Egipto, ¿y ahora qué?
El tirano se ha ido de Egipto, mejor dicho, lo han echado. La cuestión es qué va a pasar ahora. Occidente estaba muy cómodo con las dictaduras en el mundo árabe, le barrían la trastienda y Egipto servía de dique en una paz muy precaria con Israel. Ahora se supone que viene la democracia, pero hay que ver qué entienden por democracia en otras sociedades donde la cultura y la religión son determinantes, mucho más que en el Occidente posterior a la Revolución Francesa. Los más optimistas piensan que puede abrirse una nueva vía en la que haya democracias parlamentarias, y en lugares como Arabia Saudí, Jordania y Marruecos una monarquía parlamentaria.
Eso es complicado porque llevan mucho tiempo diciéndole a un pueblo amedrentado que esa autoridad real procede directamente de Dios. Es decir, de alguna manera están en el mismo momento en que Occidente estaba en la Edad Media. Haya esperanza, porque tampoco era justo que la tranquilidad de Europa se sostuviera en las torturas, la persecución y el silencio sangrante de los países del Norte de Africa.
Lo que está sucediendo ahora no tiene precedentes. Túnez ha encendido la mecha y Egipto se ha convertido en el espejo en el que sin duda van a mirarse todos los países ribereños de Mediterráneo y más allá. La gran disculpa de los últimos años ha sido que había que detener el ascenso del fundamentalismo islámico. Ahora no sabemos qué va a pasar, porque, si se habla de «Revolución democrática», en unas elecciones libres los más organizados son precisamente los partidos islamistas. Claro que no podemos confundir un partido islamista con Al Qaeda, aunque la verdad es que democracia y teocracia casan muy mal, como se ha visto en Irán, después de la caída del Sha. En el río revuelto todos quieren pescar, pero lo cierto es que estamos ante unos momentos históricos. Hay quien dice que es ahora cuando comienza el postcolonialismo. Lo negativo de todo esto es que no veo a grandes políticos en el mundo que puedan manejar una situación de esta envergadura. Al final, los agentes que jugarán sus cartas serán Estados Unidos, Rusia y quien sabe si China, muy bien posicionada actualmente. La UE irá a remolque, como siempre, y heredará todos los daños de Estados Unidos y ninguno de su beneficios. Al tiempo.
El poderío de Alemania es tremendo, y su capacidad de recuperación admirable, como ha demostrado después de las dos guerras mundiales. Tan sólo necesitó una década para estar otra vez en el liderazgo. Comparada con la destrucción de 1945, esta crisis es un juguete para los alemanes. No sé si eso es bueno o malo, pero es así: ni Comisión Europea, ni Presidente de la UE, ni Banco Central Europeo, ni Parlamento de Estrasburgo, ni gaitas desinfladas. Merkel actúa por encima del bien y del mal. Europa capital: Berlín.