Competencia desleal de la realidad
Me temo que está en entredicho el futuro empresarial de las editoriales que publican novelas policíacas, detectivescas, de espionaje o negras directamente (ahora les ha dado por llamarlas negras a todas en la que haya un crimen). El negocio de estas editoriales se basa en publicar libros cercanos con detectives perspicaces como el Eladio Monroy y el Ricardo Blanco de mis amigos Alexis Ravelo y Pepe Correa, traducir a los extranjeros, sea una sueca de éxito o un griego que cada vez tiene más peso, o bien reeditar a los clásicos del género (o los géneros,
porque ahora los meten todos en el mismo saco), desde los pata negra a los «aproximados» de toda la vida. Y es que publicar un libro que tenga éxito es una lotería, tiene que estar bien escrito, ser interesante, enganchar al lector, que encima siempre sabe que se trata de una ficción.
Pero, amigo, llega la realidad y arrasa, porque no necesita estilo, estructura o argumento. Abres el periódico y encuentras tramas mafiosas, puñaladas traperas entre los de la misma banda, agencias de detectives que realizan escuchas y seguimientos, exnovias y exesposas despechadas que delatan bolsas y maletas llenas de dinero, conspiraciones veladas o a plena luz, sospechosos con la justicia en los talones que se largan Canadá, dinero en paraísos fiscales, jueces justicieros que son inhabilitados, oscuros tipos poderosos y corruptos, políticos que les obedecen, expolicías metidos a investigadores cutres o sicarios, cantantes de fama, periodistas infiltrados, empresas interpuestas… Hay de todo, y lo que es más excitante, son personajes de carne y hueso y hechos reales, no invenciones de un tal Raymond Chandler o una tal Doris Lessing. Basta con leer los periódicos, porque incluso hay variantes de los asuntos según qué medios leas, y hasta se pueden seguir las tramas por la televisión y la radio, como Carrusel Deportivo («recibe Bárcenas, muy pegado a la derecha, le sale al paso el acalde de Sabadell, que ya tiene una tarjeta amarilla…»)
Si yo fuese un editor de novelas detectivescas estaría preocupado por la competencia desleal que hace la realidad.
Pero yo lo conocí antes en su vertiente poética, pues hice de editor de un bellísimo poemario que publicó en los primeros años 90 del siglo pasado. Luego ha dado a la imprenta trabajos ensayísticos y de vez en cuando se descuelga con un artículo sobre algún asunto cultural importante. Es decir, la creatividad de Elio Quiroga abarca distintos soportes y variados géneros, aunque la tendencia es a etiquetar a la gente para que sea una cosa y solo esa, aunque sepamos que Alberti fue un gran pintor, Lorca un músico muy comprometido con el rescate de la música popular, o Elia Kazan un excelente novelista. Que Elio Quiroga publicase una novela era solo cuestión de tiempo, porque si combinamos su capacidad narrativa y su dominio de la literatura, el resultado es siempre una novela. Y aunque parece curioso que escriba una novela de zombies (así se publicita El despertar en la portada), no lo es tanto cuando conocemos su trayectoria cinematográfica, que suele cruzar la línea de la realidad. Por lo tanto, tampoco es una sorpresa que Elio Quiroga, puesto a escribir narrativa, se haya inclinado por la novela de género, en este caso una historia en la que los muertos vivientes cohabitan de manera casi natural con lo vivos-vivos.