A pescar en río revuelto
Lo que está sucediendo en la isla de El Hierro a causa de la erupcción volcánica y todo lo que eso implica está dejando claro que el ser humano tiene una capacidad tremenda para aprovecharse de todo. A los noticiarios de televisión solo les falta emitir los telediarios desde La Restinga, y si no lo hacen es porque no los dejan. Luego están los que tratan de llevar el agua a su molino, dando por sentada una de las varias teorías que hay sobre el origen de Canarias y dejando claro que este volcán es la ratificación de una de ellas, la suya, por supuesto. Otros toman el asunto como si se tratase de un festival, cuando en realidad se ignora qué puede pasar, y si alguien tiene datos se explica muy mal, porque en dos días he escuchado una cosa y la contraria de boca de supuestos especialistas. No me extraña que los herreños estén intranquilos, y es que supongo que no saben muy bien a quién creer. Y en esta especie de fiesta mediática, no veo que se valore en su justa medida el terrible momento que están pasando cientos de personas, fuera de sus hogares y sin saber si de un momento a otro el volcán pueda hacer desaparecer lo que tanto trabajo les ha costado levantar. Al ver a los herreños abandonar sus casas, pienso en los animales que quedan atrás; ¿dónde van a comer y a beber agua? ¿también están siendo evacuados? El colmo es que, con razón, un profesor universitario se queja de que la ausencia de un barco especializado en la zona está haciendo que se pierdan muchísimos datos científicos que serían de gran ayuda para ahora y para el futuro. La cuestión es que el barco existe en España, y la pregunta es por qué no está en aguas herreñas desde hace tiempo, al menos desde que se vio la inminencia de una erupción. Por muy espectacular que sea un volcán, lo importante es la gente, su seguridad y sus esperanzas. A veces me pregunto si nuestros dirigentes tienen una remota idea de lo que significa una fuerza de la naturaleza cuya evolución se desconoce.
(cuyo mantenimiento pagamos todos) o llegan a un acto benéfico (qué hipocresía) en un Rolls-Royce plateado cuyo fulgor ciega. Luego, quienes tienen el estómago caliente, la bolsa llena y las espaldas cubiertas, se permiten el lujo de pedir ajustes y machangadas por el estilo. La última moda es que vacas sagradas del periodismo culpen de la crisis a los funcionarios, unos claramente y tirándose al cuello (Martín Ferrán), otros de una manera tangencial pero igualmente dañina (Ansón). No sé qué se hizo de la famosa ley de incompatibilidades, pues hay quien cobra tres salarios oficiales, y desde esa tarima de billetes clama por la moderación salarial. Ya ni se esconden, y lo triste es que muchas de estas personas son aclamadas por la gente que no llega ni al día 20 de mes. Es como cuando las hambrientas masas argentinas vitoreaban a Eva Duarte (Evita), asomada a un balcón oficial, vestida y enjoyada como un árbol de Navidad. Y encima en los medios audiovisuales y escritos muestran lujosas casas, fiestas a todo trapo fotografiadas y críticas a las mujeres conocidas que repiten vestido (eso sería para aplaudir). Me pregunto cuánto habrán costado las recientes y multitudinarias conferencias de los grandes partidos. Si el dinero es público, no lo entiendo, y si es privado, la pregunta es por qué.
Aparte del sábado, que debe su nombre a la religión judía, y el domingo, a la cristiana, los otros cinco días reciben nombre de astros: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus, con sus respectivas deidades romanas, por lo que el martes es un día guerrero, el miércoles el de las buenas noticias y el viernes el del amor y la sensualidad. No recuerdo personalmente martes violentos ni viernes en que ligara más que otros días (cero por cero, cero), aunque sí es posible que algún miércoles me diesen alguna buena nueva. El jueves es el día de Júpiter, el más poderoso de los dioses romanos, pero últimamente parece que se relaciona con los peligros del espacio sideral. El jueves pasado se nos podía caer encima un satélite artificial y para hoy nos anuncian unas llamaradas solares que pueden bloquear el magnetismo de nuestra atmósfera (satélites de comunicaciones, por ejemplo) y supongo que los dermatólogos recomendarán exponerse lo menos posible al Sol y llevar gafas oscuras.