desconocemos. Y a este ambiente lo llaman nueva normalidad. Cada Comunidad Autónoma tendrá capacidad de decisión sobre muchos aspectos, y esperamos que sean capaces de  aunar estrategias positivas, aunque algunas cosas dependan de decisiones superiores, de Madrid o Bruselas. Y  tampoco tenemos información clara sobre las capacidades sanitarias ante un posible e indeseado rebrote. Y otra cosa, ya es hora de que al personal sanitario se le del trato económico que merece, además de olvidarse de recortes de personal. Es que veo que la teoría a menudo no cuadra con la realidad. Suerte y buena semana.

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Celebremos la vida.   (14/06/2020).

 

Cuando Violeta Parra compuso la canción Gracias a la vida, hizo un recuento de las cosas agradables que le habían ocurrido. Llevamos unos meses en los que la muerte parece haberse hecho presente como una amenaza, pero en realidad siempre está ahí, y se da la contradicción de que se ha ido tanta gente, y la mayoría lo ha hecho discretamente, por obligaciones sanitarias. De vez en cuando nos dan el nombre de alguien muy conocido por su actividad pública que ha sido una de las víctimas de esta pandemia, pero al final es un muerto sin despedida, o con una que deja perplejos a sus seres queridos o a sus admiradores.

En estas líneas glosé con desconsuelo la marcha del novelista chileno Luis Sepúlveda, y el listado de personas del arte, el cine, la comunicación, el deporte o la política se está haciendo tan interminable como el de personas que no son conocidas por las masas y no salen en los medios, pero que dejan el mismo vacío y ese aire de que no fueron despedidos como merecían, porque ese dolor es para los que se quedan. Tantas muertes hacen que queden casi a un lado nombres ilustres que, como el pintor Gustav Klimt, fueron víctimas de la indebidamente llamada gripe española de hace un siglo, o que otras personas que han muerto de otras enfermedades en este tiempo se las pueda mezclar en el futuro, como son los casos recientes del cantante Pau Donés o la actriz Rosa María Sardá, que se han ido de la mano de otra maldita enfermedad que nada tiene que ver con la pandemia. Porque la vida es un misterio y un regalo, y como decía el filósofo “la muerte no aparece al morir, sino que está presente desde el nacimiento”. Respetemos a los muertos y celebremos cada minuto de vida como hizo Violeta Parra.  

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RETOMAR LA SALUD

 

Hoy he tenido que visitar las consultas externas de un hospital porque desde hace meses  tenía pendiente hacerme una prueba, que no había sido posible hasta ahora. Por aquello de la compañía, vino conmigo  mi amigo el escritor Santiago Gil. La verdad es que en estos tiempos siempre surgen reparos cuando uno tiene que acercarse al hospital, pero la gente tiene otras dolencias que hay que vigilar y tratar.  La verdad es que estaba muy bien organizado, con el distanciamiento, las mascarillas, el gel hidroalcohólico, y los profesionales ponían un cuidado exquisito para que los pacientes se sintieran seguros. Cuando me tocó, entré solo, y Santiago se quedó acompañado de Baroja, metido en una novela de juventud de don Pío.

Al terminar, tuve que sacar a Santiago como de un sueño, pues estaba sumergido en Baroja. Echamos a andar y desayunamos en una cafetería cercana (desayuné yo, porque él lo había hecho horas antes y se limitó a un café). Cuento esto porque creo que hemos de retomar las consultas y los tratamientos, que ahora se vuelve todo muy engorroso, pero es necesario seguir velando por la salud. Hay un virus que lo ha puesto todo patas arriba, pero sigue habiendo otras enfermedades que necesitan vigilancia, tratamiento y cuidados, porque pudiera suceder que acabásemos con el virus y la salud en general se deteriorase en otros muchos campos por miedo a acudir a las consultas. Además, pasear media ciudad con Santiago Gil es muy agradable, y encima nos cruzamos con José Luis Correa, otro escritor amigo que iba a sus asuntos.