Carisma
En política, hay quien tiene liderazgo político y quien, además, tiene liderazgo social, que indebidamente llaman carisma. Si repasamos los años de democracia veremos que el carisma no es una panacea, pues no le sirvió a Fraga para llegar a La Moncloa ni a Suárez para mantenerse. Por el contrario, políticos supuestamente sin liderazgo social, han alcanzado y renovado el poder, como Chaves en Andalucía o Hermoso en Canarias. Aznar llegó al poder pero la gente lo vio siempre como el líder del PP, no de la sociedad española, y lo mismo ha sucedido con Zapatero. Por eso es muy osado hablar de líderes carismáticos en plan Kennedy. En la actualidad, y aprovechando la Huelga General, hay líderes locales que tratan de proyectarse a escala nacional. No creo descubrir nada nuevo al decir que Esperanza Aguirre trata de sacar tajada del río revuelto, porque es su nombre el que se ve en los medios y no el de Rajoy. Aquí podríamos decir aquello de que el carisma es para quien se lo trabaja. De todas formas, Dios nos libre de líderes carismáticos, que ya hemos visto demasiados en el siglo que acabamos de cerrar, porque el problema no es que los demás crean en ellos, sino que ellos acaban creyéndose seres únicos e insustituibles.
Creo que el fútbol está sobredimensionado, y en eso tienen mucha incidencia los medios de comunicación, porque ya es norma que los telediarios abran con una noticia futbolística que no tiene más alcance que un resultado más de un partido.