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Lecturas de verano

Cuando hablamos de lecturas de verano hay dos verientes: la primera es que nos llevamos a la playa libros ligeros, con escasa enjundia y que son solo un entretenimiento; es decir, para esta corriente un libro de verano es un texto con fecha de caducidad, bien porque trata temas muy puntuales, bien porque carece de profundidad y se queda en lo barrido. A este sector pertenecerían los libros de divulgación con poco fondo y las novelas olvidables pero que hacen pasar el tiempo.
zz67Foto0434.JPGLa otra versión de las lecturas de verano son los grandes tochos, que la gente guarda para cuando tiene más tiempo, y ahí puede entrar de todo, la única condición es que sea un libro voluminoso, que dure. Recuerdo que alguien me contaba que la enormidad de la obra de Proust la leyó durante varios veranos, y otra persona aprovechó una vacaciones para meterse entre pecho y espalda las tres novelas de Millenium. Por mi parte, no suelo hacer distinciones, pero sí que recuerdo una vacaciones en las que mi compañera de hamaca fue el Ulises de Joyce. Yo era entonces un veinteañero y los que iban de entendidos me comentaban que era un libro sublime, que alguien que tiene interés por la literatura (y más si la hace, yo empezaba entonces) tenía que conocer esa joya. Soy disciplinado y no me salté ni una página, pero no disfruté ni un renglón. No me gustó. Con el tiempo, volví sobre esa novela tan afamada y dicen que tan crucial, pensando que tal vez en la madurez la disfrutaría. Tampoco, me sigue pareciendo un ladrillo pretencioso. No me gusta pero la conozco página a página, y he pillado a más de uno en renuncios claros, cuando diserta sobre el libro y se nota a la legua que habla de oídas, porque ni siquiera por disciplina pudo con él. Seguramente es muy buen texto y abrió caminos, pero desde luego yo nunca lo recomiendo a alguien a quien quiero captar para la secta de los lectores.

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En la muerte de Esther Tusquets

zzetpic[3].jpgLa Gauche divine catalana tomó carta de naturaleza en los años sesenta del siglo pasado, cuando Carlos Barral capitaneaba a una serie de vástagos de la alta burguesía que se había vuelto rebelde contra su mayores, aunque finalmente siguieron su estela de dominadores de la sociedad catalana. Esther Tusquets forma parte de esta larga nómina, que como un designio desembocó en los diversos frentes políticos, sociales y económicos para hacer real el aserto de Lampedusa: cambiar algo para que todo siga igual.
En los años sesenta lo que cambiaron fueron las formas, y esto lo ha contado Esther Tusquets en uno de sus libros más celebrados y más castigados, El mismo mar de todos los veranos. Los niños de la alta burguesía se repartirían primero la clandestinidad y luego la democracia en todos los frentes (Solé Tura en el PCE, Maragall y Serra en el PSOE, Pujol en CIU), el caso es que, ganase quien ganase siempre gobernaban ellos, y así sigue siendo. Hace un siglo se repartieron hasta los equipos de fútbol, los laneros del Vallés crearon el Sabadell, los sederos de Sarriá el RCD Español y los algodoneros del Ensanche el Barça. Entre todos construyeron el gran modernismo catalán, el Palau de la Música o el Liceu.
zzpalaumusica[1].jpgEsther Tusquets cifraba en poco más de veinte las familias que llevan dos siglos controlando Cataluña. Ella pertenecía a una de ellas, y aunque díscola en las formas, finalmente encontró dinero familiar para fundar Editorial Lumen, y se hizo de oro cuando esta editorial compró a precio muy bajo los derechos de El nombre de La Rosa que nadie quería. Fue escritora comprometida con el feminismo y con la izquierda, buena prosista en castellano, como todos sus congéneres de clase y algunos que venían de abajo y que se sumaron al club, como Vázquez Montalbán y Terenci Moix.
Su papel como editora a menudo se relaciona con la editorial que lleva su apellido, pero no, esa es otra historia, porque Esther Tusquest es el alma y el motor de Lumen. Fue innovadora y se marcha cuando coge al sector en pleno cambio, cosa que en lugar de crearle problemas a ella la estimulaba. La digitalización de los libros pudo haber tenido en ella un adalid, pero se ha ido, y las letras catalanas en castellano y el pensamiento postmodernista catalán han perdido a una de sus grandes valedoras. Fue una gran mujer, una gran escritora y una osada editora. De esas ya casi no quedan. Descanse en paz.
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(Este trabajo fue publicado el martes 24 de julio en la edición impresa de Canarias7)

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Homenaje a García Lorca

En el Museo Poeta Domingo Rivero se celebró un recital dedicado a Federico García Lorca. Con el respaldo del propio Museo y la Fundación Nace, ha surgido una antología de poemas que poetas canarios dedicaron a García Lorca. El libro y el acto han sido coordinados por Javier Cabrera. Además de las los versos leídos, pudimos escuchar a Lorca en las voces de Enrique Morente y Leonard Cohen. Y es que Federico es el paradigma de la poesía y de la contradicción, pura alegría en la vida y un fondo oscuro (para él la muerte es verde) que debió funcionar como presagio. Para mi gusto (y es muy personal, como todos) conozco poetas tan grandes como Lorca, pero no más, porque llegó a la cima de la poesía.
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Como escribí en otra parte, esa noche terrible del barranco de Víznar, Doña Rosita, Antoñito el Camborio, las hijas de Bernarda Alba, todos, a Federico lo dejaron solo frente al «río de leones» del odio y la intolerancia. Pero anoche Federico no estaba solo, estaba rodeado de poetas.