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Alexis Ravelo quiere saber

«Mamá yo quiero saber
de dónde son los cantantes…»
(Letra de una canción cubana de Miguel Matamoros).

A quienes hemos conocido toda la trayectoria literaria de Alexis Ravelo, no nos supone una sorpresa inaudita la publicación de La otra vida de Ned Blackbird. El parpadeo áureo de su nombre procede de su producción en lo que hoy se llama género negro, que engloba distintos matices que no viene al caso comentar. Ahora publica lo que los cursis exquisitos llamarían una novela literaria, como si las otras no lo fueran. No obstante, esta nueva novela de Ravelo tiene elementos inquietantes, porque, como diría ese mismo erudito pretencioso, capra tendit in silva (la cabra tira al monte, para entendernos). Es lógico que ese aire de intriga envuelva todo el texto; aunque Alexis ha refrenado su velocidad instintiva y ha dejado en el banquillo el vocabulario canalla de sus más que sospechosos habituales, siempre se respira el Ravelo; si a Edgar Allan se le despertaba el Poe hasta cuando escribía cartas a su prima-esposa Virginia, es palmario que cuando un escritor consigue su estilo este busca salida en cualquier circunstancia.
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Pedro Lezcano y lo que queda por soñar

«… ¡Hay tantos sueños a la luz del día,
en esta tierra que amansó la espuma,
que no ha soñado nadie todavía…!»
(Pedro Lezcano. Muriendo dos a dos, 1947).
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Como cada año, el 21 de febrero se celebra el Día de las Letras Canarias, que desgraciadamente suele pasar de puntillas, no sé si porque está en manos de políticos que generalmente consideran la cultura una «María» (y la literatura sería entonces una «Mariquilla»), o porque forma parte de la desidia general de Canarias en lo relativo a la memoria de quienes trataron de construir una sociedad fuerte, dinámica y culta, justo lo contrario de lo que interesa generalmente a todos los poderes, que el poder no reside solo en las instituciones y en los políticos.
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Se van dos fuentes del mito

harper eco.JPGQue desaparezca un escritor que marca una época y un estilo siempre es triste; que se vayan dos de un golpe es tremendo. Han muerto el mismo día Harper Lee y Umberto Eco. Como todo lo humano, sus figuras se irán desvaneciendo con el tiempo, pero no así las obras que dieron lugar a mitos del siglo en que vivieron. Siempre nos quedará la figura ejemplar de Atticus Finch, el protagonista de la novela Matar un ruiseñor, la gran y casi única obra de Harper Lee, y que identificamos con la cara de niño bueno pero a la vez de hombre insobornable que dio en la pantalla Gregory Peck. Continuar leyendo «Se van dos fuentes del mito»