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La bicicleta

imagenbike.JPGHay momento en los que nada parece importante, y la única razón por la que seguimos adelante es por la inercia del esfuerzo anterior. Supongo que es como ir en bicicleta, que unas veces pedaleamos con fuerza y otras paramos los pies sobre los pedales y nos dejamos ir porque no tenemos prisa para llegar a ninguna parte. A menudo es necesario dejar descansar las piernas y dejarse llevar por la inercia, siempre que la bicicleta no pierda tanta velocidad que acabe cayendo. Al final, lo único que importa es el viaje, porque en realidad vamos a ninguna parte, o a cualquier sitio. A veces, ni siquiera el camino importa, y lo que nos apetece es que nos dé la brisa en la cara y nos olvidamos del camino. Esta sensación nos agobia en ocasiones puntuales, y lo que realmente merece la pena no es la meta, ni el camino, ni la brisa en la cara, ni el pedaleo. Cada vez tengo más claro que lo importante es la bicicleta, sin la cual lo demás no tiene sentido. Digo yo que será el calor…

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Fundamentalismo (s)

Lo que está sucediendo en este país no es preocupante, es alarmante. Ya se ha instalado el fundamentalismo, o tal vez habría que hablar en plural. De repente, las fuerzas conservadoras (reaccionarias, mucho mejor) atacan en tromba. No voy a describir con detalle el panorama político, económico, social, laboral, cultural, educativo y de toda índole que se ha ido generando paso a paso en los últimos años. La precaria democracia que armamos hace 35 años se ha ido reduciendo, y encima vienen otros detrás acusando a las generaciones jóvenes de entonces de esa precariedad, como si ellos no fuesen beneficiarios de aquellas tiempos duros, y casi nos están diciendo a la cara que le democracia la están inventando ellos. Y así, entre unos y otros, todos los avances que habíamos ido arañando en más de tres décadas muy complicadas pero muy esperanzadoras se están yendo al traste. Sólo falta que, por decreto, se vuelva a instaurar el Santo Oficio, si es que de alguna forma no existe ya.
zzzz88888DSCN4070.JPGLa España federal que sería lo natural por el recorrido histórico de este país, está cada día más lejos, y con ello se radicalizan las posturas periféricas, lo que en lugar de desembocar en un Estado plural pero unitario puede acabar como el rosario de la aurora. Pero nadie hace política, España se ha convertido en un gran gabinete de prensa en el que cada cual trata de hacerse una imagen y ganar adeptos. Pero nadie dice con claridad qué es lo que va a hacer, y tampoco vislumbro un gesto de negociación, de diálogo, de hacer política. Neoliberales, ultraderecha nostágica y cavernícola, democristianos, independentistas, nacionalistas de ocasión, revolucionarios de libro, socialdemócratas desnortados, izquierdistas dispersos…Todo el mundo alega tener la razón absoluta, pero el caso es que se pierden en discusiones gigantescas sobre detalles nimios, y nadie entra en el magro del asunto. Así, las grandes corporaciones aprovechan el río revuelto y los 35 años de esa pobre democracia que ahora nos critican por el otro lado se van a pique porque los derechos desaparecen. Muchos sectores se están equivocando de enemigo, y se sienten más legitimados los que dicen la cancaburrada más grande. Eso se llama sinrazón, intolerancia, desvarío, intransigencia, disparate, o si quieren usar vocabulario mediático, fundamentalismo.

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El gurú y el fontanero

zzzz--cafe.JPGHay demasiados teóricos consagrados en disciplinas varias, como millones de seguidores que son supuestamente cultos y avanzados. Siguen subidos a la teoría, a los juegos de palabras y a los focos mediáticos, sus galardones se les amontonan, sus paredes están llenas de diplomas en varios idiomas y su prepotencia solo es comparable al entusiasmo con que los interesados aplauden y a la altura de la ola que hacen los papanatas para que no les digan antiguos. Estos teóricos de lo divino y lo humano nunca han movido un dedo para hacer algo que sea útil a los demás, pero se les tiene por grandes aportadores a la colectividad, de la que han vivido como marajás porque todos asumen que lo merecen.
Pero, ¡ay! estos grurús están cabreados porque no concitan unanimidad, y no entienden cómo es posible que el universo entero no se rinda ante su deslumbrante sabiduría. La razón es tan obvia que a veces no se percibe entre tanta luminaria: y es que un superteórico que predica sobre los ingenieros de caminos, canales y puertos puede engañar a universidades, institutos y comités especializados, pero nunca podrá engañar a un carretero viajado, a un buen fontanero o a un viejo pescador. Lo siento.